Tanto Francisco Pizarro como las huestes de Atahualpa avanzaban con extrema cautela para no dar ventaja al enemigo. Atahualpa había retirado a los curacas cercanos a la región donde estaban los españoles, lo que proporcionó a Pizarro una ventaja territorial significativa. Mientras tanto, Pizarro adoptaba estrategias para demostrar su «poder», como negarse a retirarse de los lugares ocupados o enterrar rápidamente a los caballos muertos para evitar que los indígenas creyeran que los animales podían ser eliminados fácilmente.
Por su parte, Atahualpa también tenía un equipo de inteligencia que seguía de cerca a los españoles. Sabía que el número de invasores era reducido, pero cometió el error fatal de subestimar la situación. Pizarro, por otro lado, contaba con información detallada sobre la situación interna del Tahuantinsuyo, incluido el hecho de que Atahualpa se encontraba en Cajamarca en ese momento. Con este conocimiento, Pizarro decidió partir de San Miguel de Tangarará el 24 de septiembre de 1532.
Aunque los expedicionarios españoles eran pocos en comparación con los vastos ejércitos incaicos, Atahualpa tomó la decisión imprudente de no desplegar a sus tropas a lo largo del camino de Piura, lo que permitió a Pizarro avanzar sin oposición significativa. A pesar de que Pizarro mantenía su cautela, Atahualpa comenzó a perderla, impulsado por la curiosidad y confiado en que, llegado el momento, su ejército podría aplastar a los invasores sin dificultad. Este exceso de confianza sería una de las decisiones que marcarían su destino.
Los españoles continuaron su marcha y pasaron por Cajas, donde notaron las secuelas de la guerra civil incaica. La localidad había sido devastada por las fuerzas atahualpistas y en su camino encontraron varios cuerpos ahorcados, testimonio de la brutalidad del conflicto. A pesar de esto, la expedición no se detuvo y llegó a Huancabamba, donde los españoles quedaron impresionados por la sofisticada arquitectura incaica y la infraestructura que observaron.
Fue en Huancabamba donde Pizarro recibió a uno de los emisarios de Atahualpa, quien le entregó unos patos desollados. Para los andinos, este gesto era una amenaza, sugiriendo lo que les sucedería si continuaban avanzando. Sin embargo, Pizarro no interpretó el mensaje de esa manera y, con una muestra de confianza, pidió al emisario que informara al Inca de su interés en reunirse con él y ofrecerle ayuda en sus guerras contra sus enemigos, si fuese necesario.
A pesar de esta aparente demostración de confianza, Pizarro optó por una estrategia más prudente. En lugar de seguir el camino principal hacia Cajamarca, decidió tomar una ruta secundaria más escarpada, desviándose por las localidades de Motupe, Cala y Zarán. Esta precaución no evitó que la expedición enfrentara actos de sabotaje por parte de los incas, quienes cortaron los puentes sobre los ríos, abandonaron poblaciones y establecieron retenes militares en varios puntos. Sin embargo, los españoles mostraron determinación y voluntad para seguir adelante, superando los obstáculos a lo largo del trayecto.
Pizarro se valió de numerosos informantes, recurriendo incluso a la tortura para obtener información sobre el despliegue de las tropas incaicas en Cajamarca, que estaban divididas en tres grupos con el objetivo de atraparlos. Además, Pizarro contactó con varios curacas huascaristas que habían sido castigados severamente por apoyar a Huáscar durante la guerra civil. Estos curacas se mostraron dispuestos a colaborar con los españoles, lo que reforzó la confianza de Pizarro al saber que no estarían solos en su intención de derrocar a Atahualpa, contando con el apoyo de los rivales del inca.
Tras atravesar las difíciles condiciones del camino serrano, la expedición de Pizarro llegó a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532. A su llegada, los españoles quedaron impresionados con la magnitud de la ciudad, describiéndola como «mayor que cualquiera de España». Sin embargo, también notaron que estaba parcialmente desierta, lo que les hizo sospechar de una emboscada incaica. Tras explorar la ciudad, los expedicionarios decidieron acuartelarse en la plaza principal, confiados en la promesa de que al día siguiente llegaría Atahualpa, según la información obtenida por Hernando de Soto tras entrevistarse con el Inca.
