El nuevo mandato moral del urbanismo. Del plano al propósito.  

Por Carlos Baquero.  

La pandemia de marzo de 2020 redefinió drásticamente el tablero urbano, obligando a las ciudades a replantear su ruta técnica y estratégica.  

La consecuencia inmediata fue el auge de nuevas miradas urbanísticas que buscan reducir la movilidad, revalorar la cercanía y priorizar la vida en comunidad.  

En este contexto, la ciudad de los 15 minutos ha pasado de ser un concepto a una tendencia global.  

Este modelo propone una vida urbana donde el ciudadano puede acceder a las siete funciones esenciales —vivir, trabajar, aprovisionarse, cuidarse, aprender, divertirse y descansar— en menos de un cuarto de hora desde su hogar.  

Lograr esta visión exige un cambio fundamental en la manera en que se planea. La planeación territorial ya no puede ser un ejercicio frío y vertical, sino que debe evolucionar hacia el crono-urbanismo, poniendo el tiempo humano en el centro. 

Esto implica planificar la vida urbana atendiendo a ritmos y vínculos comunitarios, articulando cuatro principios esenciales: proximidad, diversidad, densidad y ubicuidad. 

Si bien este enfoque enfrenta retos estructurales significativos en países como Colombia, marcados por la segregación social y la débil infraestructura, establece el horizonte hacia el que debe caminar la planeación local.

Este cambio de enfoque exige una nueva ciudadanía, más crítica y activa, que reclama participar en la definición del espacio que habita.  

La planificación ha dejado de ser un asunto exclusivo de técnicos y alcaldes; ahora requiere una conversación colectiva. 

Según el Banco Mundial, la ruta a seguir es clara: planificar con la gente, no para la gente.  

Esta planeación participativa no es solo un imperativo ético, sino también una herramienta vital para la legitimidad.  

El nuevo orden territorial que se avecina debe edificarse con una ciudadanía informada e incluyente, construyendo desde el territorio y no desde el escritorio.  

Como afirma el autor, el nuevo mandato moral se resume en: es con nosotros, por nosotros y para nosotros”.  marcando el paso del urbanismo de planos al urbanismo de propósitos.  

El futuro de nuestros territorios dependerá de la capacidad de articular técnica, ética y participación.   

El desafío de los gobernantes no es construir más ciudades, sino construir mejores ciudadanías, conscientes y partícipes de su destino.  Solo así las ciudades se convertirán en proyectos humanos, como el proyecto Venus y Klauss scwab hablaba en su último libro la cuarta revolución industrial.   

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