El renacer de Rebeca Cap. 42 Compromisos y dudas 

Los días pasaban y la relación entre Rebeca y Diego parecía encajar a la perfección. Ella se sentía plena, incapaz de creer que finalmente había alcanzado la felicidad que tanto había deseado.

Aquel día en la clínica, Diego convocó una reunión extraordinaria con todo el personal médico y administrativo; tenía información crucial que, sin duda, cambiaría su vida y la de Rebeca.

Sandra continuaba trabajando en el área de rehabilitación de pacientes, ya que no había encontrado otro empleo que le ofreciera el buen salario que ganaba allí. A pesar de las tensiones entre Diego y ella, él decidió mantenerla en su puesto, consciente de cuánto necesitaba su trabajo y sin querer perjudicarla. Además, Sandra realizaba su labor de manera eficiente y profesional, lo que justificaba su salario.

Sin embargo, la relación entre Rebeca y Sandra se había deteriorado por completo. Rebeca optó por alejarse de la clínica, dedicándose a sus estudios y a su relación con Diego. A pesar de que él le brindaba todo, ella sentía la necesidad de volver al trabajo; necesitaba sentirse útil.

Diego llegó a la clínica acompañado de Rebeca, lo que sorprendió a todos, especialmente a Sandra, quien no la había visto en semanas. Todo el personal estaba reunido en la sala de conferencias cuando, de repente, la puerta se abrió y Diego entró del brazo de Rebeca, quien lucía más hermosa que nunca. Con el tiempo, había aprendido a arreglarse con elegancia y, gracias a los ejercicios que practicaba en casa, había logrado estilizar su figura.

Todos en la sala la miraron, murmurando asombrados por su notable transformación. Sin embargo, Sandra no podía apartar la vista de ella; la envidia la consumía:

“Debería ser yo quien esté al lado de Diego, no esa estúpida de Rebeca. Vamos a ver cuánto le dura esa sonrisa ridícula de felicidad. Es una mustia”, pensaba mientras apretaba los puños, incapaz de soportar su felicidad.

Diego subió al podio y comenzó a hablar:

— Les agradezco enormemente por haber acudido a este llamado, ya que tengo una noticia muy importante que compartir con ustedes.

Todos prestaron atención, pues no era común que Diego convocara reuniones a menos que fuera algo urgente. Entre los presentes se encontraba María, la jefa de enfermería, quien, al igual que Sandra, no soportaba la presencia de Rebeca y se alegraba de que ya no trabajara allí. Con tantos años en la clínica, María se sentía con autoridad para manejar al personal a su antojo, acostumbrada a que Diego siempre apoyaba sus decisiones.

“¿Y qué hace la mosquita muerta de Rebeca aquí? Aunque se vista con ropa de marca, nunca dejará de ser una pobre tonta”, pensaba, clavando la mirada en ella.

Diego continuó:

— Quiero anunciar algunos cambios que entrarán en vigor a partir de este momento. Como muchos de ustedes saben, pronto contraeré matrimonio con Rebeca. Por esta razón, he decidido implementar algunos cambios que considero importantes y que deseo que conozcan de inmediato.

Los murmullos recorrieron la sala; todos estaban ansiosos por conocer a qué cambios se refería.

— A lo largo de los años, he liderado esta clínica, pero con el tiempo ha crecido considerablemente. He tenido que delegar responsabilidades a personas de confianza para asegurar que la clínica continúe prosperando en beneficio de todos. Por ello, hoy quiero presentarles a la nueva copropietaria de la clínica, mi socia y futura esposa, la señora Rebeca Bencomo.

La noticia dejó a todos atónitos, especialmente a Rebeca, quien no esperaba una decisión tan trascendental de Diego. Se llevó las manos a la cara, impresionada y sin saber qué decir; la reunión había sido una verdadera sorpresa para ella.

A pesar de que la noticia no fue bien recibida por todos, especialmente por María y Sandra, la mayoría de los empleados comenzaron a aplaudir, llenándolos de buenas vibras y felicitaciones. Diego, después de esperar a que cesaran los aplausos, concluyó la reunión:

— Quiero agradecerles a todos por haber acudido a mi llamado y pedirles que traten a Rebeca con el mismo respeto que me han brindado a mí durante todos estos años. Recuerden que ella merece el mismo trato y que pueden acudir a ella para cualquier asunto que necesiten. Rebeca tiene la misma autoridad que yo para tomar decisiones importantes en la clínica, así que espero que la comunicación con ella se base en amabilidad, respeto y consideración. Esto es todo por ahora, pueden regresar a sus labores.

Sandra y María no podían ocultar su asombro; se miraron con expresiones de desagrado. Sandra salió del salón junto con los demás empleados, incapaz de soportar un minuto más allí. María, siendo más diplomática, sabía que debía mantener una buena relación con Rebeca, al fin y al cabo, ahora era su jefa. Así que, con una sonrisa fingida, se acercó a ambos:

— Bienvenida de nuevo a la clínica, Rebeca. Estoy a tu disposición para lo que necesites.

— Gracias, María, eres muy amable —respondió Rebeca con diplomacia, consciente de que María solo lo hacía por mantener las apariencias y su puesto de trabajo.

Una vez solos en la sala de conferencias, Rebeca abrazó a Diego emocionada.

— ¿Por qué no me dijiste nada de esto? Casi me matas de un susto con la noticia. Pensé que la reunión era sobre algún cambio administrativo, pero jamás imaginé que me ibas a nombrar tu socia.

