El Nican Mopohua.

Uno de los textos fundamentales dentro del relato guadalupano es, sin duda, el Nican Mopohua, atribuido al cacique indígena Antonio Valeriano. Sin embargo, el hecho de que no se haya encontrado el documento original y que se haya publicado de forma pública hasta 1648 ha desatado el debate en torno a su autenticidad y autoría. Durante esos años, la sociedad novohispana mostró un gran interés por confirmar la veracidad de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

En este contexto, hay dos bandos con respecto al Nican Mopohua. Por un lado, están los negacionistas como Jacques Lafaye, David Brading y James Lockhart. Estos estudiosos atribuyen el texto a los sacerdotes Miguel Sánchez y Luis Lasso de la Vega. Sánchez publicó en 1648 su libro Imagen de la Virgen María, madre de Dios de Guadalupe, y Lasso de la Vega publicó al año siguiente el Nican Mopohua. Según sus teorías, la forma en que fue escrito descarta que haya sido redactado por un indígena culto. En cambio, sugieren que pudo ser el mismo Lasso de la Vega quien lo escribió, basándose en el trabajo de Sánchez y en sus conocimientos básicos de la lengua náhuatl.

Por otro lado, quienes respaldan la historicidad del texto incluyen a investigadores mexicanos como Edmundo O’Gorman, Miguel León Portilla, Ernesto de la Torre Villar, Rodrigo Martínez Baracs y Francisco Miranda. Estos académicos se han apoyado en la obra de Sánchez para rastrear la autoría de Antonio Valeriano y su procedencia de mediados del siglo XVI.

Según las notas del mismo Miguel Sánchez en su libro, para realizar su investigación se basó en varios textos parroquiales que encontró en los archivos de las iglesias, contrastándolos con los relatos de los conquistadores. Además, las críticas hechas por Jacques Lafaye y David Brading sobre el mal uso del náhuatl por parte de Luis Lasso de la Vega en su obra pueden explicarse por errores de los copistas, de los ayudantes indígenas, o del mismo sacerdote.

Lo que apuntala esta teoría es el uso de conceptos que no serían empleados por personas con mentalidad europea como Sánchez y Lasso. Un ejemplo es la frase «¿sientes bien tu precioso cuerpecito, señora mía, reverenciada hija mía?», la cual evoca los textos de los indígenas de las primeras fuentes. Asimismo, el uso de evocaciones a la «divinidad suprema», la muerte, merecimientos, destinos y disfracismos son propios del pensamiento náhuatl.

Basados en el testimonio del guadalupanista Luis Becerra Tanco de 1666, Miguel Sánchez habría recolectado sus datos de textos de egresados del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, lo cual nos dirige a la autoría de Antonio Valeriano. Se le atribuye que pudo haber escrito su texto a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII, aproximadamente cuarenta años antes que Sánchez.

Del texto de Antonio Valeriano solo sabemos de su existencia gracias a autores que lo vieron y comentaron al respecto. El primero de ellos fue el sabio Carlos de Sigüenza y Góngora en “Piedad heroyca de don Fernando Cortés”, refutando los dichos de Francisco de Florencia, quien lo atribuía a fray Jerónimo de Mendieta y señalando que estaba escrito en náhuatl. Otra mención la tenemos por parte de Luis Becerra Tanco en su “Origen del milagroso santuario de Nuestra Señora de Guadalupe”, quien supo de la obra por medio de un tío sacerdote que la vio y la atribuía a “Juan” Valeriano, señalándolo como un indio noble egresado del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

Antonio Valeriano muere en 1605, heredando su biblioteca y documentos a Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, quien realizó una traducción “parafrástica” del texto, relatando sus milagros y relacionándolo con otro texto, el Nican Motecpana. Posiblemente, Ixtlilxóchitl debió proporcionar el Nican Mopohua a Miguel Sánchez para que realizase su obra. En 1648, muere Ixtlilxóchitl y hereda su biblioteca a su hijo Juan de Alva Cortés, muy amigo de Carlos de Sigüenza, quien al morir sin hijos deja sus documentos al jesuita, quien finalmente, a su muerte en 1700, deja su biblioteca en manos de la Compañía de Jesús, siendo ahí donde se pierde el Nican Mopohua original.

Los datos que tenemos de la vida de Antonio Valeriano indican que era un indígena proveniente de Azcapotzalco y que nació hacia 1520. Aunque no pertenecía a ninguna familia noble, su inteligencia hizo que fuese seleccionado como uno de los niños educados a la usanza española en el Convento de San Francisco de México, con el objetivo de ayudar en el proceso de evangelización en sus comunidades. Esto lo llevó a continuar sus estudios en el Colegio de San José de los Naturales y, finalmente, en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

Se sabe que Valeriano fue uno de los ayudantes de fray Bernardino de Sahagún hacia 1558, de quien el fraile destacó su sabiduría y habilidad durante su investigación del mundo prehispánico. Valeriano se convirtió en uno de los primeros catedráticos de la Real y Pontificia Universidad de México, siendo reconocido por otros cronistas como Francisco Cervantes de Salazar y Juan de Torquemada.

El impulso recibido gracias a su matrimonio con la noble mexica Isabel Huanitzin, hermana de Hernando de Alvarado Tezozómoc, le permitió acceder a cargos de gobernación de las parcialidades de indios. Primero en su natal Azcapotzalco y después en los barrios indígenas de Tenochtitlan, acumulando cerca de 35 años de servicio público que terminaron con su muerte en 1605. Fue enterrado en la capilla de San José dentro del convento franciscano, asistiendo tanto los propios religiosos como la gente del pueblo.

Como el documento original está desaparecido, no sabemos en qué momento de la vida de Antonio Valeriano fue escrito. Podemos descartar el periodo cuando estuvo al servicio de Sahagún, ya que este y los franciscanos eran enemigos de la idea de la Virgen de Guadalupe, considerándola herética. Tampoco es posible que lo haya escrito bajo el encargo del arzobispo Alonso de Montúfar, porque este buscaba «españolizar» el culto popular, lo que no tendría sentido con los difrasismos sincréticos o las referencias al arzobispo franciscano Juan de Zumárraga.

Es posible que el texto haya sido escrito durante la vejez de Antonio Valeriano, a finales del siglo XVI y principios del XVII. Para entonces había desaparecido la animosidad en contra del culto guadalupano, y sus principales detractores ya habían muerto. Además, existía un sentimiento en el que la Virgen reivindicaba la identidad cultural en momentos en que la población indígena había sido mermada por las epidemias.

Así, Antonio Valeriano hizo uso de sus conocimientos de la cultura náhuatl para escribir el texto siguiendo los antiguos modelos literarios de los cantares, combinándolos a la perfección con los principios del cristianismo. De esta manera, confirió al relato una identidad completamente indígena que borraba los conflictos que se vivieron en torno a su existencia a mediados del siglo XVI.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Gisela von Wobeser. Origen del culto a nuestra señora de Guadalupe, 1521-1688.

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Imagen: Anónimo. Historia de la aparición de la Virgen Guadalupe, Lienzo. 1667. 

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