Capítulo 53 Un regreso inesperado 

La tensión en el consultorio era palpable, Valentina sentía temor, no estaba optimista y solo pensaba en lo peor. Ya la vida la había hecho pasar por mucho dolor, y sentía que esta vez podía tratarse de algo muy malo que venía a empañar la felicidad que había logrado alcanzar.

Apretaba la mano de Manuel con fuerza, él era su único refugio en ese momento. El doctor ya tenía los resultados de los análisis en su poder y estaba preparado para darle la noticia a ambos.

—Por favor, doctor, dígame, ¿qué es lo que tengo? ¿Por qué me han dado todos esos malestares? Termine con esta angustia que tengo por favor. —decía Valentina a punto de llorar.

—Bueno, después de una evaluación exhaustiva, los resultados de los exámenes indican que usted está embarazada.

Tanto Manuel como Valentina exclamaron al unísono, totalmente incrédulos:

—¿Cómo?

—Sí, así es. Van a tener un hijo.

—No, eso no puede ser, doctor. Tiene que haber un error. Yo no puedo tener hijos; hace algunos años me hice unos exámenes y el médico me dijo claramente que no podía embarazarme.

—Señora Valentina, tengo más de veinte años de experiencia en mi oficio y jamás había estado tan seguro como ahora de lo que le estoy diciendo. Con todo respeto, creo que el error fue del médico que le dio esos resultados equivocados. Porque usted está completamente sana y es capaz de embarazarse todas las veces que desee.

Valentina no pudo evitar llorar de emoción mientras abrazaba a Manuel, quien también estaba visiblemente emocionado.

—¿Te das cuenta, mi amor? ¡Vamos a ser papás! No puedo creer que estoy embarazada, que por fin estoy viendo mi sueño hecho realidad. Aunque ya tengo a mi hijo Javier Alejandro, esta sensación de llevar a un bebé dentro de mí es algo maravilloso.

—Sí mi amor, vamos a tener un bebé en casa, me haces el hombre más feliz del mundo. ¿Viste que no tenías que preocuparte de nada? Te amo Valentina. —le dijo besándola en los labios con ternura, no cabía de la felicidad.

—Me muero por llegar a casa y darle la noticia a Javier Alejandro, se va a poner muy feliz cuando sepa que va a tener un hermanito.

—O hermanita. —dijo sonriendo Manuel. Porque me gustaría que fuera una niña para que se parezca a ti, eres demasiado hermosa.

La vida le sonreía a Valentina después de tanto sufrimiento; comenzaba para ella una nueva etapa, acompañada de un hombre maravilloso como Manuel, quien la amaba incondicionalmente.

(…)

Meses después…

Valentina se había enfocado en su hogar y en la espera del bebé, el tiempo transcurrido en la dulce espera, había sido maravilloso para ella. No podía creer aún que estaba esperando un hijo, por fin la vida le había cumplido el sueño de ser madre de forma natural.

—Qué hermosa te ves, mi amor. Ya la pancita está creciendo y esa ropa materna se te ve divina. —dijo Manuel besando su vientre con ternura. Estaba emocionado de ser padre primerizo, aunque había asumido la paternidad de Javier Alejandro, al que quería como si fuera su propio hijo, el saber que Valentina, el amor de su vida, le iba a dar un hijo, lo llenaba de mucha felicidad.

—Cariño, tú lo dices solo porque me amas, pero me siento cada vez más gorda y mira cómo tengo los pies de hinchados.

—¡Jajaja! Pero eso es normal. Además, cuando tengas al bebé, todo eso se te va a quitar. Así que no tienes de qué preocuparte. Voy a ir a la cocina a traerte un té; eso te hará bien.

—Eres el mejor esposo del mundo, por eso te amo tanto.

Le dio un beso en la boca; no cabía duda de que ambos estaban muy enamorados. En ese momento, mientras Valentina descansaba en el sofá y Manuel iba por su té, sonó el timbre de la puerta.

—¿Y ahora quién será? Me cuesta tanto levantarme, pero ni modo, voy a ver quién es.

