El renacer de Rebeca Cap 43 El desalojo

Un mes después…

—¿Y ahora a qué ha venido, doctor Mijares? —preguntó Iván al abogado que Diego Armando había contratado para representar legalmente a Rebeca.

—Señor Iván, en vista de que se ha vencido el plazo para desalojar el apartamento que pertenece a la señora Rebeca, el tribunal ha decidido proceder de inmediato con su desalojo. Traigo una orden firmada por el juez, y le exijo que salga de la propiedad en este preciso momento.

Iván no podía creer lo que estaba sucediendo. Se había confiado, pensando que tal vez Rebeca lo dejaría vivir en el apartamento hasta que él pudiera resolver su situación económica. Estaba acostumbrado a que Rebeca le solucionara todos sus problemas financieros y no creyó que ella se atreviera a sacarlo de esa forma tan arbitraria.

—Pero esto no puede ser posible. Rebeca no sería capaz de hacerme esto. Debo llamarla inmediatamente para que le diga que usted no puede sacarme de esta manera. —dijo tomando su celular. —Entienda, abogado Mijares, no tengo a dónde ir. ¿Qué pretende? ¿Que me quede a dormir en la calle? Estoy completamente seguro de que Rebeca no permitirá que me hagan esto.

—Mire, señor Iván, no haga las cosas más difíciles de lo que ya son. Tengo una orden del tribunal que debo ejecutar, desalojándolo inmediatamente del apartamento con todas sus pertenencias, excepto aquellas que son propiedad de la señora Rebeca. Así que, si me permite, debemos comenzar con el desalojo de inmediato.

—¡No se lo voy a permitir! Al menos permítame llamar a Rebeca para que sea ella misma quien le diga que no puede desalojar al padre de su hija de esta forma.

—Está bien, señor Iván. Le daré dos minutos para que llame a la señora Rebeca y sea ella quien decida qué se hará. De lo contrario, usted debe desalojar este inmueble de inmediato, sin ningún tipo de contemplaciones.

Eran las 10 de la mañana y, como siempre, Iván se encontraba durmiendo cuando llegó el abogado acompañado del tribunal. Solo llevaba puestos unos calzoncillos y estaba descalzo, ya que lo había despertado el timbre de la puerta.

Inmediatamente tomó su celular y marcó el número de Rebeca a toda prisa. Tenía la completa seguridad de que ella no lo permitiría, no terminaba de entender que de la mujer que el maltrató por tantos años, no quedaba ni las huellas.

—Rebeca, ¡qué bueno que te encuentro! Necesito decirte algo urgente.

Rebeca ya se imaginaba el motivo de la llamada de Iván; el abogado le había advertido que el tiempo de espera se había agotado y, por lo tanto, el tribunal iba a desalojar a Iván de la propiedad.

—¿Qué pasó, Iván? ¿Para qué me estás llamando?

—No te imaginas lo que me está pasando en este momento. El abogado que contrató tu querido doctorcito acaba de llegar con dos policías, con la intención de desalojarme del apartamento. Te llamo para que le digas a este inepto que no puede sacarme de aquí de forma tan violenta. No tengo a dónde ir, tú sabes que no tengo un techo propio, y sé que tú no me dejarías en la calle, ¿verdad?

Rebeca suspiró antes de responderle, porque para ella no era fácil tomar una decisión así.

—Mira, Iván, lamento mucho que estés pasando por esta situación, pero lamentablemente tienes que abandonar el apartamento, porque voy a venderlo y necesito tenerlo desocupado lo más pronto posible.

—¿Cómo? ¿Qué carajos me estás diciendo? No puedes sacarme de este apartamento. Aquí vivimos durante muchos años con nuestra hija Ivanita. ¿Qué pensaría nuestra hija, desde el cielo, si supiera que estás sacando a su padre a la calle?