— Esto es algo que he estado preparando desde hace tiempo. Quería que fuera una sorpresa. No solo quiero que seas mi socia en la vida, sino también en los negocios. Deseo que formes parte importante de todo lo que me pertenece. Además, tengo otra sorpresa que no quería darte hoy, porque quería preparar algo realmente especial para ti, pero siento que no puedo esperar más.

Rebeca lo miró con sorpresa:

— Si me das otra sorpresa, mi corazón va a salir volando de mi pecho. Estoy tan nerviosa que siento que las piernas me van a fallar y voy a caer desmayada al suelo. Ya dime, ¿de qué se trata?

Sin decir una palabra, Diego se arrodilló frente a ella y sacó de su chaqueta una pequeña caja. Al abrirla, dejó a Rebeca aún más impactada al ver el hermoso anillo de compromiso. Ella se llevó las manos a la boca, incapaz de creer que su sueño se estaba haciendo realidad.

— ¡Dios mío, no puede ser! No esperaba una sorpresa tan grande como esta. ¡Lo tenías todo muy bien guardado!

Diego sonrió, mirándola a los ojos, a punto de llorar de emoción:

— Rebeca, mi amor, ¿me harías el honor de casarte conmigo?

Rebeca, emocionada, no pudo evitar llorar. Después de un suspiro, le respondió:

— Claro que deseo casarme contigo, mi amor.

Ambos sellaron ese momento especial con un apasionado beso. Él colocó el anillo en su mano y luego se abrazaron. Diego le susurró al oído:

— Quiero que esta felicidad la complementemos en algún momento con la llegada de un hijo. Es lo que más anhelo en la vida, tener un hijo contigo.

Justo en ese instante, la felicidad de Rebeca se empañó con la petición de Diego. No pudo disimularlo, lo que causó en él una sensación de preocupación.

— ¿Pero qué pasa, mi amor? ¿Por qué te has puesto tan seria de repente? ¿Acaso dije algo que no te gustara?

Rebeca se soltó de sus brazos y se sentó en una de las sillas alrededor de la enorme mesa de conferencias. No pudo evitar contener las lágrimas mientras cubría su rostro con las manos. La reacción alarmó a Diego, quien no comprendía qué estaba pasando:

— Por favor, necesito que me digas qué es lo que te pasa, mi amor. Pensé que este momento iba a ser perfecto, pero nunca imaginé que te pondrías así de triste.

— ¡Ay, Diego Armando! Creo que le pediste matrimonio a la mujer equivocada. No merezco que te cases conmigo, y creo que lo mejor es que te devuelva este anillo y busques a una mujer que pueda hacerte feliz.

Las palabras de Rebeca confundieron aún más a Diego, quien no comprendía por qué ella se sentía tan desdichada al hablar de tener un hijo.

— Por favor, Rebeca, no arruines este momento tan especial para nosotros con semejante barbaridad. Al menos merezco una explicación de lo que te está pasando. No entiendo por qué tomas esta actitud tan hostil y no me dices qué ocurre.

— Lo que pasa es que tú no entiendes. Para mí, todo esto se ha convertido de repente en una tortura, y no quiero seguir sufriendo por algo que no puedo cambiar en mí.

— ¿Pero qué es lo que no puedes cambiar en ti? Termina de explicarme qué sucede, Rebeca. Siento que me estás volviendo loco con tu actitud. Hemos pasado por situaciones difíciles y las hemos superado juntos. Entonces, no entiendo por qué tomas esta actitud tan negativa. ¿Acaso en el fondo no quieres casarte conmigo?

— Por favor, Diego Armando, no se trata de eso. No es lo que piensas. Por supuesto que quiero casarme contigo; es lo que más deseo en el mundo. Pero hay algo que no te había dicho porque no pensé que nuestra relación llegaría a este punto. Pero tienes razón, mereces saber lo que me está pasando.

Diego se acercó nuevamente, tomó sus manos y le dijo:

— Sabes que puedes confiar en mí. Entenderé cualquier cosa que te pase, pero necesito que confíes en mí para poder ayudarte y resolver esto juntos como la pareja que somos.

— Está bien, mi amor. Lo que sucede es que cuando tuve a mi hija Ivana, el médico me dijo que no podía tener más hijos.

Diego cambió de inmediato la expresión de su rostro, sorprendido por la noticia devastadora.

— ¿Pero cómo es posible que no puedas tener más hijos? ¿Por qué? ¿Qué explicación te dieron los médicos para decirte algo tan fatal y definitivo?

— Mi embarazo fue muy complicado; durante el parto contraje una bacteria que me causó una infección grave, y después el médico me dijo que ya no podría tener más hijos.

— Lo siento mucho, mi vida, pero eso no es impedimento para que estemos juntos. Yo te amo con toda mi alma y no importa que no puedas darme un hijo. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Y si queremos un hijo, podemos adoptar.

— ¿Adoptar? La verdad es que no había pensado en esa posibilidad.

— No quiero que te atormentes pensando en lo que acabo de decir. Es solo una opción que estoy considerando, pero no es mi prioridad. En este momento, lo más importante eres tú. Entonces, ¿aceptas casarte conmigo?

— Sí, mi amor, claro que acepto.

Rebeca no estaba completamente convencida de seguir adelante con los planes de boda. No quería ser egoísta y privar a Diego Armando de la posibilidad de tener un hijo con otra mujer. Sin embargo, decidió permanecer en silencio sobre el tema, sin querer arruinar el momento tan especial que estaban viviendo. Ella lo amaba con toda el alma y no quería perderlo.

 

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