Capítulo 6 Un encuentro de infarto 

La fiesta de cumpleaños continuó hasta el amanecer, tuve que quedarme forzosamente atendiendo a todos los invitados, entre ellos los padres de Nelson, mis futuros suegros, que no cabían de la felicidad al saber que ya teníamos fecha para la boda. 

Lo que pensé que sería una fiesta de cumpleaños, se había convertido en mi peor pesadilla. El compromiso de mi boda había opacado mi celebración de cumplir un año más de vida, pero la decepción de saber que me había enamorado a primera vista de aquel hombre tan atractivo que resultó ser el esposo de mi hermana, fue una espina que se enterró completamente en mi corazón.

No veía el momento en que todo terminara y encerrarme en mi habitación por los próximos 50 años. 

(…)

Al día siguiente…

No quería salir de mi habitación, sin embargo, fue inevitable no hacerlo ya que Abril fue a buscarme como lo hacía en los viejos tiempos, cuando éramos una familia feliz. 

 Buenos días dormilona. Hace un día precioso, ya está listo el desayuno. 

Me dijo mientras abría las cortinas de la ventana, yo no había dormido nada en toda la noche por lo que no quería levantarme de la cama. 

 Buenos días Abril, la verdad es que no tengo apetito.

 Por favor, Ana Paula, acompáñame a desayunar, es que papá y mamá aún no se han levantado y no quiero comer sola. 

 ¿Sola? Pero… ¿Y tu marido dónde está? 

 Salió temprano porque lo llamó un colega con el que hizo el congreso en Cancún, al parecer tenía algo importante que decirle. 

 ¿Y siempre sale así tan imprevisto?

 ¡Ay hermana! Ya se lo que estás insinuando, pero déjame decirte que mi Luis José, es el hombre más fiel de este mundo, él es incapaz de engañarme. Y para tu tranquilidad, jamás hemos tenido problemas con eso. 

Tragué profundo, no podía creer que Abril confiara tanto en él, para mi era insoportable la idea de tener que vivir con este remordimiento y no poder mirar a los ojos a mi hermana. 

Justo en ese momento sonó mi celular, me había llegado un mensaje, ella me dijo con mucha cortesía:

 ¡Ay déjame pasártelo!  

De inmediato le dije aterrada mientras daba un salto de la cama: 

 ¡No! No te molestes, yo lo busco. 

 Parece que estabas esperando ese mensaje, y no creo que sea de tu prometido, porque la cara que tenías anoche era más bien de velorio. 

 Es que estaba muy cansada del viaje y como te dije anoche, tenía una fuerte migraña.

 No me digas que ese mensaje que te pasaron es de tu salvador desconocido, mucho cuidado Ana Paula, mira que ya tienes la fecha de la boda, no puedes darle tanta importancia a un desconocido que tal vez no vuelvas a ver jamás. 

Mientras Abril hablaba sin parar, yo abrí el mensaje, era de un número desconocido que decía: 

 Hola, es Luis José, este es mi número, necesito que hablemos por favor, te espero en el café Garibaldi dentro de media hora. No faltes.

Sentí que un escalofrió invadió mi cuerpo, no sabía qué hacer, tenía la oportunidad de contarle todo a Abril en ese momento, pero no tenía el valor de hacerlo.

Además, no dejaba de pasarme por la mente lo que Luis José me había dicho con respecto a su estado de salud, porque de ser verdad, le provocaría un infarto fulminante. 

“Ay no, ni pensarlo, mejor no”

 ¿Mejor no qué? ¿De qué estás hablando?

Sin darme cuenta estaba pensando en voz alta, creo que en ese instante a la que iba a darle el infarto era a mi. 

 ¡Ah! Que mejor no desayuno porque me acaba de escribir una amiga que quiere verme porque tiene que decirme algo urgente. 

 ¿Una amiga? ¿En serio te escribió una amiga? ¿No será más bien ese salvador desconocido?

 ¡Claro que no! Ya te dije que se trata de una amiga y mejor anda tú a desayunar, porque me espera en media hora. Después hablamos. 

