Cuento: Un andén en la estación (Parte 3)

          Evelyn, se llamaba Evelyn y era ecuatoriana. Llevaba 10 años en España, trabajaba en un chalet de una urbanización cercana, con una familia muy buena, le contó, pero con tres niños pequeños… ¡qué daban un trabajo! Por eso hoy estaba contenta, los niños volvían al colegio, las tareas de la casa recuperaban su rutina… Ella también tenía una niña, mire, aquí llevo una foto, ¡pobrecita!, había pasado mucho tiempo solita, durante las vacaciones, mientras ella trabajaba; afortunadamente hoy había comenzado el cole y también eso le facilitaba su vida de madre trabajadora, le contó con una voz dulce, seseante, mientras los ojos le brillaban, él no supo si de alegría o por efecto de alguna lágrima contenida.

          No era joven ni bonita pero tenía una sonrisa afable que prodigaba con generosidad; hablaba bajito, despacio, y se encogía de hombros cuando su discurso derivaba hacia derroteros que ella prefería evitar. Sin saber muy bien por qué, sintió un fuerte deseo de protegerla.

          Ella lo miraba con curiosidad, preguntándose por qué estaba frente a ese señor que no conocía de nada hablándole como un amigo de toda la vida. Normalmente no solía hablar tanto; era tímida, su amiga Margarita decía que más bien era huraña, pero ella prefería pensar que era timidez o desconfianza esa actitud con la que acostumbraba a enfrentarse al mundo.

          –  ¡Uf, qué tarde se ha hecho! Me tengo que ir, ha sido muy amable… Perdone, pero creo que no me ha dicho su nombre.

          –  ¿No? Me llamo Manuel…

          –  Pues encantada… Quizás coincidamos otro día, Manuel. Entonces me tendrá que dejar que le invite yo a un café.

          Puedo distinguir su pequeña figura alejándose hacia la puerta, abriéndose paso entre la gente que atesta la minúscula cafetería. Adivino el desconcierto de él, que se ha inclinado para darle dos besos de cortés despedida y se ha quedado desairado, porque su gesto no ha encontrado respuesta. Vaya, habrá pensado, quizás haya creído lo que no es…

          Sin embargo, al coger de nuevo el tren para regresar a su casa, cansada, tras una larga jornada laboral, Evelyn sonrió al acodarse de Manuel. ¡Qué señor más agradable! Se le veía tan educado, tan caballero… ¿Por qué le habría invitado? Suspiró, se encogió de hombros y miró la lluvia que azotaba los cristales del vagón.

          Manuel ya había regresado a casa: las malas condiciones climatológicas les había obligado a interrumpir la excursión. También pensó en Evelyn cuando se sentó en el tren, quizás coincidieran otro día…

Recomendar0 recomendaciones

Publicaciones relacionadas

0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios

¡Descubre los increíbles beneficios de esta valiosa comunidad!

Lector

Escritor

Anunciante