El renacer de Rebeca Cap. 45 Un encuentro aterrador 

Minutos después….

Después del encuentro accidentado con Iván, la conserje continuó con la limpieza del edificio, esta vez se encontraba en el pasillo donde estaba el apartamento de Rebeca y Sandra.

Todos en el edificio sabían que Iván vivía con Sandra desde hacía meses, aunque esa noticia aún no había llegado a oídos de Rebeca, quien estaba concentrada en su nueva vida y no había vuelto a hablar con Sandra, a pesar de que esta seguía trabajando en la clínica.

La conserje se extrañó al ver la puerta abierta, ya que Sandra trabajaba prácticamente todo el día y el único que permanecía en el apartamento era Iván. Sin embargo, como lo había visto salir apresurado, pensó que tal vez había dejado la puerta abierta por descuido.

Se acercó y miró a su alrededor, percatándose del desorden en la sala. Su atención fue atraída por un celular tirado en el suelo, totalmente destrozado. Se imaginó que tal vez habían tenido una discusión. Iván ya era conocido en el edificio por los conflictos que había tenido durante su matrimonio con Rebeca, y con Sandra no parecía ser la excepción.

Decidida, la conserje entró mientras llamaba:

— ¡Señora Sandra! ¿Está en el apartamento?

Siguió llamándola sin darse cuenta de que Sandra yacía muerta en el suelo, cerca de la cocina. Cuando miró hacia el lado derecho, pegó un grito desgarrador al verla sin señales de vida y con el cuello marcado. Comenzó a gritar despavorida y salió del apartamento pidiendo ayuda por el pasillo, tratando de alertar a los vecinos.

— ¡Ayuda! ¡Por favor! La señora Sandra está muerta. ¡Auxilio, auxilio!

Algunos vecinos salieron al escuchar los gritos de terror de la conserje. La conmoción fue palpable al ver el cuerpo de Sandra en el suelo, totalmente golpeado. La conserje, en medio de una crisis nerviosa, solo repetía:

— La mató el señor Iván, la mató el señor Iván. Estoy segura de eso, porque él salió corriendo como si escapara de algo. Además, hace poco se escuchaban unos gritos, solo que no me imaginé que se trataba del a señora Sandra. ¡Dios mío pobrecita!

Para Iván, todo estaba perdido; ya no había nada que hacer. Ahora solo faltaba que la policía lo encontrara para que pagara por el crimen que había cometido.

Horas después….

Iván caminaba por la calle sin rumbo fijo, estaba muy nervioso y no coordinaba bien lo que iba a hacer. A cada momento le venía a la mente el cuerpo de Sandra sin vida, lo que hacía que su desesperación aumentara cada vez más.

No estaba dispuesto a ir a la cárcel, no tenía dinero, ni un lugar seguro a donde ir, así que la única alternativa que le quedaba, era el Bar.

— ¿Qué haces aquí, Iván? —le preguntó Casimiro, el dueño del bar.

— Tengo un problema bastante grave y necesito que, por favor, me ayudes —respondió Iván, visiblemente ansioso.

— ¿Pero qué te pasa ahora, Iván? Cada vez que te metes en problemas, vienes a buscarme. Y déjame decirte que la última vez que estuviste aquí dejaste una deuda bastante grande que aún tengo guardada. Así que, si vienes a buscar licor, no estoy dispuesto a darte ni siquiera un vaso de agua hasta que pagues lo que me debes.

— Casimiro, no vine a buscar licor, solo necesito que me prestes tu ayuda por unos días.

— No quiero más problemas contigo, Iván. Cada vez que vienes, solo llenas mi vida de conflictos, y no deseo más líos relacionados con tu vida.

— Te lo pido, por favor. Necesito quedarme en el bar solo unos días. No tengo a dónde ir. Estoy dispuesto a trabajar en cualquier cosa; solo necesito un lugar donde quedarme y algo de comida.

— ¿Trabajar? ¿En serio quieres trabajar? No me hagas reír. A ti jamás te ha gustado trabajar. En todo el tiempo que estuviste aquí en el bar, lo único que hiciste fue consumir todas las botellas de licor. Tienes una gran deuda conmigo y no pretendo que la aumentes más. Así que ve a buscar ayuda en otro lugar.

— Por favor, Casimiro, te lo pido de rodillas. Necesito que me ayudes.

Iván se arrodilló para sorpresa de Casimiro, quien en ese momento comprendió la magnitud del problema en el que se había metido Iván, aunque no sabía exactamente de qué se trataba.

— Vaya, vaya, vaya. Por lo que veo, el problema es más grave de lo que imaginaba. ¿En qué te has metido ahora, Iván?

Iván estaba muy nervioso y no estaba seguro de si era conveniente decirle la verdad a Casimiro. A pesar de que eran amigos desde hace muchos años, no podía arriesgarse a que lo delatara.

Así que, por el momento, solo se le ocurrió decir:

— No se trata de nada de lo que estás pensando, Sandra me corrió de su apartamento y no tengo a donde ir.

—¿Sandra? ¿Te refieres a Sandra la amiga de Rebeca? —le dijo sorprendido.

—Sí, así es.

—No me digas que ahora te metiste con la amiga de tu esposa, eso es el colmo del cinismo Iván.

—Casimiro, es una historia muy larga que después te contaré con detalles, solo necesito que me brindes tu apoyo en este momento, por favor te lo pido.

Casimiro imaginando que los conflictos de Iván se trataban de faldas, decidió prestarle su ayuda. Como tenía tiempo que no veía a Iván, no estaba al tanto de lo que había pasado con Rebeca y mucho menos de su transformación.

— Está bien, Iván, ya me imagino porqué quieres esconderte, si Rebeca se entera que ahora estás con su amiga, es capaz de matarte. Lo haré solo esta vez, con la condición de que me pagues con trabajo hasta el último centavo que me debes. Te advierto que no vas a beber de gratis a menos que pagues lo que consumas. ¿Estamos de acuerdo?

— Sí, está bien, como tú digas, Casimiro. Pero, por favor, no le cuentes a nadie que me estoy quedando aquí en tu bar.

— De acuerdo, Iván. Solo espero que no estés metido en algo más grave, porque no dudaré en llevarte directo a la policía. Puedes usar el cuarto de depósito que está en la parte de atrás del bar, solo tienes que limpiarlo, porque está hecho un basurero. Y otra cosa, el empleo que puedo darte es como mesero, porque no voy a tenerte de niño bonito en mi bar.

— Está bien, Casimiro, como tú digas. Pero solo te pido que me des otro puesto en el que no esté expuesto a que la gente me vea. No me importaría trabajar en la cocina, pero necesito la seguridad de que nadie me encuentre aquí.

— Perfecto, como quieras. Entonces te encargarás de la limpieza del bar y de sacar la basura todas las noches. Lo siento, pero no puedo ofrecerte otra cosa mejor. ¿Lo tomas o lo dejas?

Iván se sintió realmente impotente. La vida lo estaba obligando a hacer algo que jamás había hecho dignamente: trabajar. No le quedaba otra alternativa que aceptar lo que Casimiro le ofrecía, ya que no tenía otro lugar donde esconderse. Tenía que permanecer allí hasta estar completamente seguro de que la policía perdiera su pista.

(…)

Mientras todo esto pasaba, Rebeca y Diego, habían llegado a la casa de Betty, ella estaba ansiosa por saber qué era eso tan importante que tenía que decirle.

——

 

Respuestas