Abril me dejó sola y se fue al comedor un poco molesta porque quería compartir más conmigo, teníamos un año sin vernos y lo más lógico era que estuviera con ella, pero me urgía hablar con Luis José y poner las cosas claras.

Envié un mensaje avisándole que iba saliendo para el café, me vestí con lo primero que encontré y salí de casa antes de que mis padres despertaran. 

(…)

Conduje el auto a toda prisa, estaba ansiosa de llegar. Estacioné a unas calles del café y me coloqué unos lentes oscuros con una gorra deportiva. 

Al entrar al café, estaba Luis José, sentado a una de las mesas, andaba con ropa deportiva, se veía tan guapo como la primera vez que lo vi, enseguida se puso de pie y yo me fui acercando lentamente. Cuando estuve enfrente de él, me dijo: 

 Estás preciosa.

 No vine a que me elogiaras, estoy aquí para que hablemos de mi hermana Abril. 

 Lo siento, discúlpame Ana Paula, no fue mi intención, pero por favor toma asiento. ¿Quieres un café?

 No quiero tomar nada, solo quiero que me digas si es verdad lo de la enfermedad de mi hermana. 

Él pidió un café, tomó un sorbo y luego me miró a los ojos mientras comenzaba a contarme:

 Nos conocimos hace un año y unos meses, ella fue a mi consulta para un chequeo de rutina, pero los estudios que le realicé indicaron que tenía un problema cardiaco, le aconsejé que debía ir a un especialista y así lo hizo. 

Hizo una pausa, se veía realmente muy afectado, lo que me indicaba que efectivamente no me estaba mintiendo, luego continuó:

 Luego a los días regresó a mi consultorio y esta vez muy deprimida, me dijo que le habían detectado una insuficiencia cardiaca, es por esa razón que sufría frecuentemente de falta de oxígeno, se le inflamaban las piernas, tenía mareos y mucho cansancio físico. 

 ¿Pero por qué no ha dicho nada? Somos su familia, tenemos derecho a saberlo.   

 Porque no quiso hablar más con tus padres después que nos casamos, ella eligió llevar una vida tranquila y evitar tener enfrentamientos con la familia. 

 Pero yo soy su hermana, ella ha podido decírmelo a mi, siempre hemos sido muy unidas.

 No lo sé Ana Paula, la verdad es que yo solo he respetado su decisión. Y como entenderás no puedes decirle que lo sabes. 

 Es imposible que pueda decirle que ya estoy enterada de su enfermedad porque su esposo con quién hice el amor el fin de semana en Cancún, me pidió que no le dijera nada para evitarle un infarto. ¡Eres un cínico! Mi pobre hermana no se merece tener a su lado a un hombre como tú.

—Por favor Ana Paula trata de controlarte, no has dejado que termine de decirte cómo fue que llegamos a casarnos, por favor déjame explicarte. Sé que cuando sepas toda la verdad, entenderás muchas cosas, yo no soy un hombre mujeriego ni un canalla como te lo estás imaginando.

—Yo lo único que sé, es que no quiero volver a verte nunca más en mi vida. 

—¿Pero de qué hablas tú si estás comprometida y te casas dentro de un mes? Eso no me lo dijiste y sin embargo hiciste el amor conmigo. 

—Eso es diferente y no pienso darte explicaciones al respecto, es mi vida y ya no te interesa. 

Cuando estuve a punto de levantarme de la mesa, Luis José me tomó por el brazo y me dijo con voz fuerte:

—Te equivocas, todo lo que tenga que ver contigo me interesa y lo que vivimos este fin de semana fue real, te hice el amor como jamás lo he hecho con otra mujer.

—¡Cállate! —le dije furiosa mientras me soltaba del brazo y de pronto escuché una voz detrás de mí que decía:

—¿Ana Paula y qué haces aquí a esta hora? 

—¡Nelson! 

Mi corazón comenzó a latir a millón, mientras Luis José se quedó totalmente paralizado. 

Lo último que esperaba, era encontrarme a mi prometido justamente allí en ese café.

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