El renacer de Rebeca Cap. 38 Una noticia inesperada 

La luz del amanecer se colaba por las cortinas, llenando la habitación con un brillo suave y dorado. Rebeca dormía plácidamente, su rostro se veía tranquilo iluminado por esa luz. Su cabello, estaba algo desordenado, caía sobre la almohada, dándole un toque de ternura.

Diego estaba sentado al borde de la cama, mirándola aún incrédulo de que estuviera allí. Sus ojos recorrían cada parte de su cuerpo desnudo, como si cada detalle fuera un pequeño tesoro. Con cariño, acariciaba su piel, sintiendo el calor que emanaba de ella, recordándole lo que habían compartido la noche anterior.

El silencio de la mañana creaba una atmósfera íntima, como si el tiempo se hubiera detenido. Diego se perdía en sus pensamientos, imaginando lo que Rebeca soñaría, mientras su corazón latía fuerte, lleno de amor.

Cada roce de sus dedos sobre su piel parecía llevar consigo un montón de promesas. En ese momento, Diego se dio cuenta de que su amor por Rebeca era intenso, como un fuego que iluminaba todo a su alrededor.

El aroma del café recién hecho empezaba a llegar desde la cocina, pero en ese instante, nada podía romper la magia que los envolvía. Diego sabía que, sin importar lo que pasara durante el día, siempre recordarían esa noche de pasión, un recuerdo que los uniría para siempre.

De repente, Rebeca lo abrazó, haciéndolo caer suavemente sobre ella. Diego sintió su cuerpo desnudo bajo las sábanas y, entre besos apasionados, ella le dijo:

— Haces el amor como los dioses. Me encantaría otra probadita más, nunca es suficiente, te deseo demasiado, mi amor.

— Yo también te deseo, Rebeca. Eres la mujer más ardiente que he conocido. Tú haces que este deseo en mí crezca, quiero estar contigo siempre.

En ese momento ambos se abrazaron debajo de las sábanas mientras Diego Armando complacía los deseos de su amada y volvía a hacerle el amor nuevamente.

(…)

Horas después….

Se habían quedado dormidos después de la ronda de sexo que habían tenido no solamente durante la noche sino también apenas comenzaron el día, de pronto una llamada al celular de Diego Armando los despertó haciendo que estos se sorprendieran de lo tarde que era. Estaban tan plenos y felices, que se durmieron olvidándose de todo a su alrededor.

— Dios son las 11 de la mañana y nos quedamos dormidos. La llamada es de la clínica tengo que atender. — dijo Diego Armando contestando el celular a toda prisa:

— Sí buenos días, diga.

— Buenos días doctor Diego Armando, disculpe que lo moleste, soy María la jefa de enfermeras, es que tengo en mis manos el resultado de los análisis de la paciente que usted trajo ayer a emergencia.

— ¡Ah sí claro! La paciente es Betty, lo había olvidado por completo, ¿Pero dime María pasa algo con los resultados?

— La verdad es que sí doctor, los resultados no salieron bien y es preciso que usted esté aquí para que los vea usted mismo lo más pronto posible.

Diego puso una expresión de preocupación que sorprendió mucho a Rebeca.

— ¿Amor qué es lo que pasa? ¿Por qué tienes esa cara de tanta preocupación? ¿Acaso pasó algo con los exámenes de Betty?

Él la miró algo consternado, porque sus sospechas al parecer habían sido ciertas con respecto al diagnóstico de Betty, del cual no había querido mencionarle nada a Rebeca hasta tanto no estuviera seguro.

— Tenemos que ir a la clínica inmediatamente.

— ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que pasa Diego Armando? No me asustes.

— Ya tienen listos los resultados de los estudios que se le hicieron ayer a Betty.

Rebeca abrió los ojos sorprendida y enseguida le preguntó:

— ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Acaso es que tiene algo malo?

— Amor no lo sé, mejor vístete y acompáñame, tengo que ver los resultados para corroborar si mis sospechas son ciertas.

— ¿Pero entonces quiere decir que los exámenes le salieron mal?

— Sí, acaba de llamar María la enfermera de guardia, ella tiene los exámenes en su poder y me dijo que debo ir inmediatamente, al parecer los resultados no son alentadores.

— Está bien mi amor, déjame darme una ducha rápido y enseguida nos vamos a la clínica.

Rebeca estaba realmente preocupada, porque a pesar de que Betty y ella, no se habían encontrado en las mejores circunstancias, sentía pena en ver su situación, ahora estaba embarazada y sola, todo por culpa de Iván. Además, esa criatura que llevaba en su vientre no tenía la culpa de nada y lo que más le causaba ternura, era pensar que iba a ser el hermanito o hermanita de su hija.

(…)

Rebeca y Diego llegaron a la clínica, estaban ansiosos por saber cuales habían sido los resultados de los análisis.

Justo en ese instante, Sandra estaba saliendo de la sala de rehabilitación de pacientes, no esperaba encontrarse frente a frente de nuevo con Rebeca, después de lo que ella había ocasionado el día anterior, sembrando la duda en ella, se imaginaba que no quería saber nada más de Diego.

Al verlos llegar juntos y tomados de la mano, enseguida retrocedió dos pasos, tratando de esconderse detrás de una pared, para así evitar que Rebeca y Diego Armando la vieran.

”¿Pero que hacen Rebeca y Diego Armando juntos? Esto no puede ser, si ella ayer se fue corriendo y lo dejó con la palabra en la boca y hoy llegan a la clínica tomados de la mano. ¿Pero qué rayos está pasando?”

