Capítulo 7 El precio del deseo

Laura se encontraba visiblemente nerviosa al ver que su hija Valentina la esperaba en el mismo lugar donde habitualmente se encontraba con Alejandro. Miraba a su alrededor, buscando a Alejandro, ya que habían acordado verse allí para salir juntos de la universidad y poder conversar en un lugar más privado.

 — Valentina, ¿qué haces aquí? —dijo Laura, sorprendida y con una expresión de preocupación. — No sueles aparecer en mi lugar de trabajo sin avisarme.

 — Madre, pareces haber visto un fantasma. ¿Qué hay de malo en que venga sin avisarte? ¿Acaso me estás ocultando algo?

 — Es que… lo que sucede es que yo… —Laura se sentía confundida y no sabía qué excusa ofrecer ante su sorpresa. — En realidad, no te esperaba. Pero, ¿ha pasado algo con tu padre?

 — ¡Cálmate, mamá! Si hubiera sabido que te pondrías así, te habría pedido una cita para anotarme en tu agenda. Todo está bien en casa. Solo vine a buscar a Alejandro y a ti, porque hablé con sus padres y quieren conocerte.

 — ¿Qué? ¿Los padres de Alejandro quieren conocerme? Pero… eso no puede ser. No estoy preparada para conocerlos, me has tomado por sorpresa. —dijo Laura, tartamudeando y sintiéndose cada vez más nerviosa mientras buscaba a Alejandro con la mirada.

 — ¿Es en serio mamá? ¿Por qué necesitas estar preparada para conocer a mis futuros suegros? ¡Es absurdo! No es algo del otro mundo que no puedas hacer.

 — Por favor, Valentina, es mejor que hablemos en otro lugar. No quiero que me vean discutiendo contigo en medio del estacionamiento. Sube al auto y vámonos.

 — ¡No! No iré a ningún lado sin Alejandro; quedamos en encontrarnos aquí, donde aparcas tu auto.

 Laura sintió que la sangre se le subía a la cabeza. No podía creer que Alejandro la hubiera engañado, haciéndole creer que se verían para hablar, cuando en realidad había quedado de verse con Valentina y para colmo en el mismo lugar en el que siempre se encontraban.

 — ¿Qué has dicho? ¿También quedaste en encontrarte aquí con Alejandro?

 — ¿Cómo así? ¿Acaso tú también te ibas a encontrar con él aquí?

 Laura, tan nerviosa que no se daba cuenta de lo que decía, intentó aclarar la situación antes de que Valentina comenzara a sospechar.

 — ¡Claro que no! ¿Para qué querría encontrarme con él si ya lo he visto en clase? Solo quería decir que no sabía que te ibas a encontrar con Alejandro aquí donde también estaciono mi auto.

 Hasta ese momento, Valentina no se percataba de lo que realmente estaba sucediendo entre su madre y Alejandro. Asumió que Laura estaba indispuesta porque no estaba de acuerdo con que se casara tan rápido, y mucho menos con un joven que apenas llevaba un par de meses conociendo.

 Minutos después, Alejandro llegó al lugar y, al verlas a ambas, se puso muy nervioso. Para él era una sorpresa ver a Valentina allí. Pero sin embargo, ella al verlo, se acercó rápidamente, se colgó de su cuello y le dio un beso en la boca, lo que provocó la furia de Laura.

 Tenía sentimientos encontrados: por un lado, le molestaba saber que estaba engañando a su hija; pero al mismo tiempo, los celos la consumían, especialmente porque momentos antes Alejandro la había besado en el salón de clases, haciéndola sentir más deseada que nunca. No pudo soportar esa demostración de amor entre ambos y, de forma impulsiva, exclamó con voz firme:

 — ¡Ya basta! Este no es el lugar para demostraciones de amor. Recuerden que es mi lugar de trabajo y no puedo permitir este tipo de espectáculos.

 — Mamá, por favor, pareces una vieja amargada. Creo que la edad te está afectando el cerebro.

 — ¡Cállate, Valentina! No te voy a permitir que me faltes al respeto, y mucho menos delante de tu… Bueno, lo que sea. —No pudo pronunciar la palabra “prometido”; realmente estaba llena de celos, dolor e impotencia.

 Alejandro nunca había visto a Laura actuar de esa manera. Se dio cuenta de que ella estaba llena de coraje porque se sentía celosa, lo que, en el fondo, lo hacía sentir satisfecho, ya que mantenía la esperanza de que en cualquier momento pudieran estar juntos como tanto había soñado.

 — Creo que tu madre tiene razón, Valentina. No debiste hablarle de esa forma.

 Laura lo miró fijamente y le dijo:

 — ¿Alejandro, entonces sabías que Valentina iba a venir a la universidad? Si es así, no comprendo por qué no me lo dijiste en el salón de clases.

 — Lo siento, profesora Laura, pero yo tampoco lo sabía. Recibí el mensaje de Valentina al finalizar la clase. También fue una sorpresa para mí que ella estuviera aquí.

 Eso lo explicaba todo; Laura había imaginado que Alejandro había citado a Valentina adrede, solo para revelarle la verdad sobre lo que sucedía entre ellos.

 — Bueno, hemos hablado suficiente. Es mejor que nos apresuremos; tus padres deben estar esperándonos para almorzar en tu casa. Están ansiosos por conocer a mi madre. —dijo Valentina, colgándose del cuello de Alejandro y mostrando una expresión de felicidad.

 Laura no tuvo otra alternativa que aceptar ir a conocer a los padres de Alejandro. Sentía que, si no lo hacía, su hija pensaría que no le importaba lo que sucediera en su vida. Además, tenía curiosidad por saber qué tipo de familia eran, ya que su hija estaba a punto de emparentarse con ellos. Pensaba que tal vez, al estar allí, podría encontrar algún motivo para que su hija desistiera de ese compromiso.