—¡Ya basta, Iván! No te voy a permitir que manipules mis sentimientos usando la memoria de nuestra hija. Sabes perfectamente que nunca te ocupaste de ella y que jamás pensaste en tu futuro. Lo que hagas de ahora en adelante con tu vida no es mi problema; lo único que quiero es que te largues de mi apartamento inmediatamente. ¿Te quedó claro?

Iván no podía creer lo que Rebeca le estaba diciendo. Sintió que el mundo se le partía en dos. Definitivamente no podía hacer nada para impedir que el tribunal lo sacara del apartamento; estaba literalmente en la calle.

El abogado Mijares, al ver que Iván colgó la llamada con Rebeca, se acercó a él y le preguntó:

—¿Y bien, señor Iván? ¿Ya corroboró la información con la señora Rebeca? ¿Podemos entonces comenzar con el desalojo? ¿O tiene alguna otra duda al respecto?

—No me pueden sacar de aquí porque sencillamente no me da la gana. Tendrán que pasar por encima de mi cadáver para que puedan desalojarme de mi casa. Porque, aunque a Rebeca le cueste aceptarlo, esta también es mi casa.

—Muy bien, señor Iván, entonces se hará de acuerdo a la ley. Por favor, señores agentes, pueden comenzar en este momento con el desalojo.

Iván se quedó parado en medio de la sala, tratando de evitar ser desalojado del apartamento. Pensaba que podía impedir que sacaran todas sus cosas quedándose allí, medio desnudo. Pero, para su sorpresa, los dos agentes de policía lo tomaron por los brazos y lo sacaron del apartamento a la fuerza, mientras él gritaba improperios.

Al negarse a ser desalojado, no le permitieron el acceso nuevamente al apartamento y se quedó en medio del pasillo, solo en calzoncillos, viendo cómo sacaban sus pertenencias a la calle. Fue un momento realmente humillante para él, porque jamás pensó que Rebeca tendría el valor de tomar una decisión tan drástica.

Por supuesto, el escándalo se escuchó en todo el edificio, lo que hizo que algunos vecinos salieran, curiosos por saber qué estaba pasando. Entre ellos se encontraba Sandra, quien vivía justo al lado del apartamento de Rebeca.

Cuando abrió la puerta y salió al pasillo, se sorprendió al ver a Iván en calzoncillos mientras los policías sacaban todas sus pertenencias y las arrojaban a la calle. Sandra se acercó y le preguntó, impresionada, ya que no estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo:

—¿Pero por qué te están sacando del apartamento? ¿Qué fue lo que pasó?

—La malagradecida de Rebeca me está desalojando porque el tribunal decidió que no tengo derecho a reclamar la mitad de la propiedad, ya que es un bien adquirido antes del matrimonio. Y la condenada va a vender el apartamento y me saca a la calle como si fuera un perro.

—Caramba, no lo puedo creer. Definitivamente, Rebeca se ha transformado en otra mujer y decidió llevarse a todos por delante. Se ha convertido en una mujer completamente diferente a la que conocía, y más ahora que piensa casarse con Diego Armando.

—¿Se va a casar con el medicucho? Esa desgraciada me las va a pagar. No voy a permitir que se burle de mí de esta forma. Es una malagradecida; tantos años que tuve que aguantar estar casado con ella y me paga así.

—Ay, Iván, por favor. Me vas a disculpar, pero aunque Rebeca y yo ya no somos amigas, reconozco que te portaste como un verdadero patán con ella y con tu hija también. En el fondo, creo que lo que te está pasando realmente te lo mereces. Te portaste mal con ella, la humillaste y la trataste como un objeto. ¿Qué esperabas? Ella solo se está vengando de ti y te está cobrando todo el daño que le hiciste.

—Sandra, pero no tengo a dónde ir. Estoy prácticamente en la calle. Por favor, ayúdame. Ni siquiera pude vestirme; me han sacado en calzoncillos y todas mis pertenencias están en la calle.

—¿Pero por qué no buscas a la tal Betty, con la que estabas viviendo hasta hace poco?

