El desarrollo humano en la Europa del Cuaternario.

Hace aproximadamente 110,000 años, el clima mundial entró en su último periodo gélido, conocido como la Glaciación de Würm, comúnmente llamada la Edad de Hielo. Durante este periodo, los homo sapiens comenzaron a prosperar y emprender sus movimientos migratorios desde el Medio Oriente alrededor de 60,000 años atrás, colonizando gradualmente el continente europeo. En ese momento, Europa estaba habitada por las poblaciones remanentes y en decadencia de neandertales.

Para aproximadamente 45,000 años, cuando las poblaciones humanas habían aumentado en Europa, gran parte del archipiélago británico, la península escandinava, el Mar Báltico y gran parte de Dinamarca estaban cubiertas por enormes casquetes de hielo. Además, la línea costera era considerablemente más extensa que la actual, con áreas como el Mar del Norte siendo tierra firme hasta tocar con las zonas glaciares.

Investigaciones recientes sugieren que las regiones más al sur, como Andalucía, tenían temperaturas promedio durante este periodo entre 9°C y 11°C. Esto hizo que zonas como el Levante ibérico, la península itálica, y el sur de Francia ofrecieran condiciones climáticas relativamente estables, ideales para el establecimiento de las primeras poblaciones de humanos modernos. Mientras tanto, el norte de Europa fue escenario de migraciones itinerantes de pequeños grupos humanos, que se movían conforme las condiciones climáticas mejoraban temporalmente. Este patrón migratorio y de establecimiento dio lugar al primer periodo cultural identificado como el Solutrense, que se desarrolló entre 25,000 y 17,000 años atrás.

Para los académicos, la evidencia de la escasa presencia genética neandertal en el ser humano moderno indica que, en algún momento, ambos grupos tuvieron contacto. Sin embargo, parece que este contacto ocurrió con poblaciones neandertales aisladas, que ya estaban en proceso de extinción debido al endurecimiento de las condiciones climáticas. Un desafío para la comprensión de este contacto radica en la poca presencia de restos de sapiens en comparación con los neandertales. Esto se debe a que los neandertales acostumbraban enterrar a sus muertos en cuevas, lo que ha facilitado su conservación.

Según las estimaciones de los expertos, los contactos entre sapiens y neandertales fueron esporádicos y probablemente ocurrieron en un periodo de menos de un milenio. En enclaves como los últimos refugios de neandertales en Gibraltar, no se han encontrado evidencias claras de contacto con los sapiens, lo que sugiere que solo algunas pequeñas poblaciones neandertales pudieron integrarse en los grupos de humanos modernos. Este hecho explica por qué la carga genética neandertal en los humanos actuales es de apenas el 2%.

A medida que las poblaciones humanas se desplazaban en respuesta a los cambios climáticos, los humanos modernos de esa época eran de pigmentación oscura. Sin embargo, las poblaciones que migraron hacia el norte comenzaron a desarrollar características genéticas particulares, como el color claro de ojos. Cuando estas poblaciones del norte regresaban al sur y se mezclaban con otros grupos, introducían variaciones genéticas que contribuían a una mayor diversidad en la especie humana.

Debido a la escasez de restos fósiles de las poblaciones de homo sapiens, también llamados hombres de Cromañón, no es posible realizar estimaciones precisas sobre el tamaño de sus poblaciones. Sin embargo, hay evidencias de sus movimientos estacionales. Durante los inviernos, estos grupos se refugiaban en cuevas, mientras que en los períodos primaverales y veraniegos vivían en tiendas temporales similares a los tipis utilizados por los nativos de Estados Unidos.

La subsistencia de estos primeros humanos dependía de la caza de animales y la recolección de frutos. Además, es posible que, durante sus migraciones y encuentros con otros grupos, se produjeran intercambios de mujeres, lo que habría mejorado la mezcla genética. No obstante, este modo de vida presentaba peligros, especialmente para las mujeres en periodos de gestación, lo que resultaba en una alta tasa de mortalidad infantil, calculada en más del 30%. A pesar de estas dificultades, los supervivientes fueron suficientes para que las poblaciones crecieran paulatinamente, gracias a su adaptabilidad al medio.

