Capítulo 52 El psiquiatra 

Guillermo al ver lo que había sucedido con el encuentro inesperado que yo había tenido con esa pequeña niña, en la que cabía la posibilidad de que se tratara de mi verdadera hija, tomó la decisión de que nos marcháramos de la clínica inmediatamente.

— Es mejor que regresemos a casa ahora mismo. 

— ¿Pero qué estás diciendo Guillermo? No podemos regresar a casa porque aún no me ha visto el psiquiatra, además ya falta poco para que toque mi turno de pasar a mi consulta. No podemos irnos así. Además es importante que le diga al doctor que tuve un recuerdo sobre el nacimiento de mi hija. 

— Ana Paula ya te dije que debemos marcharnos, ya vendrás a la consulta del psiquiatra en otro momento, pero créeme que sé lo que te digo y debemos irnos ya. 

Guillermo no dejó que yo dijera una sola palabra más, era ahora o nunca que debíamos salir de allí de la clínica, o de lo contrario correría el riesgo de que alguien pudiera verme y de esta forma descubrirse toda la verdad. 

Me tomó por el brazo con fuerza y me llevó caminando arrastras por la parte de atrás del hospital, evitando así que pudiéramos encontrarnos con cualquier otra persona conocida, enseguida me subió a su auto y arrancó a toda prisa rumbo a casa. 

(…) 

Mientras tanto Luis José había terminado de examinar a su paciente y cuando salió de su consultorio no encontró por ningún lado a la niñera con su hija, comenzó a preocuparse ya que se imaginó que tal vez había salido a dar un paseo fuera del hospital y le aterraba pensar en la posibilidad de que se hubiera perdido con la pequeña, ella no conocía la ciudad y además el hospital era enorme.

Luis José muy angustiado comenzó a mirar a ambos lados del enorme pasillo tratando de decidir por dónde iba a comenzar a buscarlas, sin embargo respiró aliviado cuando se percató que Lola venía caminando a su encuentro con la pequeña Ana Beatriz. 

— ¿Lola, se puede saber en dónde se habían metido? Me tenían preocupado, este hospital es inmenso y tú no conoces la ciudad, por favor mientras yo esté con un paciente te agradezco que no te alejes demasiado. 

— Disculpe Señor Luis José, lo que pasa es que Anita estaba muy inquieta y decidí caminar un poco con ella mientras usted terminaba con su paciente. Solo caminamos hasta el otro pasillo pero me demoré un poco, porque una señora quedó fascinada con la niña y me pidió permiso para cargarla, pero le juro que solo fue un momento nada más. 

— ¿ Pero cómo se te ocurre dejar que una extraña cargue a mi hija? ¿No te das cuenta que pudo haber sido una vulgar delincuente?

— ¡ No señor! Le aseguro que no se trataba de ninguna delincuente, era una señora muy bonita y bien vestida, y lo más curioso es que tiene el mismo nombre de la pequeña, se llama Ana Paula. 

— ¿ Qué has dicho? ¿Esa mujer se llama Ana Paula? ¿Estás segura de lo que me estás diciendo?

El corazón de Luis José comenzó a latir de forma acelerada, su respiración comenzó a agitarse cada segundo, el solo hecho de escuchar mi nombre lo hizo estremecer, enseguida una especie de desesperación lo invadió por dentro y tomó a Lola por los hombros mientras la batía con fuerza preguntándole con una mirada que parecía estar desquiciado. Ella estaba asustada porque en el tiempo que tenía trabajando para él, jamás lo había visto actuar de esa forma.

— Lola te hice una pregunta. ¿Estás segura de que esa mujer se llama Ana Paula? ¿Dime dónde la viste? ¿Cómo es ella? Por favor habla de una buena vez, esto es muy importante para mí, es de vida o muerte. 

Lola no salía de su asombro al ver la forma tan desquiciada como le hablaba Luis José, ella solo lo miraba sin saber qué responderle ya que tenía miedo de haber cometido un grave error en haberme permitido que yo cargara a la niña, al fin y al cabo yo era una total desconocida para ella. Y además tampoco estaba al tanto de todo lo que había pasado entre Luis José y yo. 

Sin embargo, al ver el grado de desesperación por parte de él, el cual no la soltaba esperando a que le contara todo lo que había pasado, no le quedó otra alternativa que hablar:

— Bueno señor yo la verdad no creí haber hecho algo malo, aquella señora se acercó a la niña con tanta ternura, que me fue imposible negarme a que ella la cargara. La pequeña estaba llorando porque se había caído y cuando la señora la tomó en sus brazos, de forma mágica dejó de llorar. Fue en ese momento que me preguntó el nombre de la niña y le causó mucha gracia el solo hecho de que ambas llevan el mismo nombre, aunque el nombre completo de la señora es Ana Paula. 

— ¿ Pero exactamente dónde la viste? ¿Y te llegó a decir que estaba haciendo aquí en el hospital?

