El Teatro Experimental de Cali (TEC), fundado por Enrique Buenaventura, representa el pilar fundamental del teatro moderno en Colombia y un referente obligatorio en la dramaturgia latinoamericana.
Su método de creación colectiva no solo cambió la forma de producir arte, sino que dotó a la ciudad de una identidad cultural vinculada a la crítica social y la investigación estética.
Sin embargo, hoy este legado enfrenta una situación crítica que amenaza con su desaparición física y conceptual.
El riesgo principal es la insostenibilidad financiera y cuando falleció Enrique buenaventura y el paso a su esposa Jackeline Vidal.
A diferencia de otras instituciones culturales que han logrado transitar hacia modelos de gestión mixtos, el TEC atraviesa dificultades económicas profundas para mantener su sede patrimonial en el centro de Cali.
la irregularidad de los estímulos estatales y la falta de un apoyo privado constante, han puesto a la organización en una posición de vulnerabilidad.
Sin recursos destinados específicamente a la preservación de la infraestructura, el espacio físico que albergó la revolución teatral del siglo XX corre el riesgo de deteriorarse irreversiblemente.
En segundo lugar, existe un riesgo de pérdida del patrimonio inmaterial. El archivo del TEC, que incluye libretos originales, registros fotográficos, grabaciones de audio y documentos teóricos de Buenaventura, requiere procesos urgentes de digitalización y conservación técnica.
La falta de un presupuesto robusto para la gestión documental impide que las nuevas generaciones de investigadores y artistas accedan a este conocimiento.
Si estos materiales se pierden o se degradan, se borra una parte esencial de la historia política y artística de Colombia.
Finalmente, el relevo generacional y la vigencia del método plantean un desafío académico. La técnica del TEC requiere una formación continua que hoy compite con formatos de entretenimiento masivo y políticas culturales que priorizan la rentabilidad inmediata sobre el proceso creativo largo.
La desconexión entre la academia y el laboratorio práctico que representa el TEC debilita la transmisión del saber.
Para salvar el legado del TEC, se requiere una intervención estatal directa que lo reconozca no solo como un grupo de teatro, sino como un centro de memoria nacional.
La protección de su sede y la financiación de su archivo deben ser prioridades en la agenda cultural de Cali y del país.
La desaparición del TEC no sería simplemente el cierre de una sala, sino la extinción de la escuela que enseñó a Colombia a pensarse a sí misma sobre un escenario.


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