El renacer de Rebeca Cap. 37 La reconciliación 

Un par de horas después, Betty estaba siendo atendida por Diego y su personal médico. La sometieron a todos los estudios pertinentes para descartar cualquier tipo de anomalía. Él principalmente estaba muy preocupado por los síntomas de Betty, deseaba asegurarse de que su embarazo no estuviera en riesgo.

— Betty está en este momento con mi equipo médico, y le están haciendo todos los exámenes. Creo que en un par de horas estará lista para que puedan irse a casa —le comentó Diego a Rebeca, visiblemente nervioso y ansioso por hablar sobre lo que había sucedido entre él y Sandra.

— Está bien, Diego. Te agradezco mucho lo que estás haciendo.

— No tienes nada que agradecerme. Sabes perfectamente que lo hago con gusto, y además, es mi trabajo.

Él aprovechando el momento a solas con ella, sintió la necesidad de darle una explicación de como habían sucedido las cosas.

— Rebeca…yo necesito que me escuches…—pero enseguida ella lo interrumpió:

— Creo que tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Todo me ha quedado muy claro. Ahora entiendo la molestia de Sandra al vernos salir juntos a almorzar por primera vez, pero aún no comprendo por qué me lo ocultaron. Creo que debieron decírmelo desde el principio y no mentirme, haciéndome creer que solo mantenían una amistad entre ustedes. ¿No te parece?

— Si al menos me dejaras explicarte lo que pasó… Sandra solo quiso enredar todo para que tú creyeras que había una relación entre nosotros, y te aseguro que no es así. ¿Acaso no te das cuenta de que lo que busca es separarnos? Sandra es tu amiga y la conoces mejor que yo; deberías saber cuáles son sus verdaderas intenciones.

— ¿Ah, no existe nada entre ustedes? ¿Y cómo se entiende que ella diga que fue tu mujer? ¿Cómo me explicas eso? Porque te lo pregunté delante de ella y no me lo negaste. Te quedaste callado y dijiste que ni siquiera recordabas bien lo que había pasado. El punto es que ustedes tuvieron su relación y yo fui la última en enterarme.

Diego Armando estaba desesperado. Sentía que ya no podía soportar más el enredo que había creado Sandra con sus mentiras, tratando de sembrar dudas en el amor que él sentía por Rebeca. En ese momento, no pudo contenerse y la tomó por los hombros, intentando que lo mirara a los ojos y viera que le decía la verdad.

— ¡Ya basta, Rebeca! Mírame a los ojos. Quiero que veas en mi mirada que no te estoy engañando. Esa relación de la que habla sucedió cuando apenas éramos unos adolescentes.

Rebeca al escucharlo se quedó inmóvil, sintió que merecía saber la versión de Diego, al final no tenía nada que perder.

—¿Has dicho adolescentes?

—Sí, éramos unos adolescentes, habíamos hecho una fiesta en casa de mis padres porque ellos estaban de viaje. Aquella noche todos bebimos en exceso y pasamos la noche allí, en medio de la sala, ni siquiera tengo recuerdos claros. Sólo sé que amanecí desnudo junto a Sandra y ella afirma que tuvimos intimidad. Después, te juro que no volví a saber de ella hasta el día que me llamó porque tú estabas mal.

Rebeca lo miraba con los ojos abiertos muy atenta. En ese instante, se dio cuenta de que todo lo que le decía era cierto. Él temblaba con cada frase, y era imposible que un hombre que hablaba así, mirándola a los ojos con tanta sinceridad, estuviera mintiendo. Sus ojos se llenaron de lágrimas; no pudo evitar sentir compasión por él al ver su desesperación por demostrarle su amor, algo que jamás había visto en Iván.

Cerró los ojos, dejando escapar algunas lágrimas que no pudo contener. Luego lo miró y le dijo:

— Diego, perdóname. De verdad, me dejé llevar por los celos y por lo que Sandra me dijo. Te pido mil disculpas por no haberte querido escuchar. Pero tienes que entenderme; durante toda mi vida solo he visto engaños, mentiras y falsedades. Hasta llegué a pensar, que a mi no me podía ocurrir algo tan bello como tu amor.

Diego la abrazó con fuerza sintiendo un gran alivio, se había liberado de esa opresión que sentía en su pecho imaginando que podía perderla para siempre.

— Pero ahora veo tu insistencia y la perseverancia que has tenido para mantener lo nuestro. Solo tengo agradecimiento por todo lo que has hecho en mi vida. La mujer que soy hoy es gracias a ti, y quiero que sepas que no quiero perderte. Eres el amor de mi vida y lo más maravilloso que me ha pasado después de mi hija. Te amo.

Ambos se miraron, y fue inevitable que Diego Armando la besara, allí mismo, en medio del pasillo de la clínica. El personal los observaba sorprendidos, pues era la primera vez que veían a Diego manifestar su amor por una mujer.

Por fin habían logrado encontrar un poco de sosiego en medio de todo el conflicto que se había desatado gracias a Sandra.

(…)

Al cabo de un par de horas ya Betty estaba totalmente lista para regresar a casa, le habían realizado todos los estudios de forma urgente para que estos pudieran estar listos el día siguiente.

— Bueno ya por fin estoy lista para regresar a casa, la verdad es que me siento como un auto cuando entra al taller, me hicieron de todo, ahora a esperar los resultados. — dijo Betty bromeando.

— Qué bueno que ya estés lista Betty, entonces podemos regresar al apartamento para que descanses un poco y ya mañana esperar el resultado de los estudios.

