El sitio de Lima.

La rebelión inca, dirigida por el mismo Manco Inca, amenazaba con expulsar definitivamente a los españoles del territorio del Tahuantinsuyo. Sin embargo, las estrategias empleadas por los conquistadores y, sobre todo, la sólida red de alianzas que forjaron con otros pueblos indígenas hicieron que golpes que pudieron haber sido decisivos, como el ataque a Cuzco, terminaran en fracaso. Gracias a ello, lograron conservar esta ciudad, símbolo de la política andina.

A pesar de esto, los incas no cesaron en su empeño por expulsar a los invasores y continuaron llevando a cabo una campaña de ataques furtivos. Estos ataques se dirigían tanto contra los españoles dispersos como contra los indígenas que habían sido cristianizados. Además, comenzaron a incorporar la tecnología europea que incautaban en sus incursiones para usarla contra los conquistadores. Con esto en mente, su siguiente objetivo estratégico fue la toma de la nueva capital hispana, Lima.

Anticipándose a lo que se avecinaba, Francisco Pizarro organizó la defensa de la ciudad. Administró los escasos recursos disponibles en las cajas reales y recurrió a donaciones provenientes de otros territorios coloniales, como la Nueva España y Guatemala. Asimismo, mantuvo una estrecha vigilancia sobre las tropas rebeldes, que llegaron a contar con una fuerza de 50,000 hombres liderados por Quisu Yupanqui.

Para agosto de 1536, Pizarro envió a Pedro de Lerma para iniciar los primeros ataques contra las tropas de Yupanqui mediante escaramuzas. Estos fueron respondidos con el envío de escuadrones incaicos que actuaron sin desarrollar una estrategia significativa. En todas estas acciones, quienes llevaron gran parte de la carga de los ataques españoles fueron los aliados cañaríes de Quito, quienes no solo lideraron las iniciativas ofensivas, sino que también conformaron el grueso de las tropas.

Aunque Pizarro se dedicó a capturar prisioneros para torturarlos e intentar descubrir los planes de los incas, lo cierto es que no sabía cómo plantear la defensa de la ciudad. Los rebeldes ocupaban las cimas de los cerros que rodeaban Lima, y una de las opciones más riesgosas era dirigir un ataque cuesta arriba con la caballería, lo que implicaba graves desventajas tácticas frente a la posición favorable de los incas.

Al quinto día del sitio, Pizarro decidió lanzar un ataque. Antes de hacerlo, ordenó construir parapetos de madera para protegerse de los ataques de los honderos. Sin embargo, la experiencia militar de los incas hizo que estas medidas fueran ineficaces. Este fracaso motivó a Yupanqui a lanzar un ataque directo contra la ciudad, alentado por las noticias de la llegada de refuerzos indígenas. Con esto, los rebeldes lograron avanzar hacia los arrabales de Lima.

Esta decisión de lanzarse sobre la ciudad resultó desastrosa para los incas. Al atacar un terreno urbano, cedieron la ventaja a los defensores, quienes contaban con el respaldo de la caballería. Como resultado, los atacantes fueron rechazados, y se logró la muerte de una cuarentena de mandos rebeldes, incluido el propio Quisu Yupanqui, lo que provocó la desbandada de las tropas.

Con una gran baja de fuerzas y la pérdida de importantes líderes en la batalla, los incas comenzaron a retirarse gradualmente de los alrededores de Lima. El sitio solo duró ocho días, durante los cuales buena parte de las defensas hispanas estuvieron integradas por contingentes de aliados cañaríes, huaylas, huancas y otros pueblos que acudieron al llamado de Pizarro.

Con el paso de los días, comenzaron a llegar a Lima refuerzos provenientes de expediciones realizadas en otros territorios. Alonso de Alvarado regresó de Chachapoyas, incorporando una fuerza de 30 caballos y 50 infantes. También llegó Gonzalo de Olmos desde Quito con un contingente de 150 hispanos. Estas fuerzas se organizaron para lanzar una expedición destinada a recuperar la provincia de Jauja y reforzar la defensa de Cuzco.

Para la expedición de reconquista, Pizarro puso a Alonso de Alvarado al mando de las fuerzas que habían logrado congregar de otros territorios, así como de voluntarios hispanos atraídos por la promesa de obtener riquezas en las campañas. Además, se vio favorecido por las donaciones destinadas a costear la defensa, provenientes de Panamá, Nicaragua, La Española e incluso de Hernán Cortés, quien envió armas y municiones.

De esta forma, lograron reunir una fuerza de 400 españoles, 200 “negros ladinos”, 300 caballos y un importante contingente de aliados indígenas. Con estas tropas, Alvarado inició una campaña en la que destrozaron a los escuadrones incaicos que encontraron en su camino. Además, capturaron prisioneros a quienes torturaron para obtener información sobre la situación de la región, lo que les permitió someter Jauja en poco tiempo.

Mientras tanto, en Cuzco, los hermanos Pizarro se encontraban angustiados por la falta prolongada de noticias desde Lima. Por ello, mantuvieron guardias constantes en los alrededores de la ciudad y realizaron incursiones para recolectar alimentos. Además, castigaron severamente a los pueblos que habían apoyado a los rebeldes, llevando a cabo campañas de terror en las que a los prisioneros se les amputaba una mano como advertencia.

Aquí tienes el texto corregido y dividido en párrafos para mayor claridad:

Si bien la situación empezaba a consolidar la posición de los españoles, surgió entre ellos un creciente temor por el uso cada vez más frecuente de armas de fuego y caballos por parte de los incas en algunas incursiones. Además, algunos mandos españoles reportaron que las tropas incaicas comenzaban a incorporar tácticas similares a las usadas por los europeos en sus ataques.

Mientras los incas reunían recursos militares a través de sus incursiones, los españoles empezaban a enfrentar una preocupante escasez de pólvora. Esto los llevó a aumentar el uso de ballesteros en la defensa, reforzándolos con contingentes de piqueros y rodeleros para contrarrestar posibles contraataques.

Los españoles seguían una estrategia clara: no evitar el combate, aprovechar las ventajas de su tecnología para compensar su inferioridad numérica y causar el mayor número posible de bajas entre las fuerzas enemigas. Este enfoque buscaba disminuir la moral de los indígenas, impedir que se envalentonaran y evitar que reunieran grandes contingentes que pudieran darles una ventaja numérica significativa.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Antonio Espino Flores. Plata y sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú.

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Imagen: Guaman Poma de Ayala, del libro Primer nueva crónica y buen gobierno, 1615.

Izquierda: La ciudad de los reyes de Lima.

Derecha: Conquista. Capital Luis Avalos de Ayala mató al capitan Quizo Yupanqui.

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