El renacer de Rebeca Cap. 16 La nueva Rebeca 

Rebeca y Sandra estaban contentas porque habían cobrado su quincena, era uno de los momentos que más disfrutaban, ya que ganaban muy buen sueldo, pero de la misma forma trabajaban duro durante todo el mes.

Mientras se cambiaban en el vestidor Sandra se acercó a Rebeca diciéndole:

—Qué bueno que hoy hemos salido temprano, ¿qué te parece si nos vamos de compras?— Rebeca le respondió con apatía: —si quieres ve tú, pero la verdad es que yo estoy demasiado cansada y lo que quiero es llegar a casa y acostarme a dormir temprano.

—Por favor, Rebeca, no puedes seguir viviendo así, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, tienes que pensar un poco en ti. Mira lo cambiada que estás, ya es tiempo de que comiences a comprarte ropa y zapatos para que puedas lucir esa nueva figura. — le dijo mientras caminaba a su alrededor observándola . —Creo que ya es hora de que comiences a lucir totalmente diferente. Has hecho un sacrificio durante un año bajando de peso, y siempre estás vestida con ese uniforme.

Rebeca escuchaba a Sandra hablar y al mismo tiempo se miraba en el espejo del baño, observando su figura mientras se arreglaba el uniforme, pero no veía nada malo en ella. Sentía que como lucía se veía bien y que no necesitaba hacer más cambios en su imagen, de los cuales no tenía el más mínimo ánimo de hacerlo. —Pero yo me veo bien, no comprendo por qué te empeñas en que siga cambiando; creo que estoy en el peso ideal y es suficiente.

—Pero Rebeca, por Dios, ¿Acaso no piensas en verte un poco más coqueta? Pasas todo el día con el uniforme de la clínica, no te maquillas, no te sueltas el cabello y mira nada más cómo tienes esas manos, las uñas sin arreglar. Por favor, Rebeca, necesitas un cambio de imagen urgente.

—Ay, Sandra, sabes perfectamente que yo no estoy en condiciones para estar pendiente de esas cosas.

—Pero no puedes quedarte a vivir eternamente así, amargada. Eres una mujer joven y estoy completamente segura de que todavía estás a tiempo de encontrar el amor de tu vida.

Rebeca la miró y enseguida le dijo: —no quiero en mi vida a ningún otro hombre, creo que ya fue suficiente con todo lo que viví al lado de Iván.—

—Pero no puedes negarte a darte una oportunidad en el amor. Eres una mujer muy atractiva, Rebeca, y ahora que has llegado a tu peso ideal, creo que deberías al menos arreglarte un poco más para que te sientas bien contigo misma, no necesariamente para lucirle a alguien más. Estoy hablando de que intentes hacerlo para que te sientas mejor al mirarte al espejo y verte arreglada, perfumada y mucho más coqueta. Eso, sin lugar a dudas, te levantaría el autoestima.

Rebeca escuchaba a Sandra atentamente mientras se miraba al espejo. Ella sabía que su amiga tenía razón, solo que estaba todavía muy deprimida por la ausencia de su hija. A pesar de que había podido salir adelante y comenzar a trabajar gracias a la ayuda de Diego Armando, ella en el fondo estaba muy lastimada por todas las cosas que había tenido que vivir.

No tenía ilusiones de nada y mucho menos de pensar en enamorarse de nuevo. Sin embargo, se sintió entusiasmada con lo que le estaba diciendo Sandra. Ella vivía sola en aquel apartamento que había compartido tantos años con Iván. Después de salir del trabajo, no tenía otra cosa más importante que hacer, así que pensó que tal vez era buena idea hacer algo diferente que la hiciera sentir mejor. Por lo que, sin pensarlo dos veces, le contestó a Sandra: —bueno, creo que tienes razón, todavía es temprano y la verdad es que no tengo muchas ganas de llegar aún al apartamento, está bien, vámonos de compras.

—Así se habla, amiga, qué bueno verte con esa actitud. Entonces no perdamos más el tiempo y vamos a recorrer todas las tiendas de la ciudad, pero antes, vamos a hacer una parada en el salón de belleza. Es que deseo que te hagas un cambio de look radical, ya vas a ver cómo te vas a sentir mejor contigo misma.

Ambas salieron de la clínica muy entusiasmadas a lo que sería el nuevo cambio de look de Rebeca. Ella tenía mucha emoción en poder ayudar a su amiga y hacer que esta cambiara totalmente su aspecto físico. Ya había adelgazado todos los kilos demás que tenía y ahora solo le quedaba retocarse un poco más para verse completamente diferente.

