Capítulo 8 Los síntomas de Laura 

 Ambos se encontraban visiblemente nerviosos, sin saber cómo proceder. Mientras se dejaron llevar por la pasión desenfrenada que sentían, el tiempo había transcurrido sin que se dieran cuenta. Rápidamente, se ajustaron la ropa, intentando hacer el menor ruido posible.

 — Madre, ¿estás ahí? ¿Por qué te has tardado tanto en salir? —insistía Valentina preocupada.

 Laura, con rapidez, le tapó la boca a Alejandro para que no hiciera el menor ruido, indicando que iba a responder a Valentina.

 — Sí, Valentina, ya voy a salir, solo dame un momento.

 — Abre la puerta, déjame entrar. Quiero asegurarme de que te encuentres bien.

 — ¡No! Lo que sucede es que… todavía no he terminado. De repente, me sentí un poco mal del estómago, pero tranquila, ya se me va a pasar.

 — Por favor, date prisa, porque además no encuentro a Alejandro por ningún lado.

 — Tal vez esté en su habitación. La verdad es que solo me trajo hasta el baño, pero pensé que estaba contigo en la sala.

 — Bueno, apúrate a salir del baño. Mis suegros están preguntando por ti.

 Cuando Valentina se retiró nuevamente a la sala con los padres de Alejandro, Laura respiró aliviada.

 — ¿Te das cuenta de lo que acabamos de hacer? Esto es muy inapropiado. No podemos seguir comportándonos como adolescentes. Esto debe terminar ahora mismo. ¿Me entiendes, Alejandro? —le dijo molesta.

 — Pero no puedo dejarte, Laura. Estoy enamorado de ti. Mi compromiso con Valentina es una obligación impuesta por mis padres. Si no me caso con ella, mi padre me desheredará. Por favor, entiéndelo, no la amo.

 — Si esa mujer, con la que te vas a casar, no fuera mi hija, la situación sería diferente. Pero no puedo ponerme en una posición en la que deba luchar contra mi propia hija por el amor de un hombre. ¡Esto se acabó!

 — Te ruego, Laura, prométeme que continuaremos viéndonos. Debemos hablar de esto detenidamente. No me dejes, te lo suplico.

 — Sal de aquí antes de que Valentina regrese a buscarme y asegúrate de que nadie te vea. Yo los alcanzaré más tarde.

 — Entiendo, Laura. No quiero que esto se descubra ahora, especialmente con mis padres presentes. Pero quiero que sepas que no pienso renunciar a ti, incluso si me caso mañana con tu hija.

 Alejandro salió del baño, asegurándose de que nadie lo viera, y regresó a la sala donde lo esperaban sus padres y Valentina.

 Poco después, Laura apareció. Al verla, su suegra, Ámbar, le dijo:

 — Laura, nos tenías preocupados. ¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo?

 — Sí, todo está bien. Solo tuve un pequeño malestar estomacal, pero ya me siento mejor.

 — ¡Qué bueno! Justo antes de que llegaras, le estaba comentando a Valentina que mi marido y yo hemos elegido la fecha de la boda.

 Laura palideció al instante y miró a Alejandro, quien bajó la mirada, consciente del dolor que ella estaba sintiendo tras lo sucedido entre ellos.

 — Me sorprende, ya que pensé que este encuentro era solo para conocernos. Nunca imaginé que ya tuvieran una fecha para la boda. —dijo visiblemente decepcionada apretando los puños, hacía el intento de disimular su dolor, sin embargo, estaba demasiado vulnerable, acababa de hacer el amor con el futuro esposo de su hija. Era realmente aberrante lo que estaba pasando.

 — Madre, por favor, no entiendo por qué te sorprendes. Te dije claramente que me voy a casar con Alejandro. Esta reunión ha sido solo una formalidad. Además, ya no soy una niña.

 — Eso no está en discusión. Sé que ya eres una mujer adulta, pero creo que deberían reconsiderar su decisión y esperar un poco más, al menos hasta que estén seguros de lo que sienten.

 El padre de Alejandro, que se encontraba enfermo, observaba en silencio. Después de su enfermedad, Ámbar había tomado las riendas del hogar y, ante el comentario de Laura, no pudo quedarse callada, ya que estaba interesada en que su hijo se casara pronto y tuviera un heredero, asegurando así su legado.

 — Laura, no hay de qué preocuparse. Ambos provienen de buenas familias y estoy segura de que se llevarán bien cuando se casen. Además, no perderás a tu hija, sino que ganarás un nuevo hijo. ¿No te parece?

 Para Laura, las palabras de Ámbar fueron humillantes, como si recibiera una bofetada que la hacía sentir inferior ante Alejandro. Sin embargo, no tenía otra opción que fingir que todo estaba bien, porque si se enteraban de la verdad, sería la destrucción total para ella. Aceptar que su hija se casara con su amante no era fácil.

 — Bueno, ya que han decidido la fecha de la boda sin contar conmigo, ¿me podrían informar cuándo piensan casarse?

 — Como sabes, mi marido no está bien de salud, así que pensamos que sería adecuado hacerlo en un mes. Es un tiempo razonable para preparar una recepción íntima con las personas más cercanas a la familia.

 — Muy bien, si esa es la decisión, creo que no tengo nada más que hacer aquí.

 Laura recogió su bolso y salió rápidamente de la casa de Alejandro, subió a su auto y se marchó sin preocuparse por dejar a Valentina. Se sentía atormentada por lo que estaba sucediendo y experimentaba ira hacia sí misma por no poder controlar el deseo que sentía cada vez que estaba cerca de Alejandro.

 (…)

 Días después…

 El tiempo había transcurrido y solo faltaban dos días para la boda. En ese período, Laura solicitó permiso a Emiliano para evitar encontrarse con Alejandro en la universidad. Estaba sumamente deprimida, pasando los días encerrada en su habitación. No podía aceptar que su hija se convertiría en la esposa del hombre que amaba.

 Además del dolor que sentía, notó que se encontraba débil, con mareos y problemas para retener los alimentos. Decidió acudir al médico, ya que a su edad estaba propensa a entrar en la menopausia y atribuyó sus malestares a ello.

 — Doctor, ¿qué es lo que tengo? Imagino que me dirá que se trata de la menopausia, algo que no quisiera escuchar, aunque soy consciente de mi edad. Estoy preparada mentalmente para asumir que estoy envejeciendo.

 El doctor la miró con una expresión que denotaba que estaba a punto de darle una noticia que iba a cambiar su vida por completo.

 (…)

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