El renacer de Rebeca Cap. 31 Desenmascarando a Iván 

Después del susto que había pasado Betty con la noticia de su embarazo, salió de la sala de emergencias y en el pasillo, se encontró con Iván. Él estaba sentado en la silla de ruedas muy afligido al haber sido descubierto de la peor forma. No sabía qué hacer y mucho menos a donde ir, Rebeca no quería verlo y después de haber negado su relación con Betty, no podía regresar a su casa.

Al ver que Betty salía de la sala, se esforzó por ponerse de pie y le preguntó:

— Betty, ¿cómo te sientes? ¿Ya te encuentras bien?

— No puedo creer que seas tan cínico. Después de dejarme en ridículo delante de todo el mundo, especialmente de Rebeca, vuelves a dirigirme la palabra como si nada estuviera pasando. Tú y yo no tenemos nada más que hablar. —le dijo caminando hacia la salida, pero Iván la detuvo tomándola por el brazo:

— ¡Espera, por favor, Betty! No te vayas así. Al menos dime, ¿qué te dijo el médico? ¿Te explicó la causa del desmayo?

— Sí, me dijo las causas del desmayo. Es algo que ya me esperaba y que debes saber…estoy embarazada.

— No, no puede ser. Esto tiene que ser un error. Tú no puedes estar embarazada. ¿Acaso te volviste loca? ¿Por qué no te cuidaste? ¿En qué estabas pensando, por Dios? ¡Me acabas de arruinar la vida!

Betty no salía de su asombro, no había terminado de superar el desplante que le había hecho enfrente de Rebeca, cuando ahora la estaba hiriendo de la peor forma:

— La que no puede creer lo que estás diciendo soy yo. Teníamos una relación, supuestamente nos íbamos a casar en cuanto te divorciaras. ¿Acaso todo esto me lo inventé yo sola?

— Pero tener un hijo también es decisión de dos. Debiste decírmelo antes de que pretendieras quedar embarazada. Y te aclaro que eso no va conmigo; a mí ninguna mujer me va a atar con un niño, ¿me entendiste?

Betty no podía asimilar la actitud de Iván, había tardado un año en descubrir la clase de hombre que era realmente. En ese momento se dio cuenta del sufrimiento por el que había pasado Rebeca durante años.

— ¿Sabes qué? No te preocupes, creo que hasta me estás haciendo un favor, porque seguir viviendo contigo sería un verdadero infierno. — le dijo en medio del llanto, que intentaba evitar, pero el dolor y la decepción la estaban lastimando demasiado. — Hoy me di cuenta de lo que eres capaz. No quiero volver a verte jamás. Por mí, puedes largarte de mi vida para siempre, y no se te ocurra regresar.

Betty le dio la espalda y se fue de la clínica, dejando a Iván totalmente desconcertado. Él jamás pensó que ella tomaría las cosas con esa aparente tranquilidad. Se quedó mirándola mientras se alejaba, solo pensó:

“No me queda otra alternativa que regresar al apartamento con Rebeca. Aunque pensándolo bien, eso es lo mejor que me pudo haber pasado. Además, ¿quién le dijo a Betty que yo quería tener un hijo? ¡Por favor! No quiero ataduras de ningún tipo.”

Iván estaba muy claro sobre lo que quería hacer, así que, en medio de su malestar por la caída, salió de la clínica y se subió a un taxi con la venda en la cabeza y el yeso en el brazo, rumbo al apartamento de Rebeca.

(…)

Media hora después…

Iván llegó al apartamento de Rebeca. Intentó abrir la puerta con sus llaves, pero se dio cuenta de que no podía. Fue inútil; Rebeca había cambiado la cerradura. Comenzó a tocar el timbre insistentemente hasta que, por fin, Rebeca le abrió. Al verlo allí, todo golpeado, con la cara morada llena de hematomas y el brazo inmovilizado, le preguntó:

— ¿Se puede saber qué haces aquí? Creo que te equivocaste de casa. Tu lugar está al lado de Betty, con la que tienes un año viviendo, ¿o me equivoco?

— Por favor, Rebeca, las cosas no son así. Puedo darte una explicación de todo lo que pasó, pero al menos déjame pasar, por favor. Es solo un instante. Además, yo también tengo derecho a estar en este apartamento; no tengo a dónde ir.

— Eso debiste pensarlo mucho antes de hacer semejante estupidez, tratando de engañar a esa pobre tonta de Betty y después venir aquí a decirme que estabas viviendo en el bar. Tu cinismo no tiene límites. Vives en medio de mentiras. No quiero verte nunca más en mi vida, Iván, entiéndelo.

— No me puedes sacar de aquí. Esta también es mi casa. Además, tú todavía eres mi esposa y tengo derecho a exigirte que me ayudes y me apoyes en este momento. Mira cómo me ha dejado tu amante. ¿Te imaginas lo que pasaría si lo denuncio a las autoridades por esta agresión tan grande? Perdería su licencia como médico.

En ese momento llegó Diego Armando, el cual había alcanzado a escuchar la conversación:

— Te equivocas, Iván. Si pensabas que podías seguir chantajeando a Rebeca, déjame decirte que estás equivocado.

