El peonaje y esclavismo en la América española.

Las circunstancias tanto del colonialismo español como el británico resultan completamente diferentes. Mientras los primeros contaron con la suerte de encontrar territorios con una gran población indígena que vivían en estructuras sociales por las cuales podían dominarlos y además de encontrar grandes depósitos de plata, los segundos tuvieron que enfrentar una situación hostil con un territorio poco poblado y tribus que constantemente los atacaban, siendo obligados a conseguir fuentes de mano de obra.

Si bien los españoles tenían como limitante para el trato con los indígenas las disposiciones de los Reyes Católicos que evitaban que fueran reducidos a la esclavitud, había situaciones que sí permitían tomarlos como esclavos mediante la regla de la “guerra justa”. Esta última estaba justificada si los infieles actuaban hostilmente a la expansión de la cristiandad. Por lo tanto, antes de atacar se procedía a leer el “requerimiento”, donde se solicitaba su rendición y sumisión a la corona, y en caso de ser atacados, se daba pie a un acto de guerra.

Esta artimaña fue denunciada por fray Bartolomé de las Casas como una excusa de los conquistadores para poder esclavizar a los indígenas sin que nadie se los impidiese. Carlos I reforma esta disposición para obstaculizar su práctica, pero la realidad es que se siguió manteniendo en los territorios fronterizos con los pueblos indígenas aún independientes, como el norte de México o Chile.

Para tratar de seguir las reglas establecidas, los españoles tuvieron que usar otras figuras para poder hacerse de la mano de obra indígena. Apareció la figura de la encomienda, donde al conquistador se le asignaba un cierto número de poblaciones a las cuales debía proporcionar tanto protección como lo necesario para su evangelización. A cambio, recibía tributo en especie o el trabajo de determinados miembros de las comunidades para servirle.

Esta figura terminó por agotarse debido a una serie de circunstancias. Entre ellas, la despoblación ocasionada por las epidemias que dejaron a las comunidades muy mermadas, el hallazgo de los yacimientos de plata que hacía prescindible la figura del encomendero, y las denuncias de los religiosos sobre los malos tratos dados a los indígenas, propiciando con ello la supresión de esta figura, con excepción de algunos lugares como Yucatán.

Es así como el sistema colonial español combinaba tanto cuotas de trabajo forzoso de las comunidades como el trabajo asalariado libre para poder mover la dinámica económica de los reinos americanos. Sin embargo, los españoles se veían “incapaces” de realizar trabajos de servidumbre en sus dominios y, a su vez, impedían la llegada de migrantes de otras naciones europeas. Por lo tanto, tuvieron que recurrir al mercado de esclavos africanos para llenar estas deficiencias.

Para el siglo XVI, los reinos peninsulares no eran ajenos al uso de esclavos africanos como servidumbre. Se sabe que tanto Portugal como Andalucía poseían una población considerable de moros y africanos, por lo que estuvieron presentes desde los primeros momentos de la conquista de América, como se ve en la autorización del rey Fernando para llevar 50 esclavos a trabajar en las minas de oro de la isla La Española. Esto aumentó con la llegada de Carlos I y las prebendas otorgadas a su séquito flamenco para vender esclavos, como la dada a Laurent de Gorrevod.

Las primeras generaciones de esclavos estaban plenamente hispanizados y cristianizados al provenir directamente de la península. Sin embargo, a partir de la concesión Gorrevod, se dio autorización para el traslado de “asientos de negros” directamente de África a América, sin haber recibido un proceso de hispanización previo.

A partir de 1550, se sabe de la entrada de cerca de 15,000 esclavos a las Indias y hasta 1595 entraron otros 36,300. Hay que considerar que estas cifras pueden ser más abultadas si consideramos a los llegados por contrabando. Para finales del siglo, se dio concesión al portugués Pedro Gomes Reinel, quien importaba esclavos desde Angola. Llevó aproximadamente cerca de 80,500 esclavos para los territorios españoles y otros 50,000 para Brasil.

Los comerciantes portugueses obtuvieron una gran ventaja en el mercado a partir de la fusión dinástica en la figura de Felipe II. Podían llevar esclavos de sus dominios en África a las colonias españolas sin restricciones, quitándoles el mercado a los genoveses. De 1595 a 1640, se estima que ingresaron entre 250,000 a 300,000 esclavos. Entre los principales puertos de llegada se encontraban Cartagena, donde llegaron la mitad de los reportados legalmente, seguido por Buenos Aires para llevarlos a Perú, Santo Domingo, La Habana y Veracruz.

Este ingreso de esclavos se manifestó en la diversificación poblacional de las ciudades indianas. Llegaron a ocupar el 25% de la población de las principales ciudades como México y Lima, convirtiéndose su posesión en un signo de estatus para las élites coloniales. Manifestaba el poder adquisitivo del potentado el poseer su propia plantilla de esclavos para el servicio de sus hogares o de sus haciendas.

El grado de presencia de la mano de obra esclava variaba según los lugares. La industria azucarera era la que requería más su presencia al localizarse en lugares cálidos donde los indígenas habían desaparecido por las enfermedades. Tenía una gran presencia tanto en las fincas novohispanas como peruanas, pero sobre todo serían la gran mayoría de la fuerza de trabajo en el Caribe.

A pesar de que su presencia servía para aliviar la carga de trabajo indígena, la realidad fue que resultaba muy costoso tener una cuadrilla de esclavos o trabajadores libres afrodescendientes. Sin embargo, eran usados para determinados trabajos dentro del campo laboral. Por lo tanto, su presencia variaba entre un 10 a 25%, y la mayor parte estaba compuesta de indígenas y mestizos.

Para 1640, se calcula que la población de esclavos africanos en las Indias era de 180,000, de los cuales 150,000 estaban en la Nueva España, 30,000 en el virreinato de Perú, y de ellos, 20,000 residían en Lima, integrándose plenamente al modelo de vida hispanoamericano.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: John Elliot. Imperios del Mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830).

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Imagen: Protocolo Notarial del escribano de Vejer de la Frontera, Alonso González Olmedo, en el nº 163, del año de 1625. Fuente: https://www.facebook.com/ahp.cadiz/posts/pfbid02eTmDiYMiWNH1TrVHF6XvoBHxthdgWYZXiaYUCJKvzWEPBzJffqrJ2qLnmgwdBgWGl

esclavo espanola 1

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