El renacer de Rebeca Cap. 32 Un golpe para Rebeca 

En ese momento a Rebeca no le importó que Iván estuviera herido, se dejó llevar por el dolor que llevaba dentro de su ser por tantos años de maltratos y vejaciones que la hicieron la mujer más miserable del mundo; haciéndola perder el amor propio y su autoestima. Levantó la mano y en vez de darle una cachetada como era lo esperado, le propinó un puñetazo, tan fuerte o más que el que le había dado Diego cuando cayó por las escaleras.

El golpe fue tan violento, que provocó que Iván cayera acostado cerca del sofá. La expresión de Diego Armando era de asombro; no podía creer lo que había sido capaz de hacer Rebeca, ella solo lo miraba con odio mientras él intentaba apoyarse en el sofá para levantarse. Las lágrimas corrían por el rostro de Rebeca, tenía la mirada perdida y se sentía abrumada, fuera de sí; no reaccionaba, como si estuviera en otra dimensión.

En ese momento, Iván se agarró la cara, incrédulo de lo que estaba pasando. En todos los años que había estado casada con él, jamás le había levantado la mano. Él solo la miraba atónito mientras trataba de reponerse, diciéndole con dificultad:

— Me pegaste… te atreviste a pegarme, Rebeca… Definitivamente, esa no eres tú. Jamás en la vida me habías hecho algo así. Este hombre te tiene loca.

Ella lo miró y se secó las lágrimas y con mucha seguridad le respondió:

— Te equivocas, Iván, no estoy loca. Alguna vez sí lo estuve, y fue justamente cuando tuve el desatino de casarme contigo y aguantar tus maltratos por tantos años. —mientras hablaba, se secaba las lágrimas con rabia, no quería mostrarse débil ante él, quería demostrarle que de esa mujer sumisa y vulnerable, no quedaba nada.

Continuó:

— Pero gracias a tanto sufrimiento, por fin encontré mi autoestima y mi amor propio. Lo único que sé es que no quiero volver a saber más de ti, excepto cuando tengamos que firmar el divorcio. Y te advierto que puedes quedarte a vivir aquí en este apartamento, pero tendrás que darme la mitad de su valor, porque como tú bien acabas de decir, la mitad me pertenece a mí.

— ¿Qué? ¿Pero definitivamente te has vuelto loca? ¿De dónde pretendes que voy a sacar el dinero para darte la mitad de lo que vale este apartamento? No puedes hacerme esto, Rebeca.

Diego Armando no pudo contenerse y alzó su voz:

— Ya no sigas discutiendo con este imbécil. Recoge tus cosas, Rebeca, porque a partir de hoy te voy a llevar a vivir a mi casa. Allí estarás como una reina y no te va a faltar nada.

— Sí, tienes razón, Diego Armando. De ahora en adelante voy a pensar en mí y acepto irme contigo.

Iván estaba desconcertado; las cosas no se le habían puesto nada fáciles. Ahora tenía que pensar en cómo encontrar el dinero para poder pagarle a Rebeca la parte que le correspondía del apartamento. Rebeca recogió parte de sus cosas y se fue con Diego Armando, mientras Iván se quedó totalmente en shock. Definitivamente, ella era otra persona muy distinta a la que él había conocido.

Al salir del apartamento, Rebeca y Diego se encontraron a Sandra en el pasillo, para él, había sido un momento verdaderamente incómodo, ya que la conversación que habían tenido horas antes lo había dejado muy contrariado. Ella se sorprendió al ver a Rebeca con una maleta y no pudo evitar preguntarle:

— ¿Y qué haces con esa maleta, Rebeca? ¿A dónde vas?

Rebeca estaba totalmente ajena a lo que había pasado entre Diego Armando y ella, así que, con la mayor naturalidad, le contestó:

— Después de enterarme de que tiene una relación con Betty desde hace un año, creo que es más de lo que puedo soportar. Además, ya no me interesa lo que haga con su vida; creo que llegué al límite de mi paciencia. No puedo seguir aguantando más humillaciones de las que ya le soporté, así que decidí aceptar la propuesta que me acaba de hacer Diego de irme a vivir a su casa.

