A lo largo de la historia de la humanidad, diferentes sociedades tuvieron actividades lúdicas que eran jugadas en equipos y en las que intervenían pelotas. Muchas de ellas estaban relacionadas con ceremonias religiosas, donde conformaban parte de la liturgia o se llevaban a cabo después como espacios de diversión para la sociedad, desde los juegos de pelota mesoamericanos, que formaban parte de los rituales agrícolas.
Para el caso de Europa, su práctica estaba relacionada con el inicio del año, como sucedía con el soule francés, el calcio florentino y el fútbol de Carnaval inglés. Muchos de estos encuentros carecían de una regulación clara sobre lo que se podía hacer o no, con excepción del calcio, que fue regulado en 1580.
Esto sucedía particularmente con el fútbol, donde llegaban a participar pueblos enteros jugando dentro de las localidades y donde la violencia estaba a la orden de las partidas, llegando incluso a haber muertes por cuchilladas. La meta consistía en llevar la pelota hasta un punto determinado, como podía ser la entrada de la iglesia.
Dentro de la educación privada, la práctica de la actividad física fue vista como una parte fundamental del desarrollo de los estudiantes. Sería en la Inglaterra del siglo XIX cuando se empezó a considerar la práctica de los deportes como el vehículo ideal para ello. Sin embargo, las instituciones practicaban los deportes propios de sus localidades, como el fútbol, el cual tenía diferentes reglas según los distintos distritos y condados. Debido a ello, cada colegio tenía sus propias particularidades, lo que dificultaba llevar a cabo encuentros interescolares.
Es por ello que, en 1848, por iniciativa de los estudiantes universitarios Henry de Winton y John Charles Thring, se hizo un llamado a representantes de los principales colegios ingleses, como Rugby, Eton, Harrow, Winchester y Shrewsbury, reuniéndose en el Trinity College de Cambridge para crear una estandarización del fútbol. De ahí nacerían las llamadas Reglas de Cambridge, consideradas el primer paso hacia el nacimiento del deporte moderno.
Para ese entonces, existían dos grandes tradiciones futbolísticas en Inglaterra. Una daba prioridad al uso de las manos para golpear la pelota, de donde nacería el rugby, mientras que la otra solo permitía el uso de los pies. Debido a ello, cada variante local tenía diferentes reglas con respecto al uso de pies y manos, e incluso sobre la permisividad del contacto físico y la violencia.
Por esta razón, en Cambridge se buscó eliminar la violencia para convertirlo en un deporte más táctico, donde se diese prioridad a la habilidad y la estrategia. Esta visión crearía la primera gran división entre las modalidades futbolísticas y daría lugar al rugby, ya que los colegios que practicaban esta variante argumentaban que el contacto físico fomentaba la valía del jugador.
Con las Reglas de Cambridge se establecieron las normativas básicas del juego, como la existencia de una cancha delimitada donde debía jugarse, el inicio del juego en el centro del campo, la obligatoriedad de jugar con los pies, el objetivo de pasar la pelota por una meta, la posición de fuera de lugar y el reinicio del juego cuando se lograba una anotación.
A raíz de la estandarización del fútbol se sentaron las bases del deporte moderno. Sus principios básicos serían, en primer lugar, la secularización de su práctica, referente al desligamiento de cualquier rito religioso; la igualdad de todos los contendientes en cuanto a las reglas y el alcanzar la victoria mediante la meritocracia, al ser reservada para el mejor; la burocratización mediante la creación de instituciones encargadas de establecer las reglas y administrar su práctica, ya fuese desde el plano local, regional, nacional o internacional; la especialización de los jugadores en la disciplina; y la cuantificación de su práctica, que iba desde el tiempo de juego, los puntos, victorias y derrotas, hasta los récords alcanzados.
Al ser considerados símbolos de la modernidad, los juegos tradicionales que adoptaron estos principios del deportivismo fueron aceptados como deportes, mientras que aquellos que no lo hicieron pasaron a formar parte del folclor de cada país y su práctica quedó confinada a las tradiciones de sus comunidades, pasándoles factura con las siguientes generaciones al transformarse en rarezas locales.
En los años siguientes se iría progresando en su desarrollo, como ocurrió con la adopción de las Reglas de Sheffield, las cuales establecieron varias de las principales normas del fútbol moderno. Todo esto se consolidó con la creación de la The Football Association en octubre de 1863, quedando asentadas las reglas mediante la fusión con las de Cambridge. A partir de ello se conformaron los primeros clubes y se produjo la escisión de los seguidores de la práctica del contacto físico y jugadas como el tackle, naciendo así el rugby con su propia federación.
Con la fundación de la The Football Association se inició la popularización del deporte entre los colegios privados, pero el auge de los derechos laborales de la clase obrera también jugó a favor de su arraigo. El establecimiento del tiempo libre permitió que empezaran a conformarse clubes asociados a las fábricas o a las congregaciones religiosas, las cuales fomentaban el deporte al considerarlo una mejor alternativa a que los trabajadores dedicasen su tiempo al alcohol o al sexo.
Todo ello además ayudó a crear un sentimiento de solidaridad entre los trabajadores al sentirse unidos por la victoria de sus equipos, mientras que la participación en ellos ofrecía la posibilidad de construir un camino hacia la profesionalización del fútbol. De esta manera, para la década de 1880 el deporte se había convertido en un fenómeno de masas gracias a la presencia de jugadores que formaban parte de la plantilla laboral, aunque, como era habitual, la administración de los clubes seguía estando controlada por las élites.
Lo que ayudó enormemente a su difusión puede atribuirse a la simplicidad del juego. El hecho de disponer únicamente de un terreno plano como cancha, de poder usar como pelota cualquier objeto esférico o de que pudiera practicarse de forma informal con una cantidad menor a los 22 jugadores hizo que fuese fácil de practicar tanto por los obreros como por las juventudes. Con ello se aseguró la popularidad futura del fútbol.
La segunda mitad del siglo XIX fue la edad de oro del imperialismo británico, lo cual influyó en la dispersión de los deportes que estaban de moda dentro de la sociedad inglesa. Esto también provocó que dichas prácticas se conociesen en las potencias vecinas y fueran adoptadas como parte de la influencia que ejercía el prestigio del sistema educativo británico. De esta manera, se repitió el mismo proceso en el que las élites fueron las primeras en conocer estos deportes y posteriormente su práctica se extendió hacia los trabajadores.
Es así como en el mundo empezaría a expandirse la cultura deportiva moderna, ya fuese de forma directa mediante el dominio colonial, a través de institutos educativos privados destinados a las clases altas o por medio de las comunidades migrantes británicas de trabajadores especializados, quienes en los diferentes países donde se instalaron conformaron sus primeros clubes sociales.
Estos dos últimos factores serían la forma predominante mediante la cual se daría a conocer el fútbol en Latinoamérica, cuyas sociedades lo adoptarían y lo irían haciendo suyo, convirtiéndose con el tiempo en auténticas potencias futbolísticas.
Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.
Federico Flores Pérez.
Bibliografía: Pablo Albarces. El futbol en America Latina.
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Imagen: S/D. Litografía que muestra una de las jugadas del partido que enfrentó al Barnes Football Club y al Richmond Football Club en 1863. Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/sabes-cuando-se-disputo-primer-partido-futbol-historia_21450


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