El nacimiento de San Lorenzo Tenochtitlan.

Las llanuras de la cuenca baja del río Coatzacoalcos ofrecieron las condiciones ideales para el surgimiento de una de las primeras capitales mesoamericanas. Las islas formadas por las desembocaduras de los ríos proporcionaron un entorno estratégico que permitía aprovechar los recursos de las aguas salobres de las marismas, controlar el tráfico náutico de los pantanos y protegerse de posibles enemigos. Este complejo entorno de terrenos inundados, marismas y pantanos dio origen a la isla de San Lorenzo, una formación tectónica que abarca entre 6,000 y 9,000 hectáreas, compuesta por lomeríos alargados.

De estas hectáreas, aproximadamente 2,200 permanecen libres de inundaciones, lo que facilitó la creación de tres asentamientos permanentes que, con el tiempo, conformarían la primera capital olmeca: San Lorenzo, Tenochtitlan y Loma del Zapote. Durante la temporada de lluvias, los pantanos se transformaban en un gran cuerpo de agua que favorecía la libre circulación de fauna acuática. Cuando el nivel del agua descendía, esta fauna quedaba atrapada, lo que permitía a las comunidades humanas aprovechar este recurso de manera sencilla y eficiente, consolidando su sustento en este entorno privilegiado.

Según los estudios, la isla de San Lorenzo comenzó a ser habitada hacia el 1800 a.C. debido a su posición estratégica en la región, lo que permitió a sus habitantes aprovechar plenamente el entorno. La primera aldea se estableció en el lomerío de San Lorenzo, una ubicación que ofrecía protección frente a los vaivenes de la cuenca y permitía usar las partes altas para construir viviendas, mientras los humedales cercanos eran aprovechados como fuente principal de sustento.

Las condiciones ambientales fueron óptimas para el crecimiento del asentamiento. Para el 1400 a.C., la población ascendió a aproximadamente 1,000 habitantes, de los cuales la mitad residía en la isla de San Lorenzo. El resto comenzó a construir una red de islotes artificiales en los humedales, con el propósito de estar más cerca de las fuentes de alimento, ya fueran los recursos obtenidos en los pantanos o los productos cultivados en las tierras fértiles.

Durante esta etapa, se construyeron alrededor de 35 islotes artificiales, cada uno con una altura promedio de 1.3 metros y un diámetro de 50 metros, en los humedales al norte de San Lorenzo. Inicialmente, estos islotes fueron utilizados para procesar la pesca, siendo el salado y el ahumado de los pescados prácticas esenciales para garantizar recursos en épocas de escasez. Estos alimentos procesados eran distribuidos por las élites gobernantes, quienes habitaban las zonas altas de la isla, consolidando su control sobre los recursos y fortaleciendo su posición de liderazgo.

El control de las zonas altas por parte de los gobernantes, junto con la organización de las comunidades para llevar a cabo obras de infraestructura, dio lugar al desarrollo de una parafernalia religiosa que reforzaba la legitimidad de los líderes y su conexión con un origen divino. Posiblemente relacionado con estas creencias surgió el concepto de la «montaña sagrada,» un elemento fundamental que influiría en la cosmogonía mesoamericana posterior.

Las primeras evidencias de este simbolismo se encuentran en la actividad constructiva de San Lorenzo. Durante este periodo, comenzaron a edificarse los primeros edificios monumentales, entre los que destaca un espacio hundido de 400 m², empleado para ceremonias religiosas. Además, en la cerámica de la época aparece una iconografía que representa vínculos simbólicos entre el cielo y la tierra, observable en piezas datadas tan temprano como el año 1600 a.C.

El éxito de estos primeros siglos permitió que, a partir del 1400 a.C., San Lorenzo entrara en su etapa de esplendor y se transformara en una capital regional. Este proceso implicó la superación de su principal competidor, Estero Rabón, ubicado a 12 km al oeste. El crecimiento poblacional fue notable, alcanzando cerca de 20,000 habitantes con una densidad de entre 80 y 175 personas por km². La ciudad llegó a extenderse sobre un área de 700 hectáreas, consolidándose como el centro político y religioso más importante de la región. Durante este periodo también aparecieron las primeras esculturas monumentales, que reflejaban tanto el poder como las creencias de la élite gobernante.

