Días después…
Desde aquella visita de Laura, Valentina y Alejandro, habían tomado la decisión de usar su última carta, hacer una prueba de ADN con el fin de que Alejandro, pudiera reclamar la custodia legalmente.
Aunque el pequeño había sido adoptado legalmente, la intención de ambos, era demostrar que era hijo biológico de Alejandro, por lo tanto también tenía derecho a la custodia del pequeño. Además, Valentina aún tenía en su poder la carta que había escrito Laura, cediendo todos los derechos del niño a ella y Alejandro. Aunque eso podía desatar que Laura, denunciara que la había escrito bajo amenaza de muerte, lo que implicaría que se abriera una investigación judicial a Ámbar.
Después de varios días de espera, Valentina y Alejandro se encontraban en la sala del laboratorio, esperando los resultados de la prueba de ADN. Laura también estaba presente, acompañada de su abogado, ya que en vista de las circunstancias el juez había ordenado que ambas partes debían realizarse la prueba y posteriormente solicitar legalmente la custodia. La tensión en la sala era palpable, todos estaban en silencio, Laura, no dejaba de mirar a Alejandro mientras pensaba:
“Todavía te amo Alejandro, daría cualquier cosa por recuperar a nuestro hijo y hacer una vida juntos lejos de todos.”
Valentina estaba nerviosa, aunque intentaba disimular ante Laura, no quería demostrarle debilidad, ahora era su enemiga y ese vínculo de madre e hija que las unía, había pasado a un segundo plano. Ya valentina no la consideraba su madre, ahora era su peor enemiga.
Valentina miraba de reojo a Laura mientras pensaba:
“No voy a permitir que me quites a mi hijo, ya no soy la niña que siempre dominabas con tus gritos, ahora soy tu peor enemiga.”
Alejandro era el más nervioso de los tres, estaba en medio de dos mujeres que formaban parte importante en su vida, Laura, había sido su obsesión, mientras Valentina se había convertido en el amor de su vida.
Mientras miraba a ambas mujeres, pensaba:
“No voy a perderte Valentina, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para recuperarte. No voy a permitir que Laura destruya a nuestra familia. “
Al cabo de unos minutos, ya tenían cada uno el sobre con los resultados, y el primero en abrir el suyo fue Alejandro.
—¿Pero qué significa esto? ¡Esto no puede ser!
Valentina, extrañada, le preguntó ante la mirada curiosa de Laura y su abogado, que no comprendían qué estaba sucediendo.
—¿Qué pasa, Alejandro? ¿Por qué te has puesto así?
Él, lleno de coraje, se acercó a Laura, lanzando sobre ella la hoja de papel con los resultados mientras le decía:
—Laura, ¿me puedes explicar qué significa esto?
—¿Pero qué te pasa, Alejandro? ¿A qué te refieres? No comprendo por qué tienes que hablarme de esa forma tan hostil.
—Aquí en los resultados dice claramente que Javier Alejandro no es mi hijo.
Valentina se tapó la boca, asombrada; no podía creer lo que acababa de decir Alejandro. Por su parte, Laura estaba aún más impactada, ya que no tenía la menor idea de por qué él le estaba diciendo eso.
—¿Pero qué locura estás diciendo? Eso no puede ser. ¡Claro que Javier Alejandro es tu hijo! De eso no me cabe la menor duda. Tiene que haber un error en la prueba de ADN, pero te puedo asegurar que el padre de mi hijo eres tú.
—Esta prueba es infalible. Aquí lo único que me queda claro es que el niño es hijo del padre de Valentina y tú me engañaste haciéndome creer que no habías tenido relaciones con él mientras estabas conmigo.
—¡Claro que no! Además, recuerda que Javier estuvo enfermo por muchos años y no podía ni moverse. Sí, admito que estuve con Javier, pero porque él me obligó; eso fue mucho tiempo después de que me enterara de mi embarazo. ¡Eso te lo juro!
Valentina no pudo evitar intervenir en la discusión:
—Entonces está muy claro que tenías otro amante además de Alejandro. ¡Eres una desvergonzada! No te conformaste con engañar a mi padre, sino que también engañaste a Alejandro.