— Bueno…Sí, yo le pregunté, y me dijo que venía a consulta con el psiquiatra pero enseguida me aclaró que ella no estaba loca. Pero justo en ese momento apareció un señor y se puso muy molesto cuando vio que ella estaba cargando a Ana Beatriz, por la forma como le habló creo que se trataba de su esposo. Yo me asusté mucho y enseguida le quité a la niña y me vine corriendo para acá a buscarlo. 

— ¿ Recuerdas cómo es ella? ¿O qué llevaba puesto?

— ¡Sí claro! Es una mujer de piel blanca, con un cabello hermoso largo y muy alta. Creo que cargaba un vestido con flores. 

 Luis José sorprendido con la descripción que le estaba dando la niñera, enseguida pensó:

“ Dios mío, no puede existir tanta casualidad, esa mujer tiene que ser Ana Paula”

— Quédate aquí con Ana Beatriz y por favor no se muevan de aquí hasta que yo regrese, voy a ir al consultorio del psiquiatra a ver si esa mujer todavía se encuentra allí. 

Luis José salió corriendo hasta el pasillo donde se encontraba el área de psiquiatría, buscó por todos lados pero no encontró rastros de mí y mucho menos de alguna otra mujer con esas características, porque aun no estaba seguro si realmente era yo esa mujer que había conocido Lola. 

Así que sin perder más tiempo, fue inmediatamente a hablar con la secretaria del psiquiatra, para que le diera un permiso de hablar con el doctor unos minutos, ya que tenía que preguntarle algo muy importante sobre un paciente, en vista de que Luis José también era médico y estaba trabajando en el hospital de forma temporal, el psiquiatra hizo una excepción y lo dejó pasar antes de comenzar su consulta con el paciente que ya tenía su cita reservada. 

— ¿ Y bien en qué puedo servirle? Le agradezco que sea breve porque tengo que atender a otro paciente dentro de cinco minutos.

— Sí, está bien no se preocupe no le voy a quitar mucho tiempo, puede que usted no me conozca porque no trabajo fijo en este hospital, solo vine enviado desde el hospital de México para atender de forma extraordinaria a un paciente que requiere de un tratamiento traumatológico. Mi inquietud es porque necesito saber si usted tiene registrada a una paciente con el nombre de Ana Paula. 

— Como usted bien lo sabe doctor Simanca, ningún médico puede dar información de sus pacientes, eso es algo muy delicado y confidencial, y como comprenderá no puedo decirle absolutamente nada, no sería ético de mi parte. 

— Sí, lo sé perfectamente doctor, pero este es un caso de vida o muerte. Se trata de la madre de mi hija que está desaparecida desde hace dos años, no sé nada de ella y he pensado que puede estar secuestrada por un hombre obsesivo que no quiere que esté conmigo y en el peor de los casos, también cabe la posibilidad de que después de su accidente cerebro vascular, el cual sufrió justamente hace dos años, puede estar padeciendo en este momento de amnesia. 

Por supuesto cuando el psiquiatra escuchó todo lo que Luis José le estaba contando, enseguida se percató de que efectivamente se trataba de mí. Ya él conocía mi caso a la perfección en vista de todo el historial médico que le había sido enviado desde México antes de comenzar a tratarme. 

— Con lo que usted me acaba de decir, creo que me ha dejado un poco aturdido, porque la acusación que usted está haciendo hacia ese hombre es muy grave y más aún si usted no está completamente seguro de que se trate de un secuestro. No he visto nada extraño en él en todo este tiempo. 

— Con lo que me está diciendo, está afirmando que efectivamente estamos hablando de la misma persona. Entonces Ana Paula es su paciente ¿No es verdad? ¿Y dónde está? ¿Ya vino a su consulta? Sé que ella hace unos momentos estaba aquí porque tenía consulta con usted. 

— Por favor doctor Simanca trate de controlarse, si no el que va a necesitar de una consulta psiquiátrica es usted, primero dígame ¿Cómo sabe usted que mi paciente Ana Paula venía hoy a consulta si usted me acaba de decir que no sabe nada de ella desde hace dos años?

— La niñera de mi hija la conoció por casualidad, Ana Paula se acercó a la pequeña, al parecer llamó su atención y fue entonces que le dijo su nombre y que estaba esperando consulta con usted. Con la descripción que me dio de ella, no me quedó ninguna duda de que se trataba de la madre de mi hija, pero cuando vine a buscarla ya no estaba. Estoy desesperado, entiéndame doctor, por eso he venido a hablar con usted porque es el único que puede ayudarme. 

— Está bien cálmese, ahora que lo menciona, ella faltó a la consulta de hoy, en su lugar tuve que pasar a otro paciente, permítame preguntarle a mi secretaria si la señora Ana Paula solicitó una nueva cita conmigo. Es extraño porque en el tiempo que tengo tratándola nunca ha faltado a su tratamiento. 

(…)

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