El contexto chihuahuense en el siglo XIX.

El estado actual de Chihuahua comparte muchas de las problemáticas de los territorios que conforman el Norte de México. En el momento de la conquista, era un territorio en su mayoría inhóspito, con pocas tierras adecuadas para la agricultura. Hacia el este, encontramos la presencia de los bosques de la Sierra Madre Occidental, mientras que el resto estaba dominado por praderas y desiertos. Esto resultó en una minoría de indígenas que llevaban un estilo de vida sedentario, mientras que la mayoría estaba dividida en tribus nómadas.

A la llegada de los españoles, encontraron una resistencia por parte de los indígenas, quienes se negaron a aceptar el sistema de encomiendas y mantuvieron los avances españoles bajo estado de sitio. Sin embargo, el descubrimiento de numerosos yacimientos de plata en la sierra incentivó a los españoles a mantener su presencia en estas regiones tan distantes de la capital. Para abordar el problema indígena, se promovió la evangelización por parte de los jesuitas y los franciscanos. Sin embargo, debido a la falta de mano de obra, era común que los colonos continuaran esclavizando a las tribus, tanto de manera legal como ilegal, a pesar de las prohibiciones de la corona. Esto dio lugar a frecuentes rebeliones, como el caso de los tarahumaras.

Para el siglo XVIII, las minas de plata habían generado suficientes riquezas y habían estimulado el crecimiento de la población de colonos. Sin embargo, más al norte, las tribus comanches estaban comenzando a enfrentarse a otros grupos nómadas, desplazándolos hacia el sur. Entre estos grupos se encontraban los apaches, quienes comenzaron a realizar incursiones en la región de Nueva Vizcaya, lo que generó conflictos con los rancheros y desencadenó disputas territoriales.

Esta situación llevó a que los colonos buscaran refugio en el sur o en las grandes poblaciones como Chihuahua y Parral. Para evitar la pérdida de estos territorios, la Corona implementó la estrategia de establecer poblados fortificados con colonos capacitados en el manejo de armas, dado que no contaban con un ejército profesional que pudiera defenderlos. Se ofrecieron incentivos a españoles, novohispanos e indígenas pacificados de la región para que se establecieran en estos asentamientos fortificados.

Además de organizar incursiones contra los apaches, la administración virreinal también recurrió a la táctica del soborno. Se les proporcionaba alimentos, ropa y alcohol a los apaches para incentivarlos a quedarse de forma permanente en los pueblos fortificados.

La paz alcanzada en el septentrión se vio truncada con la guerra de independencia de 1810. Durante este conflicto, los rancheros defendieron el régimen virreinal y repelieron los intentos de la insurgencia por ingresar al norte. Sin embargo, la baja población de la región no tuvo un impacto significativo en el curso de la lucha que se libraba principalmente en el centro-sur novohispano y que tuvo una resolución de carácter político.

La debilidad del joven estado mexicano, marcada por los continuos golpes de estado, hizo inviable mantener los sobornos dados a los apaches. Esto llevó a que, hacia 1830, se reanudaran los ataques apaches, quienes asolaron las haciendas. Los propietarios de estas propiedades huyeron hacia las ciudades en busca de refugio, mientras que los rancheros, con experiencia militar pero sin protección del ejército, se vieron obligados a defenderse como pudieron.

En este contexto, la primera mitad del siglo XIX fue un periodo difícil para Chihuahua, marcado por la violencia de los apaches. Sin embargo, esto no evitó que los propios colonos y el ejército mexicano también cayeran en prácticas violentas. Las víctimas más frecuentes eran los tarahumaras, quienes eran asesinados para tomar sus cabelleras y hacerlas pasar por apaches. Además, eran constantemente despojados de sus tierras.

Por otro lado, la ausencia de una autoridad que los defendiera de las amenazas llevó a los rancheros chihuahuenses a establecer sociedades con un alto grado de autonomía en la toma de decisiones, similar a los granjeros estadounidenses. Esto resultó en relaciones igualitarias entre los rancheros, donde la autosuficiencia era primordial.

Uno de los sectores que desaparecieron con el antiguo orden virreinal fueron los misioneros, que sufrieron un primer golpe con la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII, seguido por la pérdida de interés por parte del gobierno mexicano en mantenerlos. Esto dejó en la orfandad a las pocas poblaciones indígenas que habían aceptado la influencia misional, enfrentando el creciente clima de violencia generado por los apaches y los rancheros.

La guerra apache provocó la retirada total de hacendados, mineros y banqueros de la región, haciendo que las tierras por donde los apaches solían hacer sus incursiones perdieran completamente su valor para cualquier tipo de inversión.

Los vaivenes de la primera mitad del siglo de vida independiente fueron completamente negativos para los chihuahuenses, dejando una sociedad empobrecida pero también empoderada por su tenacidad para asegurar su supervivencia, lo que contribuyó a la persistencia del estado a pesar de las adversidades. Sin embargo, las cosas empezarían a cambiar debido a los profundos cambios geopolíticos en la región.

Por un lado, se produjo la pérdida de territorios más al norte, como Texas y Nuevo México en el contexto chihuahuense. A partir de 1848, la frontera llegó a sus límites anteriores, lo que dinamizó la economía local. Esto también significó la entrada de los estadounidenses como nuevos actores en la lucha contra las incursiones apaches. Inicialmente, su participación varió entre la desidia y la complicidad para permitir los ataques. Sin embargo, a medida que pasaron los años y ante las demandas del gobierno mexicano, los estadounidenses tuvieron que intervenir más activamente a partir de 1860. Esto condujo gradualmente a una mejoría en la situación, con la guerra contra los apaches comenzando a ser ganada y trayendo la paz. Estas condiciones permitieron el regreso de los hacendados a sus antiguas tierras, pero también generaron problemas debido al espíritu autónomo de los rancheros.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Friedich Katz. Pancho Villa, vol. 1

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Imagen: S/D. Rancheros, siglo XIX.

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