Sandra no salía de su asombro, no podía creer que después de todo lo que le había dicho a Rebeca ella hubiera perdonado a Diego. Los miraba a escondida mientras apretaba los puños llena de coraje intentando contenerse para no brincarle encima y destrozarla con sus propias manos. Sentía que Rebeca era la culpable de que ella no pudiera estar con Diego.

” Esos imbéciles me las van a pagar”

Estaba realmente furiosa porque nunca se imaginó verlos de nuevo juntos.

Ambos entraron al laboratorio, allí se encontraba la enfermera que había llamado a Diego.

— ¡Hola María! Por favor entrégame los resultados médicos de Betty.

— Sí doctor como usted diga, justamente los tengo aquí encima de mi escritorio, estaba esperando a que llegara para que usted mismo los viera.

María, miraba muy extrañada el hecho de que Rebeca hubiera llegado junto con Diego Armando, cuando ella debía estar en su puesto de trabajo junto con Sandra ayudando a recibir a los pacientes que necesitaban rehabilitación ese día.

Ella era la jefa de enfermeras y estaba al mando de ese piso donde justamente trabajaban Rebeca y Sandra. Así que no esperó ni un solo minuto en decirle delante de Diego Armando:

— ¿Rebeca y dónde está tu uniforme? Además has llegado demasiado retrasada a la clínica, esta es una hora en la que ya deberías estar ayudando a Sandra a recibir a los pacientes de la tarde. ¿Por favor puedes ir a tu puesto de trabajo?

Rebeca la miró fijamente a los ojos con una mirada desafiante, estaba muy incómoda por la forma tan despectiva y autoritaria en la que le estaba hablando.

Así que le contestó sin medir palabras y ya cansada de que la gente la tratara como si ella fuera menos que los demás:

— Pues lo siento mucho María, pero no pienso volver a trabajar al lado de Sandra.

— ¿Cómo que no vas a trabajar más al lado de Sandra? Pero tú no puedes abandonar tu puesto de trabajo de esa forma tan abrupta, ¿Acaso no te das cuenta que tienes un compromiso con la clínica y con el doctor Diego Armando que es tu jefe?

— Ya te dije María, no pienso volver a trabajar con Sandra y es mi última palabra.

María no daba crédito a la osadía que había tenido Rebeca de desafiarla y más aún en presencia de Diego Armando.

— ¿Pero qué atrevimiento es este Rebeca? No te permito que me hables de esa forma.

Por su parte Diego Armando estaba concentrado leyendo los resultados médicos de Betty, pero al mismo tiempo había alcanzado a escuchar la discusión entre María y Rebeca, lo que hizo que se acercara de nuevo a donde estaban ambas:

— ¿Qué es lo que está pasando María? ¿Cuál es el problema con Rebeca?

María enseguida le contestó muy confiada que al decirle lo que estaba sucediendo, él iba a tomar cartas en el asunto en contra de Rebeca, ya que ella tenía muchos años trabajando en la clínica y siempre había recibido apoyo por parte de él cuando tenía problemas con el personal.

— Lo que sucede doctor, es que Rebeca de forma abrupta ha renunciado a su puesto en la sala de rehabilitación, porque dice que no quiere trabajar al lado de Sandra. ¿Qué le parece? Y tan difícil que está encontrar trabajo en estos tiempos.

Diego lejos de molestarse para sorpresa de María, respondió con una sonrisa:

— Pues me parece la mejor decisión que ha podido tomar Rebeca desde que está en la clínica.

Rebeca sonrió mientras que María estaba totalmente impactada sin entender lo que estaba pasando:

— Pero doctor ¿Qué ha dicho? ¿Se da cuenta lo que está diciendo? Rebeca apenas tiene un año en la clínica y no puede actuar de esa manera tan prepotente nada más porque tenga cierta amistad con usted. Recuerde que yo trabajo aquí hace muchos años y jamás he permitido que ningún empleado pase por encima de mi.

— ¡Bueno ya está bien María! Vamos a tratar de calmarnos, no pensaba hacerlo de este modo tan informal, pero considero que es mejor que lo sepan de una buena vez—dijo aprovechando la presencia de otros empleados que habían escuchado la discusión—Rebeca y yo nos vamos a casar muy pronto, así que tienen enfrente de ustedes a la futura dueña de esta clínica, y les pido por favor respeto para ella a partir de este preciso momento. ¿Les quedó claro?

María se quedó atónita con la noticia al igual que todos los presentes, los cuales comenzaron a aplaudir felicitando a Diego y a Rebeca con mucha algarabía. Sandra, que se encontraba cerca, decidió acercarse al laboratorio al escuchar el alboroto, no aguantó la curiosidad por saber qué estaba pasando:

—¿Se puede saber qué están celebrando? —dijo con una expresión fría mirando a su alrededor, una de las enfermeras fue la que le dio la noticia:

—El doctor Diego Armando se nos casa con Rebeca, ¿No es maravilloso?

La expresión de Sandra cambió por completo, se quedó inmóvil sin decir una palabra. Rebeca y Diego se miraron entre sí, sabían perfectamente que para Sandra había sido una noticia fatal y más aún después de haber intentado separarlos.

Por supuesto la noticia no se hizo esperar en toda la clínica, los comentarios entre los empleados volaron como pólvora, la vida le había cambiado a Rebeca en solo cuestión de segundos ya que ni ella misma se lo esperaba.

(…)

 

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