— ¿Qué haces aquí en mi casa, imbécil? ¿Qué te has creído? No conforme con todo lo que me hiciste, vienes a meterte descaradamente en mi propia casa. Prepárate porque te voy a denunciar por intento de asesinato.

Rebeca estaba nerviosa; fue una sorpresa inesperada que Diego Armando apareciera de repente.

— No seas imbécil, Iván. No puedes hacer nada. ¿Y sabes por qué? — le dijo Diego con una sonrisa que mostraba la seguridad de lo que estaba diciendo:

— No lo se, dímelo tú, porque la verdad es que no sé cómo piensas impedirme que te denuncie. Aquí todo está muy claro: me empujaste por las escaleras con la intención de matarme y mira como me dejaste — dijo mientras se señalaba la venda en la cabeza y el yeso en el brazo.

— Aquí tengo todo grabado. Lo grabé todo cuando te dieron de alta en la clínica y te burlaste de mi, alegando que eran golpes de niña. ¿Lo recuerdas? —dijo sonriendo, sintiendo que lo había derrotado. —Con esta grabación, puedo comprobar que jamás tuve la intención de querer asesinarte.

— ¡Eres un imbécil! — le dijo Iván mientras intentando quitarle el celular, pero sus esfuerzos fueron en vano, estaba muy adolorido.

Rebeca gritó:

— ¡Por Dios, basta! Creo que ha sido suficiente Iván, ya no puedes seguir haciéndome daño. Quiero que te vayas de mi vida para siempre.

— Rebeca, te lo pido no me hagas esto. Además, no te permito que me hables de esa forma delante de este imbécil.

— Mira, grandísimo estúpido, sal de aquí si no quieres que te vuelva a meter otro puñetazo — le dijo Diego Armando, mientras Rebeca intentaba detenerlo:

— ¡No! Por Dios, Diego, ya basta. ¿Acaso no ha sido suficiente con lo que pasó? No quiero más desgracias en mi vida. Y tú, Iván, vete de aquí. No te quiero en mi casa.

— Pues yo no me voy de aquí. Como ya te lo dije, este es mi apartamento y tengo todo el derecho del mundo de estar aquí.

Rebeca, indignada y llena de impotencia, le contestó:

— Muy bien, perfecto, quédate aquí si quieres, pero la que se va de aquí soy yo.

— No puedes dejarme así, convaleciente. ¿Quién me va a atender? Mira cómo estoy, tengo un brazo enyesado por culpa de tu doctorcito. Así no puedo trabajar. ¿Cómo voy a hacer para comer? Todo esto es tu culpa. Si no hubiera sido por este imbécil, no estaría incapacitado.

— Eres el colmo del cinismo. No puedo creer que me estés diciendo esto. Es mejor que te vayas a vivir con Betty. ¡Total! Ya llevabas un año viviendo con ella, así que claramente puedes irte a su casa. Y el divorcio te lo voy a dar para que termines casándote con ella, tengas hijos y sean muy felices, pero lejos de mi vida.

Diego, no dudó en hundir aún más a Iván:

— Por lo de los hijos no tiene que esperar mucho tiempo, porque ya Betty trae uno en camino.

Rebeca se quedó fría, no se esperaba algo así. Iván estaba furioso, a él no le convenía que Rebeca supiera la verdad.

— ¡Cállate, imbécil! — le dijo Iván. —esto no es asunto tuyo.

Iván sentía ganas de brincarle encima, pero estaba muy adolorido; además, tenía el brazo enyesado y la herida en la cabeza lo limitaba aún más. Por su parte, Rebeca estaba conmocionada, llena de emociones inexplicables. Recordó a su hija Ivanita y pensó que ese niño que iba a nacer sería el medio hermano de su hija. Se le vinieron a la mente un montón de pensamientos que no sabía cómo procesar, hasta que dijo:

— ¿Qué has dicho, Diego Armando? ¿Betty está embarazada? ¿Es eso cierto?

— Eso no es verdad, Rebeca. ¿Cómo le vas a creer a este imbécil si ni siquiera conoce a Betty? Por favor, ¿acaso no te das cuenta de que lo está haciendo solo para que me odies?

— ¡Basta, Iván! ¿Cuándo vas a comenzar a ser un hombre de verdad? ¿Cómo es posible que niegues algo así? Yo mismo atendí a Betty y le hice todos los estudios cuando se desmayó en mi clínica, y los resultados mostraron que ella está embarazada. ¿O me vas a decir en mi propia cara que es mentira?

Iván se acercó a Rebeca sin contestarle a Diego Armando y le dijo:

— Rebeca, por favor, no le creas nada de lo que está diciendo. Eso no es verdad. Además, si ella está embarazada, lo más seguro es que ese hijo no sea mío.

Rebeca lo miró de una forma tan peculiar como jamás lo había hecho; estaba llena de odio, dolor y rabia, y tenía sentimientos encontrados. Recordó las veces que, en medio de numerosas discusiones, Iván había tenido el atrevimiento de insinuar que Ivana no era su hija, ofendiendo a Rebeca y sugiriendo que ella había sido infiel.

(…)

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