El resto del día, Sandra la llevó al mejor salón de belleza de la ciudad. Allí le hicieron un cambio radical de look, le cortaron el cabello haciéndole un peinado realmente espectacular. Además, Rebeca tenía un cabello realmente hermoso, solo que nunca se tomaba la molestia de arreglarse, justamente por el desgano que sentía cada vez que se miraba al espejo y se veía obesa. En el salón de belleza se encargaron de ponerla realmente hermosa. Le hicieron una limpieza de cutis, la manicure, pedicura, un masaje en todo el cuerpo, corte y secado de cabello, y para cerrar con broche de oro, un hermoso maquillaje muy natural donde le destacaron sus rasgos más prominentes. Definitivamente, Rebeca se veía totalmente espectacular.

—Dios mío, no puedo creer lo que están viendo mis ojos—, le dijo Sandra cuando vio a Rebeca totalmente lista. Se veía realmente hermosa, su cabello, las uñas de las manos y los pies, todo sin excepción, se le veía completamente espectacular.

Rebeca no se había mirado aún al espejo, ya que estaban terminando de retocar parte de su cabello. Ella estaba ansiosa por verse y saber cómo había quedado, aunque a decir verdad, por la forma como Sandra se había expresado al verla, se imaginaba que el cambio había sido realmente bastante favorable. Todos en el salón de belleza estaban fascinados en verla, estaba radiante.

—¿En serio quedé bien, Sandra? ¿No estás exagerando?— Sandra la miraba con la boca abierta, estaba totalmente impresionada porque no podía creer que tenía enfrente a la misma Rebeca que ella conocía de toda la vida. Ella la miró y le respondió entre lágrimas:

—Rebeca, amiga, de verdad tienes que verte en el espejo y te darás cuenta que no son exageraciones mías. Has quedado realmente hermosa, te hicieron un trabajo impecable, tus ojos, las cejas, cabello, en realidad todo sin excepción ha quedado espectacular.

—Bueno, creo que ya llegó la hora de verme, necesito saber si todos esos elogios que me estás diciendo son realmente verdad.

La estilista que había arreglado a Rebeca había terminado con los últimos retoques del maquillaje y enseguida volteó la silla, haciendo que Rebeca cerrara los ojos antes de que ella terminara de ponerla en frente del espejo. Sandra, emocionada y secándose las lágrimas que corrían por su rostro llena de emoción, enseguida le dijo: —¿Rebeca, ya estás preparada para verte?

—Sí, la verdad es que estoy muy nerviosa, pero al mismo tiempo muy ansiosa de verme.

—Muy bien, Rebeca, a la cuenta de uno, dos y tres, ¡puedes abrir los ojos!

Rebeca abrió los ojos mientras se miraba al espejo, se quedó totalmente impactada, sin poder creer lo que estaba viendo. Ella tenía ante ella una imagen de una mujer totalmente hermosa, se veía diferente, era realmente otra persona, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Rebeca no aguantó la emoción y enseguida comenzó a llorar. No podía creer que hubiera estado por tantos años atrapada en un cuerpo con el que no se sentía bien. No estaba feliz y además tuvo que lidiar con todo el maltrato psicológico y físico al que la había sometido Iván. —Dios mío, no puedo creerlo, ¿esta soy yo? Es que no puede ser que esa mujer que veo en el espejo sea yo.

Rebeca no pudo evitar aguantar las lágrimas, estaba totalmente en shock al verse en el espejo tan cambiada, era totalmente otra persona. Sandra se acercó a ella mientras la abrazaba con todas sus fuerzas. —Amiga, esta eres tú, una hermosa mujer que siempre estuvo atrapada en su propio miedo y por eso nunca viste en realidad el valor que tienes como mujer.

Rebeca se veía hermosa; pero no era solamente el cambio de look el que la había hecho verse hermosa, su belleza se debía al haber encontrado en gran medida el amor propio. Había recuperado su autoestima y desde el mismo momento en el que decidió dejar la relación con Iván, la cual le hacía muchísimo daño, su vida comenzó a cambiar por completo. Se convirtió en una mujer empoderada, segura de sí misma y, sobre todo, comenzó a darse cuenta del valor tan grande que tenía como mujer. Por supuesto, ahora se sentía mucho más segura al ver su cambio físico.

—Bueno, amiga, pero este cambio de look no ha terminado aquí. Ahora tenemos que ir a comprar ropa nueva que combine con esa nueva imagen que acaba de darte la estilista—, le dijo Sandra muy entusiasmada.

—¿Cambio de ropa? Pero, ¿cómo? ¿Y qué me voy a comprar? Es que no tengo la menor idea de lo que pueda quedarme bien. Nunca he pensado en mi, Todo lo que yo compraba era para… bueno… es que yo—. Rebeca se quedó callada y no pudo terminar de hablar cuando recordó a su pequeña hija, Ivanita.

—¿Pero Rebeca, por qué te has puesto así? ¿Qué te pasa? Hace un momento estabas tan contenta y de pronto la sonrisa se te desvaneció por completo. No te pongas así, se te va a dañar el maquillaje con las lágrimas.

