Hasta finales de la primera década del siglo XX, las acciones realizadas por Luis Terrazas y Enrique Creel en el estado de Chihuahua parecían no tener consecuencias sociales graves a pesar de sus políticas de despojo generalizado a las comunidades para ceder sus tierras a compañías extranjeras. Sin embargo, en 1908 se desató una crisis económica debido a la caída de los precios internacionales de la plata y el cobre, lo que generó pánico entre los empresarios y llevó al cierre de varias minas en el estado.
Este acontecimiento dejó a numerosos mineros de Santa Eulalia, Santa Bárbara, Hidalgo del Parral, así como del estado de Sonora, y a los taladores de los grandes centros madereros del occidente sin empleo, debido a la decisión de empresas como ASARCO o del magnate William C. Green de cesar operaciones. Aunque muchos de estos trabajadores buscaron empleo en Estados Unidos como alternativa, la crisis también afectaba la frontera, lo que llevó a las empresas a despedir a sus trabajadores mexicanos y prohibir la entrada de migrantes. Como resultado, muchos trabajadores que regresaron a sus comunidades descubrieron que sus tierras habían sido expropiadas y vendidas a empresas extranjeras, lo que contribuyó a aumentar la tensión social en Sonora, Chihuahua y Coahuila.
El panorama empeoró aún más debido a una sequía que azotó al estado entre 1908 y 1909, destruyendo las cosechas de los campos agrícolas. Esto provocó un aumento del precio del maíz y del frijol en un 200 y 300%, lo que a su vez llevó a una disminución de los salarios, la pérdida de poder adquisitivo y la quiebra de varias pequeñas empresas, impactando de manera fatal a las clases medias. Esta crisis también afectó significativamente a los grandes empresarios, quienes se enfrentaron a un aumento en las tasas de interés de los bancos para acceder a préstamos, e incluso tuvieron dificultades para cumplir con los planes de pago, lo que llevó a muchos de ellos a solicitar ayuda al gobierno federal para obtener financiamiento.
En ese momento, la principal preocupación del gobernador Creel era la disminución de los ingresos del estado, lo que llevó a la necesidad de aumentar los impuestos. Sin embargo, dado que los principales socios de las empresas extranjeras, que eran oligarcas, estaban exentos de impuestos, la carga recaía principalmente en las clases media y baja, lo que aumentó el descontento social hacia el gobernador. Este malestar propició el asalto al Banco Minero, propiedad de Creel, el 1ro de marzo de 1908, donde se robaron 300,000 pesos.
Este sería un golpe devastador para el prestigio del gobernador, dado que las instalaciones del mismo banco eran su residencia. Por lo tanto, Creel rápidamente buscó resolver el asunto mandando traer investigadores estadounidenses y arrestando a una docena de sospechosos sin pruebas contundentes. Sin embargo, no se recuperó el dinero y el escándalo atrajo la atención del «El Correo de Chihuahua» de Silvestre Terrazas, quien expuso todas las inconsistencias del proceso.
El escándalo se convirtió en parte de la lucha política al revelarse casos de tortura hacia los sospechosos para obtener declaraciones de culpabilidad, acuerdos con Creel donde se les prometía dinero a cambio de inculparse y acusaciones de que el verdadero organizador del robo era el hermano de Creel, Juan. Surgieron rumores de que el robo se organizó con el conocimiento del gobernador o que era una forma de encubrir una pérdida de $200,000 pesos en la bolsa. Como represalia, Creel ordenó el arresto de Silvestre por difamación hacia un jefe político, aunque fue liberado dos semanas después. Silvestre continuó su campaña en contra del gobernador, financiada por la sociedad chihuahuense que apoyaba su periódico y agotaba los ejemplares que salían a la venta.
Hasta ese momento, el tema de las elecciones presidenciales estaba empezando a ser tema y se estaban conformando grupos de interés alrededor de dos figuras: el exgobernador de Sonora Ramón Corral, que tenía el apoyo de la élite de los «científicos», y el general Bernardo Reyes, quien recibía el respaldo de una parte de las élites del norte, contaba con simpatías de las clases medias y tenía apoyos dentro del ejército. Esto fue visto como una amenaza por Porfirio Díaz, quien lo envió en comisión al extranjero para debilitarlo.
Como consecuencia de la publicación de la entrevista Diaz-Creelman en marzo de 1908, donde Díaz afirmó que no se reelegiría para las elecciones de 1910, Francisco I. Madero, perteneciente a la familia de potentados de Parras, comenzó a ganar fuerza entre las clases medias del país y recibió el respaldo de los reyistas, quienes se integraron a su Partido Antirreeleccionista. A pesar de no contar inicialmente con el apoyo de muchos ni de su familia, la publicación de su libro «La sucesión presidencial» en 1909 le otorgó más apoyo entre las clases medias.
Aunque en el norte tenía el respaldo de grandes figuras como Venustiano Carranza en Coahuila y José María Maytorena en Sonora, en Chihuahua tuvo poco apoyo debido a que todos los potentados estaban a favor de Creel, ya que el reyismo nunca fue fuerte en el estado. Sin embargo, contaba con el respaldo de Abraham González, quien lideraba el movimiento de las clases medias.
Ya con las elecciones cerca, el presidente Díaz veía con preocupación la candidatura de Madero y lo mandó a arrestar antes de los comicios, además de manipular las elecciones a su favor. Madero hizo todo lo posible por escapar de la prisión para exiliarse en Saint Louis, organizándose con sus seguidores para planear los pasos a seguir. El 20 de noviembre de 1910, publicó el Plan de San Luis, donde llamó a la lucha armada.
Aunque al principio pocos siguieron la convocatoria, varios grupos regionales se levantaron gradualmente contra el gobierno. Esto se debió a la debilidad de las clases media-baja debido a la crisis económica, las disputas por el poder entre grupos porfiristas y otros potentados, y las condiciones de abuso sufridas por diferentes sectores del campesinado en varios estados.
Aunque la propuesta maderista tenía alcances limitados al centrarse únicamente en un cambio de poder manteniendo las estructuras económicas del país, todos estos grupos antiporfiristas decidieron respaldar las aspiraciones de Madero. Sin embargo, esto eventualmente llevaría a la resistencia contra su gobierno en el futuro.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Friedich Katz. Pancho Villa, vol. 1
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Imagen: Hermanos Casasola. Francisco I. Madero conversa con Abraham González durante el armisticio en el campamento revolucionario, 22 de abril de 1911.



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