 Se subieron al auto; Valentina eligió sentarse en la parte de atrás, mientras Alejandro se sentó en el asiento delantero junto a Laura. Ella encendió el auto y comenzó a conducir, pero no podía dejar de pensar en el beso que Alejandro le había dado en el salón de clases. Si no hubiera aparecido su hija, tal vez estarían teniendo una experiencia íntima en ese momento.

 Era un deseo mucho más fuerte que su dignidad como mujer. Ningún hombre la había hecho sentir tan deseada como él. A pesar de ser una mujer madura y tener una hija, el primero en hacerla sentir un orgasmo había sido Alejandro. Con él, experimentó lo que realmente significaba hacer el amor con un hombre de verdad.

 Mientras conducía, ya a punto de llegar a la casa de los padres de Alejandro, él rozó con la punta de sus dedos una de sus piernas. Valentina estaba concentrada en su celular y, por supuesto, no se dio cuenta de lo que su prometido hacía con su madre. Jamás le habría pasado por la mente que algo así pudiera suceder.

 Laura se puso tan nerviosa que frenó el vehículo de forma abrupta, haciendo que Valentina soltara su celular y gritara del susto.

 — ¿Pero mamá? ¿Qué te pasa? Casi chocamos con el auto que está delante de nosotros.

 — Perdón, hija, no fue mi intención. Me pareció haber visto algo y por eso frené de repente. Bueno, creo que ya llegamos, ¿no es así, Alejandro?

 Le lanzó una mirada fulminante a Alejandro, sintiendo que él estaba jugando con fuego y que no estaba dispuesta a participar. Ya tenía suficiente con mentirle a su hija.

 — Sí, profesora Laura, esta es mi casa.

 Laura se quedó asombrada al ver la mansión donde vivía Alejandro. En los meses que habían estado saliendo, solo se habían encontrado para tener encuentros íntimos; no habían tenido una conversación en la que pudieran conocerse más allá de lo físico.

 Para Laura, fue una verdadera sorpresa descubrir que Alejandro provenía de una familia adinerada. Sabía que una de las razones por las que se casaba con Valentina era para recibir su herencia, pero jamás imaginó que fuera multimillonario. En ese momento, llegó a pensar que su fortuna podría ser incluso mayor que la de su esposo, Javier.

 Al entrar a la mansión, Laura no podía dejar de asombrarse. La casa estaba rodeada de lujos, y la decoración era realmente impresionante, cuidando cada detalle.

 Sin embargo, la sorpresa no terminó allí. Cuando aparecieron los padres de Alejandro, especialmente su madre, Laura quedó boquiabierta al ver que era una mujer muy atractiva, incluso un par de años menor que ella.

 — Hola, bienvenida. Usted debe ser Laura, la madre de Valentina. Es aún más bella en persona de lo que mi hijo Alejandro me ha contado.

 Laura le extendió la mano, pero solo sonrió, sumida en su asombro, incapaz de creer que la madre de su joven amante se viera mucho más joven que ella. Era realmente lo peor que le había pasado desde que supo que Alejandro era el prometido de su hija.

 A diferencia de la madre de Alejandro, su padre era un hombre bastante mayor y se encontraba muy enfermo. Esa era la razón por la que tenía tanta prisa por casar a su único hijo con Valentina, ya que sabía que provenía de una buena familia con valores, sin imaginarse que en realidad su hijo era el amante de la madre de su futura nuera.

 Minutos después…

 — Disculpen, ¿puedo usar su baño, por favor? —preguntó Laura, buscando una excusa para estar a solas y poder calmarse en medio del torbellino de sentimientos que estaba experimentando.

 Alejandro se levantó de la silla y le dijo a Laura:

 — Yo la acompaño. Esta casa es muy grande y podría perderse. Por favor, venga por aquí. —dijo Alejandro aprovechándose de la ocasión para poder estar a solas con Laura. 

 A nadie le pareció extraño que Alejandro quisiera ser amable con su futura suegra, así que ambos caminaron por uno de los pasillos de la enorme casa. Al llegar a la puerta del baño, Alejandro la abrió y

 la empujó suavemente contra la pared, levantando con delicadeza una de sus piernas mientras acariciaba su muslo bajo el vestido. Sus labios se encontraron en un beso ardiente, robándole el aliento y dejándola sin posibilidad de resistirse. Con firmeza, desabrochó su pantalón, revelando su deseo, y la envolvió en una intimidad que la hizo estremecer.

 A medida que sus cuerpos se unían, la respiración de Laura se volvía más intensa, y él, atento a cada reacción, la abrazó con fuerza, asegurándose de que el mundo exterior quedara atrás. Sus manos exploraban cada rincón, mientras el ritmo se volvía más apasionado, como si estuvieran en una danza secreta. 

 Con cada movimiento, buscaba llevarla a un clímax que la hiciera sentir más viva que nunca, deseando que comprendiera que ningún otro podría hacerla experimentar esa conexión tan profunda. En ese instante, el tiempo se detuvo, y todo lo que existía era el calor de sus cuerpos entrelazados. Al ca

 bo de unos minutos, en medio de la excitación y habiendo llegado ambos al clímax, de repente se escuchó del otro lado de la puerta la voz de Valentina llamando a su madre.

 — Mamá, ¿estás allí?

 Laura y Alejandro se miraron aterrados, sintiéndose atrapados con las manos en la masa. No podían abrir la puerta, ya que no tenían ninguna excusa que pudiera explicar qué hacían encerrados en el baño a solas.

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