El renacer de Rebeca Cap. 33 UNa falsa amiga 

Diego en medio de su nerviosismo, estaba inmóvil; no le salían las palabras y no sabía cómo podía explicarle en un solo instante todo lo que en realidad había pasado. Sandra se sentía satisfecha con lo que había provocado, no podía aceptar que Rebeca se quedara con el hombre del que siempre estuvo enamorada.

—¿Entonces, Diego Armando, te vas a quedar así, callado sin decir una sola palabra? ¿Es verdad lo que acaba de decir Sandra? ¡Habla!

—Rebeca, por favor, las cosas no pasaron como lo está insinuando Sandra. Déjame explicarte, por favor.

—Solo quiero que me des una respuesta, ¿Estuviste sí o no con Sandra?

Él bajó la mirada y le respondió:

—Bueno..sí pasó algo, pero yo…es que todo fue muy confuso y la verdad es que no recuerdo bien todo lo que pasó aquella noche.

Para Rebeca, lo que le acababa de decir Diego Armando fue más que suficiente para entender que Sandra no estaba mintiendo, pero el error más grande que él cometió fue no explicarle que había sido cuando ellos eran adolescentes; y que además solo había pasado una noche en la que estaba embriagado y no recordaba nada. Él estaba tan nervioso, queriendo evitar que ella tomara las cosas de la forma equivocada, que no sabía ni siquiera cómo defenderse.

—Entonces eso quiere decir que sí hubo algo entre ustedes. ¡Qué desfachatez por parte de los dos! —dijo furiosa apretando los puños tratando de contenerse. —Sandra, ahora entiendo tu molestia cada vez que me veías salir con Diego Armando. ¿Cómo es posible que no me hayas dicho la verdad? Se supone que eras mi mejor amiga. ¡Qué tonta fui! No los voy a perdonar jamás.

Rebeca salió a toda prisa del edificio mientras rodaba su maleta. Apenas estuvo en la calle, tomó el primer taxi que pasó y se subió a toda prisa ante la mirada impotente de Diego Armando que la llamaba desesperado intentando detenerla; pero lamentablemente no la pudo alcanzar

Se regresó furioso al edificio porque quería enfrentar a Sandra, sabía que todo lo había hecho con mala intención para perjudicar su relación con Rebeca.

—Ya puedes estar contenta, lograste lo que querías: que Rebeca pensara que tú y yo somos amantes y que, encima, también la engañamos. La verdad es que me tienes sorprendido, Sandra —le decía furioso mientras la agarraba del brazo, sacudiéndola. —Creí que eras una buena persona. En todo este tiempo, tanto Rebeca como yo hemos estado engañados contigo.

—¡Ya basta, Diego Armando! No es justo que me eches la culpa a mí de todo lo que ha pasado. ¿Acaso te has puesto a pensar por una sola vez qué he sentido yo durante todo este tiempo? Yo me entregué a ti aquella noche porque lo deseaba, porque quería que tú fueras el primer hombre en mi vida.

—Sandra, por Dios, estás completamente loca. ¿Cómo pretendes que yo me diera cuenta de lo que tú estabas sintiendo si nunca me dijiste nada? Y si algo pasó aquella noche entre nosotros, sabes perfectamente que no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, había bebido demasiado.

Sandra no pudo evitar llorar, sentía mucho dolor al escuchar sus palabras.

—Siempre tuve la ilusión de que ibas a ser para mí. Después de aquella noche, no me he entregado a ningún otro hombre, me guardé para ti con la esperanza de que algún día regresaras. Pero después que te fuiste a estudiar fuera del país, no supe más de ti. No sabes cuanto sufrí. — hizo una pausa secando sus lágrimas. —Después supe que habías regresado y que tu padre te había heredado su clínica, pero nunca me atreví a buscarte, hasta que. —suspiró intentando tomar un poco de aire para poder continuar. —bueno, hasta que Rebeca se puso tan mal y yo no sabía qué hacer.

—Pero deberías sentirte feliz de haber ayudado a Rebeca, gracias a que me buscaste ella cambió su vida por completo.

—Sí, pero en el fondo yo te busqué porque Rebeca era la mejor excusa que tenía para poder tener contacto contigo de nuevo. Pero jamás pensé que ella iba a terminar quitándome mi felicidad.

—Pero no seas absurda Sandra, Rebeca no te ha quitado nada. Yo siempre te he visto como una amiga y eso nadie lo va a cambiar. Además, no estaba en mis planes enamorarme de ninguna mujer, pero cuando comencé a tratar a Rebeca…

—¡Rebeca, siempre Rebeca! —lo interrumpió molesta sin dejar que terminara de hablar —¿Pero cómo es posible que te hayas enamorado de ella y no de mí? Y pensar que he sido yo la culpable de que te fijaras en ella, porque de no haberla ayudado a cambiar su aspecto, jamás te hubieras fijado en una mujer obesa y horrenda.

—Eso no es verdad. Rebeca es una mujer excepcional que cualquier hombre querría a su lado —dijo con firmeza, mirándola fijamente a los ojos—. Es cierto que su cambio físico me atrajo aún más, pero desde que la conocí, siempre me ha cautivado su personalidad y su esfuerzo por seguir adelante a pesar de todo lo que ha sufrido.

—¡Cállate! Ya no quiero que me hables de Rebeca. No la pongas como víctima porque ella no es una blanca palomita. Supo muy bien poner las cosas a su favor. ¿O no te has dado cuenta?

—Pensé que eras su amiga. La verdad es que siento que no vale la pena seguir hablando contigo —respondió molesto. Pero cuando estaba a punto de marcharse, Sandra lo llamó:

—Diego Armando, no te vayas, por favor. No me dejes así. ¿A dónde vas?

—Voy a buscar a Rebeca. Tengo que explicarle cómo fueron en realidad las cosas. Y entiende, Sandra, Rebeca es el amor de mi vida.

Diego salió del edificio, dejando a Sandra llorando de impotencia. Ella lo miraba alejarse y, en medio de su dolor, golpeó la pared con todas sus fuerzas, causándose una herida en la mano. No podía aceptar que Rebeca le había quitado la posibilidad de estar con el hombre que había amado durante toda su vida.

(…)

Mientras tanto, Rebeca iba en el taxi, llorando…

 

Respuestas