—Porque Rebeca también le lavó el cerebro a esa estúpida de Betty. Ni siquiera la he podido volver a ver, y el apartamento donde vivíamos lo entregó. Hasta donde sé, está viviendo en casa de sus padres. Ni loco me metería a vivir allí con esos vejestorios. ¿Te das cuenta de que no tengo a dónde ir? Por favor, Sandra, me conoces de toda la vida. Jamás te he pedido nada, y sé que siempre has estado de parte de Rebeca, pero ya ves que es una malagradecida y a ti también te pagó mal todo el bien que le hiciste. Te lo pido, déjame quedarme en tu apartamento solo por unos días hasta que resuelva mi situación y encuentre a dónde vivir.

—Iván, por favor, estás completamente desquiciado si piensas que te voy a dejar vivir en mi apartamento. Además, ni siquiera tienes un trabajo. ¿Cómo vas a hacer para pagarme el tiempo que te deje viviendo allí?

Iván, en medio de su desesperación por resolver su precaria situación, agarró a Sandra por la cintura y la besó inesperadamente, dejándola totalmente impresionada. Nunca se imaginó que él tendría esa reacción. La besó de una forma tan intensa que no le dio tiempo a reaccionar. Era la táctica que usaba con todas las mujeres: las envolvía poco a poco en sus garras, haciéndolas sentir deseadas, para luego comenzar a usarlas a su antojo.

Sandra trataba de soltarse, pero él la aprisionaba contra su cuerpo semidesnudo. Finalmente, logró soltarse y le dijo molesta:

—¿Te has vuelto loco? ¿Por qué me has besado a la fuerza? Definitivamente estás demente, Iván. No voy a permitir que te burles de mí así.

Sandra no pudo terminar de hablar porque, en ese momento, Iván la volvió a tomar a la fuerza y la besó apasionadamente. Esta vez, ella no pudo resistirse y correspondió al beso, sintiéndose completamente estremecida.

Luego, Iván la soltó y le dijo mirándola a los ojos:

—¿Te das cuenta de que sí puedo pagarte los días que me dejes vivir en tu apartamento?

Para Sandra, fue una sensación totalmente diferente sentir que un hombre la tratara de esa forma tan dominante. Definitivamente, esa era la manera en que Iván y hombres como él, “perversos narcisistas”, hacían que las mujeres estuvieran a sus pies. Por primera vez, Sandra sintió una atracción hacia Iván por la forma en que la estaba tratando.

—Está bien, Iván, puedes quedarte en mi apartamento, pero solo bajo una condición.

—Está bien, Sandra, pídeme lo que quieras y lo cumpliré, te lo prometo.

—Te quedarás solo por una semana. Así que tienes que buscar trabajo inmediatamente para que puedas mudarte a otro lugar lejos de aquí. ¿Te quedó claro?

—Está bien, te prometo que solo será una semana. Pero mientras tanto, también podemos divertirnos, ¿no te parece?

Sandra respiró profundo y luego le contestó:

—Eso lo voy a pensar muy bien. Ahora vamos a buscar tus cosas para acomodarlas en el apartamento.

La había hecho sentir una emoción que hacía tiempo no experimentaba. Ella era una mujer que vivía sola y tenía una vida tranquila, trabajando en la clínica de Diego Armando desde que le pidió ayuda para Rebeca. Gracias a su buen sueldo, podía cubrir todas sus necesidades sin esfuerzo.

Sin embargo, sentía un vacío en su vida, especialmente al enterarse de la relación entre Rebeca y Diego Armando. Aceptar a Iván en su apartamento era, para ella, una forma de vengarse de Rebeca, impidiendo lo que ella realmente pretendía: dejar a Iván en la calle. Pero no se daba cuenta del error que estaba cometiendo, ya que esa decisión, que creía que afectaría a Rebeca, podría revertirse en su contra.

(…)

 

Respuestas