—Pues claro que no. Quiero que sepas, aunque te duela escucharlo, que el único amante que tuve fue Alejandro hasta que tú te metiste entre los dos.
Alejandro alzó la voz, molesto:
—¡Ya basta, Laura! ¿Hasta cuándo vas a seguir haciendo daño? Eres una mentirosa, y quién sabe quién es el padre de ese niño al que adoro con toda mi alma.
El abogado de Laura, al ver la discusión que se había desatado en medio de la sala de espera, decidió abrir el sobre de Laura por su cuenta. Al ver los resultados, interrumpió a todos diciendo:
—Señores, por favor, cálmense. No cabe duda de que aquí está pasando algo que no cuadra en todo esto. Los resultados de la prueba de ADN de la señora Laura también arrojan que ella no es la madre del niño Javier Alejandro.
Las cosas comenzaban a complicarse aún más. Laura, totalmente incrédula ante lo que decía su abogado, le arrancó el papel de las manos mientras leía con una expresión de angustia:
—¡Pero esto no puede ser! ¿Te das cuenta, Alejandro? No cabe la menor duda de que este laboratorio ha cometido un error con los resultados. Pero esto no se va a quedar así; en este momento los voy a demandar por negligencia.
Alejandro, enseguida bajó un poco la guardia y exclamó:
—Bueno, entonces hay que repetir las pruebas, porque es incoherente que los resultados arrojen que Laura no es la madre del niño.
Dos semanas después…
En vista de lo que había pasado con los resultados, se realizó una segunda prueba en otro laboratorio de mayor prestigio para asegurar que no existiera ningún error. Todos se encontraban reunidos nuevamente para abrir los sobres. Esta vez, la primera en leer los resultados fue Laura, quien no podía creer lo que estaba leyendo:
—Pero esto es inconcebible; ha salido de nuevo negativo, claramente dice que no soy la madre del niño.
Alejandro, al leer sus resultados, exclamó:
—Pues ha salido igual que el anterior; dice que no soy el padre de Javier Alejandro.
Valentina desconcertada, exclamó:
—No puede ser que haya sido un error del laboratorio; aquí está pasando algo más que no sabemos.
Laura, llena de angustia, dijo, totalmente aturdida:
—Sí, es verdad, aquí está sucediendo algo que no cuadra y la única que puede sacarnos de dudas es Ámbar.
—¿Y por qué mi madre? ¿Ella qué tiene que ver con todo esto?
—Ella fue quien se encargó de todo después de mi cesárea. Yo ni siquiera pude ver a mi hijo cuando nació porque, como era prematuro, lo tenían en incubadora y yo no estaba bien de la operación. Me costaba trabajo levantarme de la cama y jamás pude verlo.
Alejandro y Valentina se miraron entre sí, mientras ella le decía:
—Lo que Laura dice puede tener algo de lógica. Recuerda que ella fue quien nos dio la noticia de la muerte de mi padre y quién nos entregó después la carta donde Laura nos daba al bebé en adopción.
—Valentina, pero recuerda que después de eso fuimos a la clínica a ver al niño.
—Pero estaba en la incubadora, y después nos dijeron que no podíamos verlo y que debíamos esperar a que estuviera totalmente recuperado para que nos lo pudieran entregar.
—¿Pero qué me estás queriendo decir, Valentina?
—Que cabe la posibilidad de que hayan cambiado al bebé.
Laura, con una expresión de asombro, se acercó a ambos mientras decía:
—¿Entonces dónde está mi hijo?
Alejandro se llevó las manos a la cabeza, angustiado. Él amaba a Javier Alejandro como si fuera su hijo, porque hasta ese momento creía que lo era. No comprendía qué estaba pasando; solo alcanzó a decir:
—Debemos averiguar qué fue lo que pasó con el bebé; esto tiene que tener una explicación.
Laura, de la forma más frívola, dijo:
—Yo quiero a mi verdadero hijo, y Ámbar tiene que darnos una explicación. La única que debe saber dónde está mi hijo es ella. Yo no pienso pelear por la custodia de un niño que no lleva mi sangre.
(…)

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