Al igual que los neandertales, los cromañones también practicaron el canibalismo, aunque los yacimientos que muestran esta práctica son escasos. Un ejemplo notable es el hallazgo en Cheddar, en Gran Bretaña, donde se descubrió un cráneo con evidencia de haber sido usado como copa, lo que sugiere un posible uso ritual. Aunque la abundancia de animales disponibles para la caza hace pensar que el canibalismo no era una práctica común por necesidad, algunos investigadores sugieren que pudo haber sido impulsado por motivos religiosos o incluso para obtener nutrientes como el omega-3.

Gracias a su capacidad de adaptación al entorno y la transmisión de conocimientos a las siguientes generaciones, los humanos lograron dominar diversos territorios, aprovechando los recursos disponibles. Esta habilidad permitió un desarrollo continuo en la tecnología de las herramientas, lo que a su vez facilitó la evolución del pensamiento abstracto y el surgimiento de las primeras expresiones artísticas.

Un ejemplo destacado de estas primeras manifestaciones es el mapa de la Cueva de Abauntz en Navarra, datado en el 13,700 a.C.. Este mapa representa montañas, ríos y zonas de caza, lo que demuestra un avance en la capacidad de planificación territorial. La evolución de las herramientas, además de centrarse en la caza, también se orientó hacia otras actividades, como el grabado en piedra.

Los investigadores han clasificado el desarrollo de las herramientas en cuatro principales periodos culturales:

Auriñacense (38,000 a.C.): En este periodo se observa un avance en la fabricación de herramientas y los primeros signos de arte abstracto.

Gravetiense (30,000 a.C.): Las herramientas se especializan más y aparece la figuración en el arte.

-Solutrense (25,000 a.C.): Se produce una mejora en la técnica de la talla de piedra, dando lugar a herramientas más estilizadas.

Magdaleniense (17,000 a.C.): Se caracteriza por un desarrollo significativo en el arte, con representaciones realistas de animales en pinturas rupestres y grabados.

Estos periodos muestran cómo el progreso tecnológico fue acompañado de un perfeccionamiento en las representaciones artísticas, reflejando la relación simbiótica entre el avance material y el pensamiento creativo en los humanos de esa época.

La pintura fue otra de las expresiones artísticas desarrolladas por los cromañones, que lograron una mejor capacidad de representación en comparación con los neandertales, aunque estos últimos también llegaron a pintar. Es importante señalar que la región franco-cantábrica es donde se encuentran algunas de las más destacadas manifestaciones de este arte, como en las famosas cuevas de Altamira, Lascaux, y Chauvet.

El arte prehistórico comenzó a incluir elementos cosmogónicos de sus creadores, aunque muchos de estos simbolismos permanecen indescifrables hasta hoy. Dentro de estas expresiones artísticas, encontramos:

Símbolos abstractos y figuras humanas con elementos animales.

Impresiones de manos y representaciones de vulvas en las paredes de las cuevas.

Ejemplos escultóricos, como el Hombre León de Hohlenstein-Stadel, datado entre el 40,000 y 35,000 a.C..

Las famosas Venus paleolíticas, representaciones femeninas esculpidas que simbolizan la fertilidad.

La pintura del Hechicero en la cueva Trois-Fréres, que muestra una figura híbrida, mitad humana y mitad animal.

Al final de la Edad de Hielo, Europa estaba habitada por sociedades complejas con una cultura desarrollada. Este avance cultural y social se vio aún más potenciado con la llegada de la agricultura, lo que permitió la consolidación de un estilo de vida sedentario. Este nuevo modo de vida trajo consigo una nueva etapa evolutiva, no solo en términos de organización social, sino también en el desarrollo intelectual de estas sociedades.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Rosa M. Tristán. La vida en la Edad de Hielo. Europa bajo los glaciares, de la revista Historia National Geographic no. 177.

Imagen:

Izquierda: Detalle del Mapa de Abauntz, Navarra, España, periodo Magdaleniense. Fuente: https://aboutbasquecountry.eus/2016/03/13/el-mapa-mas-antiguo-de-europa-occidental-descubierto-en-una-cueva-de-navarra/

Centro: Bisonte de la Cueva de Lascaux, Dordoña, Francia, periodo Magdaleniense.

Izquierda: Hombre León de Hohlenstein-Stadel, Alemania, periodo Auriñacense.

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