El renacer de Rebeca Cap. 30 El embarazo 

La verdad salió a la luz

Betty estaba en shock. No podía creer que Iván no le hubiera dicho nada a Rebeca sobre la relación que tenían. No podía aceptar que había estado engañada durante tanto tiempo. Confiaba demasiado en él; estaba tan ciega como lo había estado Rebeca cuando vivía con él.

—¿Cómo? ¿Iván, tú no le has dicho nada a Rebeca? ¿Es en serio? No puedo creer que hayas estado viviendo conmigo durante un año y seas capaz de ocultarlo. —decía llorando llena de impotencia. — ¿Qué clase de hombre eres? ¿Y los planes de boda? Teníamos planes para casarnos. ¿O me vas a decir que eso también es mentira?

Iván se encontraba entre la espada y la pared. No quería perder la única oportunidad que tenía de regresar con Rebeca y, además, quería liberarse del compromiso que tenía con Betty. No deseaba casarse con ella; se sentía renuente a atarse a una mujer de la cual no estaba enamorado. Ya había pasado por eso con Rebeca y no estaba dispuesto a repetir la misma historia. Además, sentía la presión de los padres de Betty para que trabajara y mantuviera a su hija, algo que no estaba dispuesto a hacer bajo ninguna circunstancia. Era mucho más fácil seguir viviendo al lado de Rebeca, quien siempre lo había mantenido. Sin embargo, lo que Iván no había asimilado aún, era que Rebeca ya no era la misma mujer que había dejado un año atrás.

—Betty, yo… la verdad es que todo entre nosotros fue demasiado rápido. Estoy muy confundido.

Betty palideció; no podía creer que Iván le estuviera haciendo semejante canallada.

—Pero sabes que mis padres están esperando a que tú te divorcies. ¿Qué les voy a decir? Por Dios, no me puedes hacer esto.

En ese momento, Betty comenzó a sentirse mal. Se puso pálida, le costaba respirar y comenzó a tambalearse. De pronto, se desplomó en el piso y perdió el conocimiento, ante la mirada sorprendida de todos.

Todos gritaron asombrados. Diego Armando fue el primero en acercarse a ella para saber qué le pasaba.

—Ay Dios mío, ¿pero qué le pasó? —preguntó Rebeca, sorprendida.

Diego Armando enseguida dijo en voz alta:

—¡Rápido, una camilla! Esta mujer se desmayó.

Un enfermero corrió a ayudar a Diego Armando a subirla en la camilla, mientras Iván observaba todo en shock, sin decir nada. Rebeca estaba desconcertada por lo que estaba sucediendo, y Sandra solo observaba en silencio, dándose cuenta de lo canalla que era Iván y de lo que era capaz de hacer. Definitivamente, era un hombre temible por lo falso que era en su proceder.

Rebeca se acercó a Iván y le dijo:

—Eres un canalla. No puedo creer que hayas sido capaz de hacer esta barbaridad. ¿Cómo tienes el descaro de aparecerte después de un año y hacerte el ofendido porque me encontraste con Diego Armando? Y resulta que tú estabas viviendo con una mujer que encima era la maestra de nuestra hija Ivanita. ¡No puedo creerlo! ¡Eres un cínico!

—Rebeca, por favor, no es lo que tú piensas. ¡Rebeca! ¡Espera, por favor! No me dejes así.

Rebeca se fue molesta, dejando a Iván en la recepción de la clínica. Él se cansó de llamarla, pero ella estaba demasiado indignada después de haberse enterado de la verdad. Sandra se había quedado allí viendo todo, completamente sorprendida y sintiendo pena por Rebeca. Era consciente de que no se había portado bien con ella, y al ver lo que estaba pasando, sintió que Rebeca no merecía que la traicionara pretendiendo tener algo con Diego, sabiendo que ella también estaba enamorada de él.

(…)

Después de dos horas…

—¿Cómo se siente? —le preguntó Diego Armando a Betty, que ya estaba despertando del desmayo que había tenido en la salida de la clínica.

Ella miró a su alrededor y luego le dijo:

—¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy?

—Tranquila, estás en buenas manos. Estás en mi clínica. Te desmayaste en la salida cuando discutías con la joyita de Iván —dijo de forma sarcástica.

En ese momento, Betty recordó lo que había pasado. Se sentía muy mareada y un poco desorientada.

—Sí, ya recordé… ¿Pero por qué me desmayé? No entiendo. De pronto vi todo negro y no supe más de mí.

—En tu estado, es muy normal que haya pasado esto —le respondió Diego Armando, mientras ella lo miraba con sorpresa.

—¿En mi estado? ¿Pero qué quiere decir con eso?

—Pues está muy claro el resultado de los exámenes. El desmayo es normal porque estás embarazada.

Betty abrió los ojos sorprendida; no podía creer que lo que le estaba diciendo Diego Armando fuera verdad.

—¿Pero qué está diciendo? ¿Embarazada? ¿Está usted seguro? ¿No se tratará de un error? Esto no me puede estar pasando a mí en estos momentos, después de descubrir que Iván es un canalla.

—Déjeme decirle que no se trata de ningún error. Como no despertaba del desmayo, le tomamos una muestra de sangre para realizar algunos estudios y descartar cualquier situación anormal. Los resultados nos dieron la respuesta de inmediato: efectivamente, usted tiene, sin lugar a dudas, seis semanas de embarazo.

—No, no puede ser. Por más que lo pienso, no lo puedo aceptar. ¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Cómo le digo a mis padres que estoy embarazada? Y más ahora que Iván no quiere darle el divorcio a Rebeca. Todo esto me parece una pesadilla.

El destino comenzaba a hacer de las suyas y cambiaba por completo los planes de Iván de regresar con Rebeca.

(…)

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