Capítulo 51 La verdad 

Valentina seguía de pie frente a la enfermera, esperando a que ella le explicara cuál era la gravedad de Laura.

—Entonces señora, dígame, ¿Qué tan grave es la enfermedad de Laura?

— La señora Laura, está muy delicada, tiene una enfermedad terminal que la tiene físicamente inmóvil, y en cualquier momento puede perder sus facultades mentales, es por eso su urgencia en hablar con usted, antes de que ya no pueda hacerlo.

Valentina se llevó las manos a la cara de la impresión, no podía creer como el destino le estaba haciendo pagar con la misma moneda a Laura, lo mismo que ella le había hecho a su padre.

Además de todo el daño que también le había causado a ella ocultando su relación con Alejandro, a sabiendas de que ella se iba a casar con él.

Pero en el fondo sentía pena por ella, porque de cualquier forma Laura, era su madre y si se encontraba en esas condiciones a punto de morir, ella debía perdonarla y liberarse de esa carga tan grande que llevaba sobre sus hombros.

— Está bien, lléveme a donde está ella, creo que ya ha llegado el momento en el que deba cerrar este ciclo por completo. Sé que debo perdonarla, ni siquiera por ella, si no por mi, necesito estar en paz conmigo misma ahora que he logrado alcanzar algo de felicidad.

(…)

Horas después…

Valentina llegó al hospital donde tenían a su madre, al estar allí sintió pena no solamente por ella, si no por las condiciones tan deplorables en las que se encontraban todos los pacientes.

Era un hospital público de muy pocos recursos. No había los insumos suficientes para atender a tantos pacientes que se encontraban en condiciones deplorables. Sentía que era muy lamentable que Laura, habiendo sido una mujer con tanto dinero, terminara sus últimos días de vida en ese lugar tan horrible.

Cuando la enfermera la llevó a la habitación en donde estaba Laura, se quedó impactada en el estado de deterioro en el que se encontraba.

Estaba casi desmayada en una cama vieja, que emanaba un olor insoportable, y compartía la habitación con otros dos pacientes que estaban al igual que ella en condiciones graves.

Valentina se acercó a la cama muy despacio sin hacer ruido, pero cuando estuvo frente a ella, Laura enseguida abrió los ojos, y se quedó mirándola fijamente, con una expresión de dolor y miedo. Valentina, no podía creer que su madre se encontrara en ese estado deplorable.

— Viniste Valentina. —dijo susurrando con algo de dificultad. Valentina, respiró profundo, intentando tomar un poco de aire para poder hablarle:

— Si, tu amiga la enfermera fue a buscarme a casa y me dijo que tú querías verme. Aquí estoy…—dijo intentando contener las lágrimas.

— Gracias..por ..venir, pensé que te ibas a negar… porque sé que… me odias. — le dijo hablando con mucha dificultad.

— Te equivocas, no te odio a pesar de todo el daño que me hiciste. —dijo secándose las lágrimas. —Lo que siento por ti es lástima de ver como has terminado después de tanto daño que me hiciste.

— Sí, lo sé, …merezco todo …lo que me está pasando, —tragó grueso y tomó un poco de aire para continuar…—y es por eso que mandé a buscarte…. porque necesito decirte toda la verdad.

— ¿La verdad? —preguntó extrañada Valentina. —¿Pero es que acaso hay algo más que deba saber a demás de haberme enterado de que fuiste la amante de mi esposo y que encima le diste el hijo que yo jamás pude darle?

— Sí, hay algo que tienes que saber y no quiero morirme sin confesarte toda la verdad. Necesito liberarme de este cargo de conciencia que he llevado durante años.

— Pero no comprendo ¿A qué te refieres? ¿Cuál es esa verdad que debo saber?

— Cuando me casé con Javier,… yo estaba embarazada de otro hombre.

— ¿Qué? ¿Qué me estás queriendo decir? ¿Acaso Javier no era mi padre?

— Así es, Javier no era tu padre biológico.

Valentina estaba horrorizada, no podía creer lo que Laura le estaba confesando, ella había crecido creyendo que Javier era su padre, esto sin lugar a dudas había sido un duro golpe que no se esperaba.

— ¿Pero qué has dicho? No, eso no puede ser verdad, él siempre fue mi padre, me dio todo su amor, me amaba como si de verdad lo fuera. ¿Cómo pudiste ser capaz de hacerme algo así?

— No deberías juzgarme, Javier, siempre me maltrató, me fue infiel con Sandra, hasta tuvo una hija con ella. Yo solo quise darte un hogar, porque tu verdadero padre me abandonó apenas supo que estaba esperando un hijo de él.

— ¿Pero cómo pudiste hacer algo así? Terminaste haciendo lo mismo que tanto criticabas de él.

— Sí, es verdad, y no me siento orgullosa de lo que hice, pero al final, Javier me hizo más daño a mi, no te imaginas todo lo que sufrí a su lado.

— ¡Dios mío! ¿Te das cuenta? Entonces toda la herencia que le correspondía a Eloísa por ser su verdadera hija, terminó dejándomela a mi. Esto no es justo. Eloísa merece toda la fortuna.

— Pero tampoco fue justo todo el maltrato que me dio, me hizo sufrir demasiado, y por esa razón fue que lo empujé desde el segundo piso de la casa, porque en el fondo quería acabar con su vida para liberarme de tanto sufrimiento.

— ¿Entonces quiere decir que eso no fue un accidente como siempre me lo hiciste creer? ¿Quiere decir que mi padre quedó casi parapléjico porque tú lo quisiste matar?

— Así es, pero el muy desgraciado tuvo tanta suerte que logró salvarse, y me tocó permanecer a su lado por años, porque era la única forma de poder asegurar la fortuna que al final te dejó a ti.

— Qué injusto es todo esto, eres un moustro. Pero al menos dime ¿Él supo que yo no era su hija?

— No, nunca lo supo y creo que fue lo mejor que pudo pasar.

— ¿Y quien es mi verdadero padre? ¿En donde está?

— Tu verdadero padre falleció hace mucho tiempo de una penosa enfermedad, y por eso preferí guardar el secreto, no tenía sentido destapar una verdad, cuando ya no había nada que hacer. Además, tu verdadero padre nunca te quiso.

Valentina no paraba de llorar, estaba realmente desconsolada, para ella su padre siempre había sido Javier, y así iba a ser siempre en su corazón.

— Esto es horrible, no es justo lo que le hiciste a mi padre a pesar de todo lo que te hizo, eso no justifica que nos hayas engañado a todos.

— No quiero que me juzgues, tú no sabes el infierno que fue vivir al lado de Javier, además, Eloísa, su hija bastarda, es el fruto de su engaño, él también nos hizo mucho daño.

— Pero esa hija bastarda como tú la llamas, es la que tiene derecho a toda la herencia que me dejó mi padre. En cambio yo, soy la verdadera bastarda.

Valentina caminó hacia la puerta para marcharse, pero Laura desesperada la llamó, haciendo un gran esfuerzo:

— ¡Espera! No te vayas, hay algo más que necesito decirte.

(…)

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