Diego no pudo evitar intervenir al escuchar que Rebeca regresaría al apartamento de Betty:

— ¿Rebeca mi amor, pero por qué mejor no vienes conmigo a casa?

Betty se sorprendió ya que no tenía idea de lo que estaba pasando entre ellos, intuyó que se habían reconciliado:

— ¿Y qué fue lo que pasó aquí mientras yo estaba allá adentro haciéndome los exámenes?

Ambos sonrieron mirándose con picardía, luego Rebeca le contestó:

— Lo que pasa es que por fin logramos aclarar nuestras diferencias y creo que estaba cometiendo un error garrafal, pero gracias a Dios y al amor que este hombre no se cansa de darme, me pude dar cuenta del gran error que estaba cometiendo.

— No sabes qué alegría me da por ti Rebeca, siento que te mereces ser feliz después de tanto dolor por el que pasaste gracias a ese bueno para nada de Iván. Pero entonces siendo así, no tienes porqué regresar a mi apartamento, si quieres puedes irte con Diego Armando, créeme que yo estoy muy bien.

— ¿De verdad te sientes bien Betty como para regresar sola a tu apartamento?

— Por supuesto que sí, esto fue solo un mareo como los demás que me han dado, así que no hay de qué preocuparse, ustedes vayan a terminar de arreglar sus asuntos, que yo tomaré un taxi.

— Ay pero acabo de recordar que tengo mi maleta en tu apartamento. —dijo Rebeca preocupada.

— Por eso no tienes de qué preocuparte Rebeca, puedes pasarla a buscar cuando gustes, mañana mismo si quieres.

Diego abrazó a Rebeca por la cintura y le dijo bromeando:

— Mi amor buscamos tu maleta mañana, además en casa no vas a necesitar de mucha ropa.

Ella se sonrojó dándole un codazo para que se callara, sintió vergüenza con Betty:

— Por favor Diego Armando, ¿Qué va a pensar Betty?

— Por mí no se preocupen, lo único que puedo pensar, es que has logrado encontrar a un hombre que te ama de verdad, no lo pierdas de vista y vive al máximo cada minuto de tu vida como si fuera el último Rebeca. Bueno yo los dejo, la verdad es que todo esté ajetreo de los exámenes me dio algo de sueño y lo único que quiero es llegar a casa a descansar.

— No te preocupes Betty que nosotros te llevaremos a casa y así aprovechamos a buscar la maleta de Rebeca.

— Perfecto, por mí no hay ningún inconveniente. Entonces andando que si no me voy a dormir aquí parada jajajaja —dijo Betty bromeando.

(…)

Después de dejar a Betty, llegaron a Casa de Diego, Rebeca estaba feliz, sentía que por fin se había liberado de todo el horror por el que había pasado junto a Iván.

Entraron a la habitación, la luz suave de la tarde se filtraba a través de las cortinas, creando un ambiente cálido y acogedor. Se miraron a los ojos, sintiendo una conexión que iba más allá de las palabras. Diego, con un gesto tierno, acarició el rostro de Rebeca, mientras ella sonreía, sintiendo mariposas en el estómago.

Ambos se acercaron lentamente mientras sus corazones latían con fuerza. Diego tomó la mano de Rebeca y la guió hacia la enorme cama.

Ella se inclinó hacia Diego, y él la abrazó con suavidad, sintiendo la calidez de su cuerpo. Sus labios se encontraron en un beso suave, lleno de ternura y deseo. Era un momento en el que el tiempo parecía detenerse, donde cada caricia y cada susurro hablaban de un amor que crecía entre ellos.

La habitación estaba iluminada por la tenue luz de las lámparas, creando un ambiente íntimo y acogedor. Diego miró a Rebeca, sus ojos reflejaban un deseo profundo. Con una sonrisa juguetona, ella se acercó, dejando que sus manos se deslizaran sobre el pecho de él.

—¿Te gustaría ayudarme con algo? —preguntó Rebeca, con su voz suave como un susurro.

Diego asintió, sintiendo la calidez de su aliento. Con delicadeza, comenzó a desabrochar el vestido de Rebeca, cada botón que caía revelaba su piel suave y radiante. Ella cerró los ojos, disfrutando del momento, sintiendo cómo su corazón latía más rápido.

—Eres hermosa —dijo Diego, admirando su figura.

—Y tú me haces sentir así —respondió ella besándolo.

Con un movimiento suave, Rebeca deslizó el vestido hasta el suelo, quedando solo con lencería. La mirada de Diego se intensificó, y él la tomó de la mano, llevándola hacia él. Sus labios se encontraron de nuevo, esta vez con más pasión, mientras sus cuerpos se entrelazaban.

En ese instante, todo lo que existía era el amor que compartían y un momento eterno de conexión y deseo.

Cada susurro se convertía en un eco de intimidad. A medida que sus cuerpos se movían al unísono, los gemidos de Rebeca calentaban aún más las ganas de Diego.

—Diego… —susurró ella temblaba de placer, mientras él no paraba de moverse dentro de ella.

Él la miró a los ojos, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Cada gemido de Rebeca era un llamado, una invitación a profundizar en esa conexión que los envolvía. Diego la acarició con ternura, sintiendo su piel desnuda bajo sus dedos, mientras cada movimiento se convertía en un baile de pasión.

—No te detengas… —pidió ella susurrando.

Los gemidos eran cada vez más fuerte hasta que ambos lograron alcanzar el clímax. Durmieron abrazados hasta el amanecer.

(…)

Al día siguiente….

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Nota del autor: Te invito a que me sigas para que te llegue la notificación cada vez que haga una publicación. Gracias por leer la novela. 😉

 

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