El renacer de Rebeca Cap. 20 La incomodidad de Sandra 

Después de una jornada de trabajo en donde Diego había estado bastante incómodo con la aparición de Iván, había llegado la hora del almuerzo y Rebeca estaba ya lista para salir a comer con Sandra como lo hacían todos los días.

Ellas almorzaban en el cafetín de la clínica donde había un área especial para los empleados.

— ¿Estás lista Rebeca? Porque yo estoy hambrienta. —le dijo Sandra mientras tomaba su bolso.

— Sí, ya nada más guardo estos informes médicos de los pacientes de emergencia y podemos ir a almorzar.

Cuando Rebeca terminó de guardar las historias en el archivo, justo en ese momento entró Diego Armando y se dirigió a Rebeca sonriendo:

— Rebeca, quería saber si ya vas a almorzar.

— Sí Diego Armando, solo guardo estas historias y me voy con Sandra al cafetín. ¿Por qué? ¿Necesitas algo?

— Sí, es que me gustaría invitarte a almorzar, es que quiero que hablemos lo de tu divorcio. Tengo un amigo que puede ayudarte con ese asunto rápido.

Rebeca se sorprendió, no se esperaba esa invitación tan repentina. Sandra se sintió un poco aludida y fuera de lugar, porque en todo el tiempo que ella tenía conociendo a Diego Armando, jamás la había invitado ni siquiera a tomar un café.

Rebeca se puso nerviosa, miraba a Sandra y al mismo tiempo a Diego, no sabía qué hacer:

— Lo que pasa es que justo en este momento iba a salir a almorzar con Sandra.. pero…

— Por mí no se preocupen — dijo Sandra— yo acabo de recordar que tengo que hacer algo importante, por mi no se preocupen, yo iré a comer después.

Rebeca se sintió muy incómoda, no quería dejar a su amiga, estaba muy acostumbrada a almorzar con ella todos los días y el hacerlo ahora con Diego Armando la ponía realmente muy nerviosa, sin embargo, no le quedó otra alternativa que aceptar su invitación.

— Bueno está bien, si Sandra tiene que hacer algo, entonces no hay problema voy contigo a almorzar.

— Perfecto, entonces vamos, te voy a llevar a un lugar que te va a encantar.

Ambos se fueron mientras Sandra los observaba con una expresión que denotaba su incomodidad, ella se había sentido menospreciada y además no entendía el por qué no la había invitado también al almuerzo si él sabía perfectamente que entre Rebeca y ella no existían ningún tipo de secretos.

Eso fue un golpe bajo para Sandra, ella sentía que Rebeca le había fallado en no haberle dado su lugar como su mejor amiga. Se sintió fuera de lugar, mientras veía como se alejaban sonrientes, pensó:

“Ni siquiera se molestó en invitarme por educación, y encima Rebeca se fue de lo más campante sin importarle dejarme sola, hay que ver que el mundo está lleno de gente malagradecida”

(…)

Rebeca y Diego Armando, llegaron a un restaurante bastante lujoso, era un sitio realmente muy concurrido y además muy prestigioso, la comida era excelente y Rebeca estaba maravillada.

— Pero qué restaurante más hermoso, creo que exageraste en que viniéramos aquí, pensé que iba a ser un almuerzo un poco más informal.

— Creo que este nuevo cambio de imagen merece un sitio como este que esté a tu altura y en donde puedas lucir tu belleza.

Rebeca se sonrojó, no estaba acostumbrada a recibir tantos halagos, era la primera vez que un hombre la trataba de una forma tan especial. Ella estaba en las nubes, miraba todo a su alrededor; no podía creer que estuviera en un sitio tan hermoso al lado de un hombre tan especial como Diego Armando.

(…)

Horas después…

El almuerzo había sido realmente estupendo, Rebeca y Diego Armando sin darse cuenta se habían pasado de la hora de almuerzo, ya tenían que regresar a la clínica pero estaban tan a gusto conversando y riendo, que no se dieron cuenta de lo tarde que era.

— ¡Dios mío! Mira la hora que es, Sandra debe estar furiosa conmigo porque ya debería estar ayudándole con los pacientes de rehabilitación. — dijo Rebeca exaltada mientras miraba el reloj.

— La verdad es que se nos ha pasado el tiempo volando, es que realmente tu compañía ha sido muy reconfortante Rebeca.

Rebeca se puso nerviosa, no sabía que responderle, ella sentía lo mismo, estaba emocionada, sin embargo, solo se limitó a decir:

— Diego, creo que es mejor que pidas la cuenta y regresemos a la clínica, llevamos tres horas aquí.

— ¿Y cuál es el problema? Estás almorzando nada más y nada menos que con el dueño de la clínica, es decir, con tu jefe. Así que no tienes nada de que preocuparte, estás conmigo. — le dijo mientras la tomaba de la mano y la miraba poniéndola aún más nerviosa.

Rebeca tenía las manos heladas, no quería que él se diera cuenta de lo nerviosa que estaba y enseguida separó su mano de la suya, intentando controlarse.

Definitivamente algo estaba naciendo entre ellos, era algo inexplicable porque tenían prácticamente un año trabajando juntos y nunca había existido un acercamiento o una muestra de afecto entre ellos, pero el cambio de imagen de Rebeca tenía a Diego realmente fascinado.

Tal vez estaba naciendo entre ellos un amor que no esperaban….

(…)

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