Sandra abrió los ojos, impactada por lo que acababa de escuchar; no lo podía creer. Las pocas esperanzas que tenía de poder acercarse a Diego, acababan de caerse ante sus ojos. Definitivamente, Rebeca le estaba ganando la guerra. Sin embargo, pensó que no estaba dispuesta a que se fuera con él sin antes decirle la verdad sobre lo que había pasado entre ellos.

— ¿Cómo? ¿Te vas a vivir con Diego Armando? ¡Vaya! ¡Vaya! Pero esto sí que es una sorpresa que no me esperaba. Pero me imagino que ya Diego Armando te habrá contado toda la verdad.

Rebeca puso una expresión de confusión; no entendía a qué se refería Sandra con ese comentario. Por su parte, Diego se puso pálido, había perdido totalmente el color de su rostro. No quería que Rebeca se enterara de esa forma, no sin antes poder explicarle lo que realmente estaba pasando.

— ¿De qué verdad me estás hablando? Por Dios, ¿pero me pueden decir qué está pasando ahora? ¿A qué verdad te refieres, Sandra? Habla de una buena vez.

Antes de que Sandra pudiera hablar, Diego se adelantó diciendo:

— No es nada, Rebeca. No le hagas caso a Sandra; ella siempre tiende a exagerar las cosas.

Sandra, por su parte, le dijo:

— ¿Pero por qué te has puesto tan nervioso, Diego Armando? ¿No te parece que para comenzar una nueva relación, lo primero que se tiene que hacer es contarse toda la verdad entre ambos? Es muy feo que, después de algunos años, Rebeca tenga que enterarse de la verdad de la peor manera. ¿No te parece?

— Pues ya estuvo suave. Les agradezco que me expliquen qué es lo que está pasando. —dijo Rebeca mirándolos a ambos desconcertada. —Ya he tenido demasiados conflictos como para encima tener que aguantar otra sorpresa. Habla, Sandra; di lo que tengas que decir o hazlo tú, Diego Armando.

Sandra, con una actitud retadora, miró a Diego Armando y le dijo:

— Entonces, Diego, ¿se lo dices tú o se lo digo yo?

Rebeca estaba ansiosa y llena de temor, porque no quería recibir un duro golpe que la desestabilizara emocionalmente más de lo que estaba.

— Sandra, por favor, ya basta. No seas tan egoísta. ¿Cómo es posible que te pongas con eso cuando Rebeca está pasando por una situación demasiado difícil?

— Pues yo sí quiero que hable. —insistió Rebeca. —Creo que durante toda mi vida he estado rodeada de mentiras y falsedades, así que no quiero comenzar una nueva vida contigo sin saber la verdad. Di lo que tengas que decir, Sandra.

— Pues muy bien, en vista de que Diego Armando no tiene los pantalones para decírtelo, lo haré yo.

— ¡Sandra, por favor! No hagas las cosas de esa forma —gritó Diego Armando.

Rebeca, por su parte, ya había comenzado a sospechar que efectivamente algo grave estaba pasando entre ellos.

— ¡Dios mío! Ya estuvo bueno, habla de una buena vez, Sandra, y no le des más rodeos a esto.

Diego Armando se llevó las manos a la cabeza, totalmente angustiado, mientras Sandra le decía a Rebeca:

— Pues es muy sencillo, Rebeca. Diego y yo tuvimos una relación.

Rebeca se quedó en shock, sintió que un escalofrío recorrió su espalda, no podía asimilar lo que estaba escuchando. Sintió que su mejor amiga la había engañado. Sandra no le explicó lo que realmente había pasado, solo inyectó la cizaña para confundir a Rebeca y provocar que dudara de Diego.

— ¿Qué estás diciendo? No, eso no puede ser. Esto tiene que ser una broma de mal gusto, ¿no es verdad? Anda, Diego Armando, habla y dime que es mentira lo que está diciendo Sandra. ¡Habla, carajo! —le gritaba Rebeca furiosa.

(…)

 

Respuestas