La consolidación de San Lorenzo como una poderosa capital regional tuvo un impacto directo en los asentamientos cercanos, que quedaron subordinados a sus intereses. Tanto Loma del Zapote como Tenochtitlán, ubicados en extremos opuestos de la misma loma, fueron absorbidos por la ciudad, permitiéndole controlar eficazmente el tráfico por los pantanos. Por otro lado, Estero Rabón, situado estratégicamente cerca del río Tatagapa, facilitaba el acceso a yacimientos de hematita, un pigmento mineral esencial para decorar los edificios religiosos.

En este contexto, las esculturas adquirieron un papel central como símbolos de estatus y poder, vinculados al culto de los ancestros de los gobernantes. La relevancia de un asentamiento olmeca estaba, en gran medida, determinada por la cantidad y calidad de sus esculturas. Hasta ahora, en San Lorenzo se han identificado 129 piezas, mientras que Loma del Zapote cuenta con 15, Estero Rabón con 8 y Tenochtitlán con solo 5. Las esculturas de San Lorenzo no solo son más numerosas, sino también de mayores dimensiones, siendo el único lugar donde se han encontrado las icónicas cabezas colosales.

Entre los objetos más significativos de la parafernalia olmeca destacan los tronos, que parecen reflejar la jerarquía de los asentamientos y su relación con la élite gobernante de San Lorenzo. El tamaño y la iconografía de estos tronos sugieren vínculos políticos y dinásticos. Por ejemplo, los tronos encontrados en Loma del Zapote y Estero Rabón, más grandes y elaborados, indican una relación más estrecha con la dinastía de San Lorenzo. En contraste, tronos más pequeños, como los de Laguna de Cerros, apuntan a una posición subordinada de sus gobernantes o a vínculos familiares más distantes con los líderes de San Lorenzo. Esto demuestra cómo la estructura política y religiosa olmeca estaba estrechamente ligada a la producción y uso de esculturas monumentales.

El concepto de la montaña sagrada, ligado al poder y legitimidad de la dinastía gobernante de San Lorenzo, se manifiesta en el aprovechamiento del entorno natural como parte integral de su ideología religiosa. Este simbolismo se evidencia en esculturas aisladas ubicadas en lugares naturales destacados, como la célebre escultura de San Martín Pajapan, localizada casi en la cima de dicho volcán. Estas ubicaciones comenzaron a transformarse en centros de culto, reforzando la conexión entre los gobernantes y el entorno sagrado.

Las relaciones iconográficas entre estas obras y las de culturas mesoamericanas posteriores sugieren que los líderes olmecas se vinculaban con el Monstruo de la Tierra, una deidad que les confería el poder necesario para gobernar. Según esta ideología, los gobernantes derivaban su autoridad de la Montaña Sagrada, considerada el origen mítico desde el cual emergían de sus cavidades conectadas con el inframundo. Este simbolismo del poder divino asociado a los elementos de la naturaleza sería adoptado y adaptado por otros pueblos mesoamericanos en los siglos posteriores.

Un ejemplo notable de estos espacios sagrados relacionados con la naturaleza es el manantial de El Manatí. En este sitio se halló una importante y rara ofrenda de objetos de madera, preservados gracias a las condiciones particulares del lugar. Desde la perspectiva de la religiosidad mesoamericana, El Manatí cumple con las características para ser considerado un axis mundi, un punto donde convergen el Cielo, la Tierra y el Inframundo. Este tipo de lugar era percibido como un nodo de comunicación entre las tres dimensiones cósmicas, reforzando su importancia religiosa y simbólica dentro del imaginario olmeca y mesoamericano.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Ann Cyphers. Las capitales olmecas de San Lorenzo y La Venta.

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Imagen:

Izquierda: Monumento 107, San Lorenzo Tenochtitlan, Veracuz, Preclasico Medio, cultura olmeca.

Derecha: Monumento 13, San Lorenzo, Veracruz, Preclásico Medio, cultura olmeca.

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