El inframundo mesoamericano.

tonina

Todos los pueblos del mundo han coincidido en la conformación de su percepción del mundo la ubicación del lugar donde iban los muertos, el interior de la misma tierra la cual por un lado hace posible la vida al brindarle el sustento y cobijo para que se logre y por otro lado la reclama una vez que se acaba para que esta vuelva a ella. En realidad se sabe poco sobre muchas de las características del inframundo mesoamericano, ya que solo contamos con algunas descripciones superficiales por parte de los religiosos sobre las ideas de los nahuas y mayas, pero de otros pueblos igual de importantes como los purépechas, mixtecos, otomíes y huastecos no recibieron la misma curiosidad por parte de los evangelizadores, por lo que se perdieron las referencias directas y tenemos que valernos de las referencias etnográficas para darnos una aproximación.

De la cultura nahua es la que tenemos más información, llegando datos sobre la multiplicidad de inframundos que había para los diferentes tipos de muertes, yendo de los que aseguraban un buen porvenir como los muertos en la guerra, en el parto, ahogados o sacrificados y el aciago destino de una muerte común como lo era el Mictlán, donde después de cuatro años de recorrido en un viaje de penurias desaparecía definitivamente el ser individual. De los mayas tenemos dos versiones, el Xibalbá de los quichés o Metnal de los yucatecos que era identificado como un barranco que servía como puerta y cuyo descenso es descrito como violento, presidido por un dios cadavérico de nombre Yum Kimi o Kizim dirigiendo las casas de tortura donde los muertos eran destrozados, y en el caso de los quichés tenemos a Vucub Camé y Hun Camé como señores del inframundo

Se le suele ubicar en el rumbo norte de los puntos cardinales la entrada para acceder al Mictlán, pero también hay referencias de la existencia de una entrada en centro o Tlaxicco, así también en el occidente se le atribuye la ubicación del Cincalco, la casa del maíz donde iban los niños y los suicidas. El viaje al Mictlán estaba dividido en 9 niveles donde les esperaba atravesar dos montañas que chocan entre sí, paramos desoladores, montañas escabrosas, enfrentarse a serpientes y a la lagartija guardiana Xochitónal, el viento que corta como navajas, atravesar el rio Chiconahuapa ayudado por un perro guía, presentarle sus ofrendas al dios Mictlantecuhtli para finalmente desaparecer. El Xibalbá o Metnal tenía el mismo recorrido aciago para los muertos, con la diferencia de que nos ofrece un panorama general con las casas de tortura donde iban desintegrando la individualidad de las almas, caracterizándose por ser un mundo habitado por objetos en putrefacción. De lo poco que nos ha llegado de los tarascos, tenemos que identificaban dos lugares reales para la entrada al inframundo, Jacona que lo relacionan con Cupantzieri, el hogar del Sol y Pátzcuaro, que tenía el nombre completo de Tzacapu-Amucutín-Patzcuaro relacionado con la oscuridad y donde se descendía al Cumiehchúcuaro.

Los señores del inframundo tenían entre sus sirvientes en la tierra a las lechuzas y búhos quienes servían como sus mensajeros en la tierra, de ahí la superstición que acosa actualmente a estas aves que las identifican como seres de mal agüero cuyo canto presagia la muerte de algún enfermo. De los purépechas nos han llegado información de que el dios del inframundo tenia a tres, uno es el topo o Uhcomo y del que se cree pudo ser la representación del propio gobernante de este, la comadreja o Atzi y la ardilla o Caranqui, de las ardillas hay una extensa tradición indígena y rural que las ven como enemigos de los campos porque se roban las cosechas y destruyen los cultivos, una de las posibles razones por las que se les da esta asociación con el inframundo. Mientras en Xibalbá, los señores del inframundo tenían cuatro búhos mensajeros, el Chabi Tukur que se caracterizaba por su velocidad, el Huracán Tukur que era un búho gigante, Cahix Tukur quien era un búho con dorso de fuego y el Holom Tukur que solo era una cabeza de búho con alas, junto a ellos está el gavilán o Voc quien servía para vigilar a los humanos

En el mundo nahua, el Mictlán estaba habitado por sirvientes que trabajaban para los señores del inframundo o mictecas, quienes fueron los que obstaculizaron el camino de Quetzalcóatl para tratar de impedir que se llevara los huesos de las humanidades anteriores para formar la nueva. Además de Mictlantecuhtli y su esposa Mictecacíhuatl, las regiones superficiales del inframundo eran gobernadas por siete señores: Ixpuxteque que significa el que tiene el pie roto, Nexoxóchitl que quiere decir la que arroja flores, Nextepehua o el que ciega con ceniza, Micapletacalli o el ataud del muerto, Tzontémoc o el que cae de cabeza, Chalmecacíhuatl o la sacrificadora y Acolnahuácatl o el de la región torcida. En Xibalbá también contaban con otros diez señores más que se identifican con las enfermedades, así como los encargados de las casas de los muertos como Balam Quitsé que supervisaba los bultos mortuorios, los guardianes de la Segunda Mansión, Ixpurpuvéc o mochuelo, Puhuyú o la lechuza y el guardián murciélago decapitador Camazotz.

Dadas estas características del inframundo mesoamericano es que los evangelizadores identificaron estos sitios con su propio infierno, ya que lejos de representar alguna clase de porvenir les esperaba un periodo donde poco a poco eran desintegrados hasta desaparecer, era la fuente de las enfermedades y la putrefacción y la presencia de alguno de sus habitantes era nefasta para los habitantes de la superficie. De igual forma también hay relatos en los que un héroe cultural que tuviera que bajar al inframundo tenía que abstenerse de consumir cualquier alimento ya que solo consumían comida podrida, era un mundo que representaba todo lo contrario a la superficie y todo lo que para ellos era bueno, a los vivos resultaba nauseabundo. Representaba todo negativo que ocurría en el mundo y no era necesario rendirles culto, salvo para implorarles que alejen su presencia de los vivos debido a alguna enfermedad que estuviese provocando la muerte en sus comunidades.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Vicente T. Mendoza. El Plano o mundo inferior. Mictlán, Xibalbá, Nith o Hel, de la revista Estudios de la Cultura Náhuatl no. 3.

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Imagen: Dios de la muerte con un decapitado, Mural de las cuatro eras, Toniná, Chiapas. Periodo Clásico

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