Capítulo 7 Mi mejor amiga 

Fue un momento de mucha tensión para mí, lo último que esperaba era encontrarme a Nelson justamente en esa cafetería y a esa hora de la mañana.

Aunque era un día de semana y por lo general él se levantaba muy temprano para ir a su empresa, sin embargo estaba muy lejos de la misma, por lo que no podía entender qué hacía allí.

— ¿Qué te pasa Ana Paula? ¿Por qué te has puesto tan nerviosa? Solo te hice una pregunta, ¿Qué haces aquí con tu cuñado?

— Hola Nelson, la verdad es que no esperaba encontrarte aquí. Lo que sucede es que Nelson me estaba diciendo algo sobre Abril y bueno yo…

— ¿Sobre tu hermana? ¿Y para eso tenían que venir a este café que está tan retirado de tu casa?

Luis José al ver que yo no encontraba las palabras adecuadas para poder justificar mi presencia y la de él en ese café, enseguida se levantó de la mesa y le dijo a Nelson:

— Lo que sucede es que se acerca el cumpleaños de mi esposa y quiero hacerle una fiesta sorpresa como la que tuvo ayer Ana Paula, por eso le pedí que nos encontráramos aquí para que Abril no sospeche nada. 

Nelson se quedó mirándonos a ambos, por un lado no le pareció descabellado lo que le había dicho Luis José, porque efectivamente faltaban unas cuantas semanas para celebrar el cumpleaños de Abril, pero sin embargo estaba algo desconfiado ya que por alguna extraña razón no le caía muy bien Luis José. 

— ¿Así es la cosa? Bueno, entonces me imagino que no les molestara que los acompañe y así entre los tres podemos planificar mucho mejor esa fiesta sorpresa para mi cuñadita. ¿No les parece?

Mis manos temblaban, yo estaba helada de los nervios, sentía que en cualquier momento mis piernas me iban a fallar e iba a caer desplomada al suelo de largo a largo.

— No es necesario Nelson, lo que pasa es que ya Luis José y yo terminamos de hablar. De hecho iba de salida cuando me encontraste.

Luis José también agregó:

— Sí, Ana Paula tiene razón, yo también voy de salida porque Abril debe estar inquieta esperándome, le dije que iba a salir solo un momento y ya se ha hecho tarde.

— Pero al menos pueden decirme en dónde van a hacer la fiesta sorpresa. 

De alguna manera Nelson no creía por completo lo que le habíamos dicho, la sorpresa me la llevé yo con su pregunta, por lo tanto le dije lo primero que se me vino a la mente: 

— Lo vamos a celebrar en casa, bueno yo ya me tengo que ir tengo muchas cosas que hacer.

— No te vayas cariño, recuerda que te dije anoche que tenemos una conversación pendiente. ¿O se te olvidó?

— No se me ha olvidado Nelson, pero creo que no es el momento.

— Yo creo que es el momento perfecto y esta cafetería como que da buenas ideas para hacer planes. Entonces no veo el por qué no puedas quedarte unos minutos con tu futuro esposo para que hablemos de esa conversación que tenemos pendiente amorcito.

La expresión de Luis José era realmente de mucha molestia, sin embargo no podía hacer nada ya que eso sería un detonante que podía hacer que todo saliera al descubierto. Así que solo se limitó a decir:

— Bueno, yo me tengo que ir, así que los dejo para que hablen a gusto. 

Nelson de una forma sarcástica le dijo:

— Que te vaya bien Luis José y nos vemos pronto en esa fiesta sorpresa que planificas hacerle a tu querida esposa.

Luis José prefirió no decirle una sola palabra, sonrió forzosamente y salió del café a toda prisa, mientras que Nelson me obligó a regresar a la mesa donde estaba hablando minutos antes con Luis José, estaba dispuesto a que le diera una explicación del por qué no había contestado sus llamadas cuando estaba en Cancún. 

— Y bien Ana Paula, ¿Me puedes explicar qué es lo que te pasa? ¿Por qué no contestaste ninguna de las llamadas que te hice? ¿Acaso te está pasando algo de lo que no estoy enterado?

— No me pasa nada Nelson, no te contesté las llamadas porque como te pudiste haber dado cuenta tuve un pequeño accidente donde me lastimé el pie. Me sentía mal y no quería hablar con nadie eso es todo.

— Esa no es razón suficiente para que no contestaras mi llamadas, como tampoco considero que haya sido necesario que te citaras con tu cuñado a esta hora de la mañana aquí en este café. ¿No te parece que estás haciendo muchas cosas buenas que parecen malas?

