El renacer de Rebeca Cap. 39 Las sospechas confirmadas 

Rebeca no cabía de felicidad; aún estaba incrédula de lo que estaba viviendo. Miraba a Diego con una expresión de ternura, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. La clínica, con sus paredes blancas y el suave murmullo de las conversaciones a lo lejos, parecía un mundo aparte, un lugar donde la esperanza y el temor coexistían. Era el comienzo de una nueva vida con la que siempre soñó Rebeca.

—¿Mi amor, pero acaso estás hablando en serio o solo lo hiciste para molestar a María? —preguntó Rebeca, con su voz temblando de emoción, incrédula de que la vida le estuviera dando felicidad.

—Claro que lo estoy diciendo muy en serio. Apenas salga tu divorcio con Iván, tú y yo vamos a casarnos inmediatamente. No quiero esperar ni un solo minuto más para que seas mi esposa.

Rebeca lo abrazó emocionada, sintiendo la calidez de su cuerpo y la seguridad que le brindaba. Le dio un beso en los labios, un gesto que parecía sellar un compromiso aún más profundo. Sin embargo, en medio de su felicidad, recordó la razón por la que estaban en la clínica.

—Me haces la mujer más feliz de este mundo y no sabes cuánto te agradezco todo lo que haces por mí. Pero, con tanta felicidad, se me había olvidado que estamos aquí por los resultados de los exámenes de Betty.

La expresión de Diego cambió abruptamente de una enorme sonrisa a una cara de preocupación. Su rostro, antes iluminado por la alegría, se tornó serio, y Rebeca sintió un nudo en el estómago al ver esa transformación.

—¿Pero qué pasa, cariño? ¿Por qué te has puesto así? ¿Pasa algo malo?

—Rebeca, las noticias que tengo que darte no son muy alentadoras. Los resultados de Betty arrojaron que padece anemia aplásica.

El aire en la habitación pareció volverse denso. Rebeca sintió que el mundo a su alrededor se desvanecía por un momento.

—¿Leucemia aplásica? Pero necesito que me expliques bien. No comprendo.

—Te lo voy a explicar para que puedas entenderme. La anemia aplásica aparece cuando, de pronto, el cuerpo deja de producir cierta cantidad de nuevas células sanguíneas. Esto causa una debilidad muy grande que afecta el sistema inmunológico, haciendo que el paciente tenga mareos continuos, desmayos, fatiga, entre otras cosas. Es por esa razón que debemos atenderla a tiempo y, si es posible, internarla en la clínica para que reciba el tratamiento adecuado, especialmente ahora que está embarazada.

El corazón de Rebeca se encogió. La idea de que Betty, quien había sido una figura distante en su vida, estuviera en peligro la impactó más de lo que esperaba.

—¿Pero acaso me estás queriendo decir que puede morir?

—Si no la atendemos a tiempo, corre el riesgo de que pueda morir. Hay que hacer todo lo posible para que pueda recuperarse; de lo contrario, podría perder al bebé y ella también correría el riesgo de no aguantar.

Rebeca sintió una mezcla de compasión y tristeza. La clínica, con su ambiente frío y distante, se sentía ahora como un lugar que contenía no solo la esperanza de nuevos comienzos, sino también el peso de la fragilidad de la vida. Para ella, Betty era otra víctima más de Iván, y el hijo que estaba esperando sería el hermanito de su hija, un lazo que no podía ignorar.

—Tenemos que ir a buscarla inmediatamente; no quiero que le pase nada ni a ella ni al niño que está esperando.

—Sí, estoy de acuerdo, debemos internarla urgente.

—Cariño, ¿y qué va a pasar con el bebé?

—El bebé corre el riesgo de no nacer.

—¡Nooo! No puede ser, ese bebé tiene que nacer —dijo Rebeca, angustiada, sintiendo cómo sus lágrimas comenzaban a brotar.

—Cálmate, mi amor, no te pongas así. No comprendo por qué, después de enterarte de que Betty es la amante de Iván, te preocupas tanto por ese hijo que espera.

A Rebeca le salieron las lágrimas inmediatamente; lo miró a los ojos con una expresión de tristeza profunda.

—Lo que pasa es que no te has dado cuenta de que ese bebé es el hermanito de mi hija, Ivanita.

Diego sintió un inmenso dolor al escuchar a Rebeca. Su corazón se apretó en su pecho, y la abrazó fuertemente, deseando poder aliviar su sufrimiento.

—Lo siento, cariño, no me había dado cuenta de eso, pero no te preocupes; si Betty es atendida a tiempo y si todo sale bien, el bebé puede nacer, aunque corre muchos riesgos.

—¿A qué riesgos te refieres?

—Puede nacer prematuro, con muy bajo peso, y eso, de cualquier forma, es un riesgo que debemos correr, porque aunque muchos se salvan, otros no corren con la misma suerte.

—Tienes que ayudar a Betty a que tenga su bebé sano y fuerte. ¡Promételo, Diego, por favor!

—Tranquila, cariño. Te prometo que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que tanto Betty como el bebé puedan salvarse.

A pesar de la alegría que tenía Rebeca con la propuesta de matrimonio de Diego, en cuestión de segundos su expresión cambió por completo. Sentía mucha compasión por todo lo que le estaba pasando a Betty y, a pesar de todo, estaba dispuesta a ayudarla en todo lo que estuviera en sus manos. La luz del día que entraba por la ventana del pasillo, parecía reflejar la lucha interna de Rebeca, una batalla entre la felicidad personal y la empatía por el sufrimiento de la amante de Iván.

(…)

 

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