Los olmecas de la llamada “zona nuclear” (sur de Veracruz y oeste de Tabasco) establecieron varios de los lineamientos fundamentales de la civilización mesoamericana. Entre ellos destaca la concepción del estado en comunión con el pensamiento religioso, lo que llevó a la creación de la idea de la “montaña sagrada”. Este concepto, que simbolizaba el origen del agua y los alimentos del mundo, se convirtió en el modelo a seguir en la región.
La primera manifestación de este concepto a gran escala se encuentra en la gran plataforma artificial de San Lorenzo Tenochtitlan, en Veracruz. Construida en medio de una meseta rodeada de terrenos pantanosos, esta ciudad alcanzó su esplendor entre el 1150 y el 850 a.C. Allí se vislumbran los primeros indicios del concepto de “Tollan”, la gran ciudad ilustrada que emerge de las aguas primordiales. Este conjunto monumental se caracterizó por la presencia de esculturas, entre ellas las icónicas cabezas colosales que representaban a los gobernantes, mientras que en los sitios menores de los alrededores se levantaron pequeños adoratorios para rendir culto a los “señores de los cerros”.
La sucesora de San Lorenzo fue la ciudad de La Venta, ubicada más al este. Al igual que las regiones de Los Tuxtlas y Coatzacoalcos, La Venta se encontraba en terrenos inundados por ríos que formaban pantanos. A pesar de estas condiciones, el área era rica en recursos naturales, lo que permitió el mantenimiento de grandes poblaciones y el desarrollo de un nuevo centro cívico-religioso.
A diferencia de San Lorenzo, donde predominan los conjuntos palaciegos y las plazas, en La Venta se observan los primeros ejemplos de centros ceremoniales monumentales. Estos se caracterizan por la construcción de grandes conjuntos de plataformas dedicadas al culto religioso, complementadas con esculturas monumentales traídas desde las montañas de Los Tuxtlas. Estas esculturas rendían homenaje tanto a los gobernantes como a los dioses de la ciudad.
La ciudad de La Venta fue edificada hacia el año 1100 a.C. sobre un terreno elevado de 12 metros sobre los pantanos formados por los ríos Palma y Bari. Su extensión alcanzaba aproximadamente dos hectáreas, con un conjunto principal conformado por los Complejos A, B, C, D, H y la Acrópolis Stirling. Este diseño seguía un eje norte-sur con una desviación de 8 grados hacia el oeste.
El centro del trazado urbano se encontraba en el Complejo C, el cual conectaba dos plazas principales: una con el Complejo A al norte y otra con el Complejo B y la Acrópolis Stirling al sur. Dentro de este esquema, el binomio conformado por los Complejos A y C se destaca como el núcleo principal de la ciudad.
Las plataformas del centro ceremonial de La Venta fueron construidas con tierra apisonada, lo que actualmente dificulta su reconstrucción. Sin embargo, los elementos monolíticos jugaron un papel destacado en el diseño del sitio. Estos elementos incluían estelas, sarcófagos, esculturas, ofrendas, las célebres cabezas olmecas, el cerco que delimitaba el Complejo A y la notable Tumba A. Estos monumentos reflejan el poder de los gobernantes, quienes eran capaces de organizar grandes grupos de artesanos para movilizar y labrar estas estructuras de gran tamaño.
El Complejo A fue el primer conjunto religioso de la ciudad, cuya construcción comenzó alrededor del año 1100 a.C. Este complejo atravesó cuatro fases constructivas, que culminaron aproximadamente en el año 600 a.C. El elemento central del conjunto era el Montículo A-2, compuesto por cuatro taludes de 2.5 metros de altura que formaban una pequeña plaza rodeada por tres montículos bajos de 2 metros de altura.
La presencia de un cerco monolítico delimitando el Complejo A indica la exclusividad del espacio, destinado a ceremonias vinculadas a la élite político-religiosa de La Venta.
La importancia de las obras de carácter ritual no implicaba necesariamente que estas fueran visibles. Esto queda demostrado con el hallazgo de las “ofrendas masivas”, compuestas por bloques de serpentina finamente trabajados que tenían como propósito la elaboración de mosaicos con formas geométricas que representaban caras de jaguares.
Desafortunadamente, debido a las altas condiciones de humedad en el entorno, no ha sido posible conservar restos humanos, ya que se degradan rápidamente. Sin embargo, se han encontrado tumbas que se identifican por las ofrendas que las acompañan, como figurillas y ornamentos de jade.
Entre estas tumbas, destaca la llamada Tumba A, ubicada en el Montículo A-2. Esta estructura recuerda a las construcciones megalíticas europeas, ya que consiste en una cámara conformada por 200 columnas de basalto que cumplen la función de paredes, techumbre y cerramiento.
Otra tumba notable es la Tumba B, donde se halló un sarcófago de piedra labrada decorado con un ser fantástico, que podría representar al llamado “dragón olmeca”.
La estructura principal del centro ceremonial era, sin duda, el Complejo C, compuesto por el Montículo C-3, que sirve como base para el Montículo C-1. Este alcanzaba una altura de 30 metros y utilizaba un sistema constructivo característico de La Venta. Este sistema consistía en el uso de diferentes tipos de arcilla con diversas coloraciones, como rojo, amarillo, café, blanco y rosa. Estas arcillas eran fundamentales para otorgarle estabilidad a la estructura, aprovechando la propiedad conocida como el ángulo de reposo de los materiales.
El Complejo C podría ser una de las primeras “montañas sagradas” artificiales construidas por los olmecas. Un indicio de ello es el hallazgo de cuatro estelas con representaciones del hombre-jaguar, conocidas como los Monumentos 25/26, 27, 88 y 89. Estas estelas evocan el símbolo maya de la montaña sagrada, o witz.
Hacia el año 400 a.C., la ciudad inició su periodo de decadencia y comenzó a ser abandonada, siendo relevada por la ciudad veracruzana de Tres Zapotes. Lamentablemente, en los años 50 del siglo XX, se descubrieron yacimientos petroleros en las cercanías del centro ceremonial, lo que hizo inevitable la destrucción de una parte de la zona arqueológica.
Gracias a las gestiones del poeta Carlos Pellicer, se logró rescatar las esculturas olmecas, que fueron trasladadas a Villahermosa para su exhibición en el “Parque-Museo La Venta”. A pesar de los daños, la zona arqueológica ha sobrevivido y sigue en pie hasta el día de hoy.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Revista Arqueología Mexicana no. 87
David C. Grove. Cerros sagrados olmecas. Montañas en la cosmovision mesoamericana.
Rebecca B. Gonzales Lauck. El Complejo A. La Venta, Tabasco.
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Imagen:
Izquierda: Monumento 77, La Venta, Tabasco, cultura Olmeca, Preclasico Medio.
Derecha: Paul Gendrop. Vista del Complejo A (izquierda) y el Complejo C (derecha), 1960.



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