Los testimonios de los expedicionarios narran que la demostración de la caballería española causó pánico en una parte de las tropas incaicas. Mientras tanto, Pizarro dispuso estratégicamente la artillería en distintos puntos clave de la plaza, preparándose para una eventual amenaza del ejército inca. Además, buscó dar la impresión de que su ejército era más numeroso de lo que realmente era, con el fin de desmoralizar a las fuerzas de Atahualpa y ganar una ventaja psicológica.
Atahualpa incumplió su promesa de presentarse al día siguiente, lo que generó tensión y desconfianza entre los españoles. Dos días después, Pizarro decidió enviar a Rodrigo de Aldana (o Hernando, según algunas fuentes), quien había aprendido a hablar quechua, para ir en persona a exigirle al Inca que se presentara en Cajamarca. Este encuentro se tornó tenso, hasta el punto de que llegaron a desarmar a Aldana, quitándole su espada.
Finalmente, Atahualpa decidió entrar en la ciudad, pero lo hizo con una imponente exhibición de poder. Desplegó cuatro escuadrones compuestos por 8,000 hombres bien armados, aunque no todos pudieron entrar en la plaza debido a su gran número. Esta situación fue aprovechada por Pizarro, quien ordenó que se disparara la artillería, causando caos entre las filas incaicas. El estruendo de los cañones desorientó a los soldados de Atahualpa, creando una confusión que Pizarro supo capitalizar.
Mientras reinaba el caos, Pizarro logró acercarse al Inca y hacerlo prisionero, un acto que tuvo un impacto devastador en la moral de los soldados y del imperio incaico. Para muchos, la captura de Atahualpa fue interpretada como una señal de que los dioses los habían abandonado. Desmoralizados y en pánico, los soldados incaicos fueron presas fáciles para las huestes españolas, que mataron a muchos rezagados. Mientras tanto, Pizarro se aseguraba de que Atahualpa no fuera asesinado, pues su captura era crucial para sus planes. Sin embargo, el resto de la comitiva del Inca, incluyendo al señor de Chincha, fue asesinada, y no hubo ningún intento de rescate por parte de las tropas incaicas.
Según los cronistas españoles, el enfrentamiento en Cajamarca resultó en la muerte de entre 2,000 y 7,000 soldados incaicos, ya fuera por el tumulto provocado durante el ataque o por la acción directa de los invasores. En contraste, las bajas entre las fuerzas de Pizarro fueron mínimas, variando entre uno y cinco soldados, según los relatos. Sin embargo, estos cronistas no mencionan en detalle la participación o las pérdidas de los esclavos africanos que acompañaban la expedición, ni de los indígenas aliados que se unieron a los españoles.
La única cifra precisa sobre el número de hombres de Pizarro proviene del reparto del botín obtenido tras la captura de Atahualpa. Según este recuento, la expedición contaba con 103 soldados de infantería y 61 de caballería. Este reparto también incluyó las riquezas encontradas en Cajamarca: 80,000 pesos, 7,000 marcos de plata, esmeraldas, ganado, y alimentos. Además, una gran cantidad de sobrevivientes incaicos fueron esclavizados y distribuidos entre los soldados.
El éxito del plan de Pizarro, al capturar a Atahualpa y obtener un cuantioso botín, replicó la hazaña lograda por Hernán Cortés en México, pero de manera más rápida y con aparentemente menos pérdidas para los invasores. Esto consolidó la posición de los españoles en el Tahuantinsuyo, aunque el costo humano fue devastador para el imperio inca.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Antonio Espino Flores. Plata y sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú.
Para más contenido histórico o para opinar del tema, visita la página de Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100064319310794
Si te gustan los artículos, leer mas de los publicados en el blog y apoyar al proyecto, vuélvete un asociado en la cuenta de Patreon: https://www.patreon.com/user?u=80095737
Únete a Arthii para conocer a mas creadores de contenido siguiendo este enlace: https://www.arthii.com?ref=antroposfera
Imagen: Juan B. Lepiani. La captura de Atahualpa, 1920-1927.



Respuestas