Valentina se levantó del sofá, haciendo un gran esfuerzo, ya que la barriga le estaba causando estragos. Cada día se sentía más cansada y le costaba mucho caminar; sin embargo, estaba feliz de que pronto tendría a su hijo, como tanto lo había soñado. Al llegar a la puerta y abrirla, se quedó impactada al ver frente a ella a la persona menos esperada. Solo exclamó:

—¡Alejandro!

Efectivamente, era Alejandro, quien había aparecido después de tanto tiempo sin saber de él. La sorpresa no solo fue para ella, sino también para él, quien no podía creer que Valentina estuviera embarazada.

—¡Valentina! ¿Pero cómo es posible que tú estés esperando un hijo?

—¿Y tú qué haces aquí después de tanto tiempo?

—No has respondido a mi pregunta. ¿Cómo es posible que estés embarazada cuando tú no puedes tener hijos? ¿Me puedes explicar?

—Pues ya ves, resulta que todo fue un error del médico que me hizo los exámenes en aquel momento. Al parecer, se traspapelaron los resultados con los de otra paciente.

—Pero aunque haya sido así, tú y yo siempre buscamos la forma de que salieras embarazada. Jamás nos cuidamos y, aun así, nunca pudiste darme un hijo.

—Quizás Dios no quiso que eso ocurriera porque tú ya te habías encargado de embarazar a mi madre.

—Por favor, Valentina, yo no sabía que Laura era tu madre. Todo fue una mala jugada del destino. Pero lo que quiero saber es de quién es ese hijo que vas a tener. Dime, ¿quién es ese hombre que ahora ocupa mi lugar?

En ese instante, se escuchó la voz de Manuel que dijo:

—¡Soy yo!

Alejandro estaba incrédulo; no podía asimilar lo que estaba escuchando. Manuel siempre había sido su amigo del alma y no podía creer que ahora estuviera con Valentina.

—¿Manuel? ¿Pero qué haces tú aquí?

—Ya escuchaste, el hijo que está esperando Valentina es mío. Ella ahora es mi esposa.

—Eres un traidor. Jamás esperé esto de ti, Manuel. Eres mi socio y, por si fuera poco, mi mejor amigo. ¿Acaso se te olvidó eso?

—A mí no se me olvida que aún eres mi socio, pero ya no eres mi amigo. Y te advierto que ahora Valentina tiene quien la defienda, y no te voy a permitir que te acerques a ella para molestarla. ¿Te quedó claro?

—Sí, perfecto, está bien. Pero te recuerdo que Diego Alejandro es mi hijo y tengo derecho a verlo cuando quiera.

Valentina, molesta, gritó:

—Te equivocas, Alejandro. Diego Alejandro ya no te pertenece, porque te recuerdo que el juez me dio la custodia completa. Además, en todo este tiempo no te importó lo que sucediera con el niño; te desapareciste sin dejar rastro.

—He estado demasiado afligido porque me enteré de que mi madre se suicidó en la cárcel, y eso me trastornó tanto que no tenía cabeza para pensar en lo que hacía. Pero ya estoy recuperado y he regresado porque quiero estar cerca de mi hijo; es lo único que me queda.

—Lo siento, Alejandro. Aquí no te queda nada. No volverás a ver a mi hijo porque él ya tiene un padre que lo quiere a tiempo. Así que te pido, de la forma más amable, que te marches de mi casa para siempre.

—Valentina, por favor, no me hagas eso, yo…

—¡Se acabó, Alejandro! La vida te está cobrando, al igual que a Laura, todo el daño que me hicieron. Ahora lo único que quiero es que te vayas y no volver a verte nunca más. Ve y busca a Laura y quédate a su lado; al final, deberían estar juntos. Está en el hospital público pasando sus últimos días de vida.

Para Alejandro, fue un gran impacto enterarse de que Laura le quedaba poco tiempo de vida. Se dio cuenta de que ya no tenía nada que buscar en casa de Valentina; había perdido todo. La última esperanza que tenía de recuperar a Valentina se desvaneció al saber que ella ya estaba construyendo su vida con quien siempre había considerado su mejor amigo. Así que decidió ir a ver a Laura, incrédulo, porque no podía imaginarse que ella estuviera muriendo.

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