A pesar de que trataba de controlar mis nervios para no delatarme delante de mi prometido, definitivamente había algo en mí que hacía que Nelson desconfiara de todo lo que le decía.

— Creo que estás inventando cosas sin ningún sentido, ya te dije que Luis José solo quiere preparar una fiesta sorpresa como la que hicieron mis padres conmigo. No veo qué tenga de malo eso. 

— No, yo no le veo nada de malo que quieran prepararle una fiesta sorpresa a Abril, lo que no entiendo es que tengan que venir hasta este café a hablar algo que tranquilamente han podido hacerlo en tu casa sin que ella se diera cuenta.

— ¡Ya basta Nelson! Creo que quieres buscar un problema donde no lo hay y la verdad es que no tengo el humor de seguirte escuchando. 

Justo en ese momento cuando intentaba levantarme de la mesa, Nelson me detuvo tomando mi muñeca con fuerza mientras hacía que volviera a sentarme, era un hombre muy prepotente y controlador, no permitía que lo dejara con la palabra en la boca.

— No hemos terminado de hablar. Estás acostumbrada a hacer las cosas a tu manera y quiero recordarte que dentro de un mes serás mi esposa, y que a partir de ese momento las cosas van a cambiar para ti. 

— No entiendo por qué actúas de esa forma conmigo, porque tú también deberías darme una explicación. Como por ejemplo ¿Qué haces aquí en este café a esta hora de la mañana cuando deberías estar en tu empresa?

— Muy fácil, me iba a encontrar con un socio que tiene su negocio muy cerca de aquí. Yo no tengo nada que ocultar a diferencia de ti, que estás actuando de forma extraña últimamente.

— Para mí esta conversación se acabó, debo regresar a casa, estoy cansada, no he dormido bien con el dolor en el pie y la verdad ya no quiero hablar más contigo.

Con todo el dolor que sentía en mi pie, me levanté lo más rápido que pude y salí a toda prisa del café. Por supuesto iba cojeando tratando de aguantar el dolor, pero ya no soportaba el acecho por parte de Nelson. 

Nelson se quedó sentado a la mesa mientras observaba cómo me iba alejando de él, miró su reloj y luego tomó su celular haciendo una llamada:

— Hola te habla Nelson, quiero que a partir de hoy vigiles a Ana Paula las 24 horas, quiero que me des informe de cada cosa que haga, de cada paso que dé y de todo aquel que se le acerque.

— Muy bien jefe así será. ¿Algo más que pueda hacer por usted?

— Sí, quiero que investigues todo acerca de un tal Luis José Simanca, es el esposo de mi cuñada pero no me da muy buena espina. Eso lo quiero para ayer ¿Me estás entendiendo?

— Sí jefe, haré todo lo más pronto posible.

— Eso espero, apenas tengas información me llamas.

Nelson colgó la llamada y luego salió del café, caminó unos cuantos pasos hacia un edificio antiguo que se encontraba muy cerca del lugar y entró.

Tocó la puerta de uno de los apartamentos e inmediatamente salió una mujer que lo recibió efusivamente mientras le decía:

— Cariño estaba ansiosa de que llegaras, te tardaste mucho. ¿Compraste algo para desayunar?

Él inmediatamente la tomó por la cintura y la besó en la boca con todas sus ganas y luego le dijo:

— No pude comprar nada porque se presentó un problema inesperado cuando entré a la cafetería.

— ¿Un problema? ¿Y qué tipo de problema pudiste tener en la cafetería? 

— Me encontré con Ana Paula.

— ¿Qué? ¿Pero acaso sabe lo nuestro?

— Claro que no, no te preocupes que Ana Paula jamás sospecharía nada malo de su mejor amiga. Además por eso compré este apartamento para nuestros encuentros, sin embargo lo menos que esperaba era encontrármela.

— ¿Y entonces qué hacía en el café de la esquina a esta hora?

— No quiero hablar de eso cariño, hay algo que todavía no me termina de cuadrar pero no te preocupes que muy pronto voy a descubrirlo. Mejor pidamos algo de comer. 

Maribel aparentaba ser mi mejor amiga, habíamos estudiado juntas desde que estábamos en el colegio, pero en el fondo ella siempre ambicionó todo lo que yo tenía, y eso incluía a mi futuro esposo, el cual tenía una cuantiosa fortuna que para ella era muy atractiva.

Yo los había presentado en una de las tantas fiestas que siempre hacían mis padres en casa, sin imaginar que se convertirían en amantes, y para ese entonces yo aún no estaba enterada de lo que estaba sucediendo entre ellos.

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