La instalación de la expedición de Francisco Montejo el Mozo en la antigua capital itza estaba resultando un fracaso. Al igual que el resto de las poblaciones mayas de la península, esta carecía de cualquier tipo de riqueza que pudiera interesar a los españoles. Además, su presencia empezó a ser una carga para las comunidades del señorío Cupul, que se negaron a proporcionarles alimentos y se aliaron con otros señoríos que buscaban eliminarlos.
Sin otra opción, las fuerzas de Montejo comenzaron a saquear las poblaciones del señorío para obtener alimentos. Sin embargo, los cupules mataban a sus soldados uno por uno en cada incursión, minando sus fuerzas sin posibilidad de obtener reemplazos. Además, utilizaron tácticas de guerra de guerrillas para debilitarlos con el tiempo, en lugar de enfrentarlos en batallas convencionales, posiblemente al saber de la crítica situación de la expedición de Alonso de Ávila en Chetumal.
Los cupul cercaron Chichén Itzá, dejando a los españoles sin recursos ni comunicación con sus aliados. Recibieron el apoyo de pueblos enemigos para acabar con Montejo, estableciendo cercos defensivos alrededor de la ciudad a mediados de 1533. En este contexto, mataron entre 10 y 12 jinetes que intentaron salir de la villa.
El cerco que rodeaba a los españoles en la Ciudad Real de Chichen Itza duró meses, dejándolos sin oportunidad de entablar una batalla directa. Se confiaba en que el hambre y la sed acabarían con ellos, y la única esperanza de Montejo era la llegada de refuerzos desde Campeche. Sin embargo, el agotamiento continuo de los alimentos llevó a Montejo a intentar romper el sitio en otoño, resultando en graves bajas debido a los preparativos de los cupules.
Ante el fracaso del intento de romper el sitio, la única oportunidad de Montejo para escapar con vida de Chichen Itza era engañar a los cupules y huir hacia el territorio de Ah Kin Chel. Para lograrlo, los españoles idearon una artimaña durante un descanso en la batalla: dejaron una campana atada a un perro con el badajo amarrado y tortillas fuera de su alcance, simulando estar en guardia. Esta estratagema tuvo éxito, ya que los cupules creyeron que los españoles estaban vigilando mientras estos se retiraban por la retaguardia sin ser detectados.
Aunque los cupules se dieron cuenta del engaño al día siguiente, ya era demasiado tarde. Organizaron una persecución, pero los españoles, aprovechando la ventaja del terreno y la capacidad de sus jinetes, lograron evadir a sus perseguidores y acabar con ellos.
En el territorio de Ah Kin Chel, las fuerzas de Montejo el Mozo lograron descansar y reabastecerse después de escapar de Chichen Itza. Además, recibieron la noticia de que los refuerzos solicitados estaban en camino, sumando 120 soldados que alcanzaron en Cibikal. Para finales de 1532 y principios de 1533, Montejo padre aún desconocía los resultados de las empresas de Avila en Chetumal y de su hijo en Chichen Itza. Sin embargo, lo más urgente para Montejo era la falta de noticias sobre el oro que buscaban intensamente.
Aunque Avila fracasó al verse obligado a abandonar Chetumal, las noticias sobre Puerto Caballos y la posible presencia de oro impulsaron a Montejo a preparar un caso para reclamar al rey la posesión de su capitania en los territorios de Tabasco y Honduras. Argumentó que estos territorios formaban una unidad cultural que debía ser gobernada bajo un mando único para asegurar su eficacia. El caso fue exitoso, y la corona concedió a Francisco de Montejo la posesión del territorio que iba desde el río Copilco al este hasta el río Ulúa al oeste, abarcando toda la península como parte de la Capitanía General de Yucatán. La única excepción fue la posesión de Chiapas, que no le fue concedida.
Cuando Francisco de Montejo recibió la buena noticia de su resolución ante la corona y se disponía a trasladarse a Puerto Caballos, llegaron las malas noticias sobre la situación de su hijo en Chichen Itza y su solicitud de ayuda. En respuesta, envió a Alonso de Avila con fuerzas de apoyo para rescatarlo. Sin embargo, en mitad del camino, los «aliados» nativos traicionaron a Avila emboscándolo. A pesar de esto, Avila logró vencer a los traidores, pero la emboscada obligó a Montejo a regresar a Campeche para reorganizar el rescate.
Ante esta situación, Francisco de Montejo decidió liderar personalmente los refuerzos y atravesó los territorios de Can Pech y Ah Kanul. En su avance, encontró resistencia en Chakán, pero logró avanzar rápidamente para alcanzar a su hijo en Cibikal. Fue así como padre e hijo se reunieron, formando una fuerza combinada de 220 hombres.
Una de las primeras acciones que tomaron fue establecer un punto de abastecimiento seguro en el señorío de Ah Kin Chel. Decidieron refundar Dzilam en un lugar más cercano a la costa para facilitar la recepción de refuerzos por mar, convirtiéndolo en el punto de partida para reiniciar la campaña de conquista.
Una vez asegurada su posición en la región, Montejo regresó con sus fuerzas a Salamanca de Campeche. Tenía la seguridad de controlar los cuchcabalob de Champotón, Can Pech, Ah Canul, Ceh Pech, Ah Kin Chel y Maní, que habían formalmente aceptado la alianza española. Además, de forma nominal, Acalán, Cehach, Ecab, Chikinchel, Chakán y Hocabá también se comprometieron a formar parte de la alianza, aunque algunos de estos señoríos mostraron resistencia en la práctica. Por otro lado, Chetumal, Cupul, Sotuta y Cochuah se mantuvieron como señoríos rebeldes.
Los estudios realizados sobre los diferentes señoríos de la península del Posclásico sugieren que el avance de Montejo se debió en parte a los distintos orígenes dinásticos de los cacicazgos. Aquellos de origen eminentemente maya tendieron a oponerse a la presencia española. En contraste, los señoríos aliados a Montejo compartían una raíz itza y habían establecido su dominio a partir del siglo X, asociados con la influencia «mexicana». Estos señoríos mostraron una posición más colaboracionista o moderada hacia los españoles, lo que facilitó la formación de alianzas estratégicas en el proceso de conquista.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Guillermo Goñi. Las conquistas de México y Yucatán.
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Imagen:
Izquierda: Fragmento de «Carte du Mexique et de la Floride, des terres angloises et des Isles Antilles, du cours et des environs de la riviere de Mississippi», 1722
Derecha: S/D. Retrato de Francisco de Montejo.



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