Rebeca trataba de reponerse mientras respiraba profundo. Ella se sentía demasiado triste porque, en el fondo, a pesar de haber retomado su vida nuevamente, no podía olvidar el dolor que le causaba la ausencia de su pequeña hija, Ivana. La estilista que había maquillado a Rebeca enseguida tomó una pequeña servilleta y comenzó a secarle las lágrimas para así evitar que se le dañara el maquillaje.

Rebeca suspiró mientras le decía a Sandra: —La verdad es que me causa mucho dolor recordar a mi hija. Ella era todo para mí, y siempre que salíamos de compras lo hacía únicamente para ella. Quería que se viera como una princesa, me esmeraba mucho en que nada le faltara, en verla siempre bien vestida. Hacía todo lo posible de complacerla en lo que estaba a mi alcance, porque como bien lo sabes, Iván nunca se ocupó de ella.

Sandra no pudo evitar llorar al escuchar las palabras de Rebeca. Definitivamente, ella aún necesitaba más ayuda para poder superar todo el dolor por el que había pasado. El cambio de su imagen no había sido suficiente, pero sin embargo, Sandra quería hacer todo lo posible para que ella comenzara a vivir una vida normal como cualquier mujer de su edad, porque Rebeca era una mujer joven y tenía un futuro por delante. Ella había tenido a Ivanita cuando era prácticamente una adolescente, así que todavía tenía un futuro por delante por vivir y también existía la posibilidad de que encontrara el amor de su vida y volviera a tener otro hijo.

—Rebeca, amiga, no tienes nada que agradecerme. Tú eres para mí como una hermana y te quiero muchísimo. Deseo desde el fondo de mi alma que logres sanar tu corazón de tantas heridas que tienes aún abiertas. Pero bueno, no dañemos este momento recordando cosas tristes. Estoy segura de que Ivanita, esté donde esté, quiere verte feliz y sonriendo.

—Tienes razón amiga. —dijo secándose las lágrimas.

—Bueno, vamos a cambiar esa cara y vamos a comprar ropa para que puedas lucir este look y te sientas una mujer totalmente renovada. Y a partir de ahora, ya olvídate de usar ese uniforme horrendo que te dio Diego Armando. Él lo hizo solo en vista de que no tenías suficiente ropa y estabas pasada de peso, pero ya ese uniforme te queda gigante y además está horrendo.

—¿Qué cosas dices, amiga? Pero bueno, está bien, vamos a comprar esa ropa de la que tanto me hablas. La verdad es que ya tengo ganas de no ponerme más ese uniforme tan horrendo. En eso tienes toda la razón, pero le agradezco tanto a Diego Armando el que me haya dado trabajo y al mismo tiempo me haya ayudado a seguir adelante. Definitivamente es un hombre maravilloso, dichosa la mujer que logre conquistar su corazón.

Rebeca lo dijo de una forma tan especial que llamó la atención de Sandra. Se le iluminó el rostro y le brillaban los ojos cuando dijo su nombre, y eso no era muy común en ella, así que Sandra le preguntó muy suspicazmente: —hablas con mucha admiración de Diego Armando, ¿verdad que es muy atractivo?

Rebeca palideció ante la pregunta de Sandra y enseguida le contestó: —¿Atractivo? La verdad es que yo no me he fijado en eso. Hablo de todas las cosas buenas que ha hecho por mí, justamente a eso me refiero. Por lo demás, la verdad es que no me he fijado en ese detalle.

Era evidente que solo estaba disimulando ante Sandra, ya que no quería que ella descubriera que sentía cierta atracción hacia Diego Armando desde hace tiempo. Además, a pesar de que sabía que era un hombre muy atractivo y que no le era del todo indiferente, ella en el fondo había cerrado la posibilidad de volver a enamorarse y, justamente, porque no quería volver a sufrir de nuevo.

Pero Sandra enseguida se dio cuenta de que Rebeca estaba fingiendo, porque era inevitable que una mujer no se pudiera dar cuenta de lo bello y atractivo que era Diego Armando. —Ay, amiga, eso no te lo puedo creer. ¿Me vas a decir a mí que no te has dado cuenta de lo bello y atractivo que es Diego Armando? Ese hombre es un cuero, todas las mujeres en la clínica están que se derriten por él, ¿o me vas a decir que tampoco te has dado cuenta de eso?

Rebeca enseguida se puso nerviosa. Ella no quería hablar de hombres ni nada que se le pareciera. Además, sentía demasiada repulsión de tan solo imaginarse volver a estar con alguien que la hiciera sufrir de nuevo.

—Bueno, bueno, bueno, ya cambiemos el tema, Sandra. Es mejor que continuemos con el plan de ir a comprar ropa nueva y ya dejemos a un lado esa conversación que en realidad no me interesa. Quiero aclararte que yo no voy a volver a enamorarme de ningún otro hombre. Para mí, el amor se terminó desde el mismo momento en el que terminé mi relación con Iván.

Sandra se quedó callada, en el fondo comprendía su reacción, había sufrido mucho al lado de Iván, pero precisamente porque junto a él, no pudo conocer el verdadero amor.

(…)

Respuestas