Decálogo del buen escritor

“En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia de las tres últimas”

Horacio Quiroga. 

Como autora, sé lo emocionante que resulta crear mundos quiméricos y darles vidas a personajes imaginarios. Sin embargo, también sé que de la palabra dicha a la escrita hay un puente que solo la paciencia cruza. Por eso, quiero compartirles el decálogo del perfecto cuentista. Una guía escrita por Horacio Quiroga, y que busca instruir a jóvenes y principiantes en la escritura. ¡Comencemos!

1. “Cree en un maestro, como en Dios mismo.”

Cuando Horacio Quiroga nos sugiere confiar en otro escritor; no se refiera a la idea de transcribir sus textos a rajatabla, sino que es una insinuación a analizar y comprender el método del maestro elegido. Por ejemplo; Agatha Christie y Raymond Chandler, ambos son destacados novelistas del género policial, sin embargo. La primera, enfatiza en el misterio y lo estructura de una forma más organizada, con pistas y giros razonables; utilizando un tono sobrio y lógico; mientras que Chandler hace énfasis en el ambiente, y sus tonos son más cínicos.

2. “El arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.”

El arte no es un objetivo, no es una meta que alcanzar, sino que es una guía de la imaginación y la disciplina que no se puede dominar por completo. No conviene suponer que lo tenemos todo bajo control. La escritura, como cualquier otro arte, consiste en la práctica constante. Debemos concentrarnos en el proceso de creación.

Se trata de permitir que el dominio aparezca como resultado inevitable de la práctica, no como premio inmediato.

3. “Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el flujo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad requiere de una larga paciencia.”

La imitación daña la identidad del escritor; para Quiroga, la personalidad literaria es lo esencial. Si bien es cierto, el proceso de construir una voz, toma años, no es imposible de formar, requiere de un esfuerzo de técnica aislada y maduración personal. Si consigues un flujo de inspiración o una influencia poderosa, casi inevitable, entonces “imita” de forma inteligente. Que te sirva como guía durante tu etapa de aprendizaje hasta haber formado tu voz interior.

4. “Ten fe ciega, no para tu capacidad en el triunfo, sino en el ardor con el que lo deseas. Ama tu arte como a tu enamorado, dándole todo tu corazón.”

La calidad no depende solo de la técnica, sino de la convicción y la intensidad con que deseas lograrlo. Si por alguna razón dudas del valor de lo que haces, si crees que no merece el esfuerzo continuar; tómate una pausa y recapacita. El oficio debe ser vivido con afecto, emoción, y entrega.

5. “No empieces a escribir sin saber desde la primera página a dónde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia de las tres últimas.”

Es una norma muy útil sobre la planificación de un cuento o novela. El escritor debe tener un objetivo claro desde el inicio; debe estar diseñada con un fin definido y un mapa de cómo abordará la trama. Cada elemento del cuento debe contribuir a una misma idea central o conflicto. Si ya sabes a dónde vas, puedes decidir qué presentar al lector al inicio para orientar la lectura hacia ese destino.

6. “Si quieres escribir una circunstancia, no hay en la lengua humana más palabras que las propias para expresarlas. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes en observar si son entre sí asonantes o consonantes.”

Este pensamiento nos indica que cuando quieres describir un hecho, un detalle o un entorno, el vocabulario ya contiene las palabras adecuadas; no necesitas inventar o añadir palabras extraordinarias, que le quitan naturalidad y fluidez. Enfócate en la economía del lenguaje: decir lo justo, sin excederte, para que la circunstancia se vea con nitidez.

7. “No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantos colores adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.”

Por colores se refiera a los adjetivos y un sustantivo débil se explica como un sustantivo común o poco significativo por sí mismo, que no destaca sin un adjetivo, pero si no encuentras el adjetivo preciso, es mejor no escribir ninguno. Añadir muchos adjetivos debilita el sustantivo y diluye la fuerza del enunciado.

8. “Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas tú viendo lo que ellos no pueden o no les importa ver.”

En palabras simples: mantén el rumbo y empuja a tus personajes con una dirección clara, sin dejarte distraer. Como autor debes controla el recorrido narrativo, saber de antemano qué sucede y cuándo. El objetivo o la tensión que se mantiene hasta la resolución deben seguirse en una línea recta sin desviar la historia para explorar temas ajenos a ese objetivo.

9. “No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego.”

La emoción puede nublar el juicio, hacer que el texto sea melodramático o desbordante. Quiroga propone estabilizar la experiencia emocional para poder describirla con claridad. Deja que tu emoción se enfríe, y podrás observar hechos, detalles y ejemplos concretos sin que el pulso afecte la narración.

10. “No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que causará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño mundo de tus personajes. No de otro modo se consigue la vida en el cuento.”

Concluimos este decálogo con una regla de escritura centrada en la verdad interna del cuento, no en la imagen que el autor quiere dar ni en el efecto que espera provocar en los lectores cercanos. Quiroga nos enseña que para que un cuento cobre vida, hay que preocuparse ante todo por la realidad interna de sus personajes y de su mundo, no por la impresión externa que puede causar.

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