Capítulo 49 El hijo de Alejandro 

En vista de todo lo que había pasado con el resultado de la prueba de ADN, Valentina y Alejandro, habían tomado la decisión de buscar a Ámbar y llevarla de regreso a la mansión, ella era la única que tenia la respuesta de lo que había pasado realmente con el hijo de Laura y Alejandro.

Cuando llegaron a la habitación del hotel, estaba completamente ebria. Valentina a pesar de no estar de acuerdo en llevarla de nuevo a su casa, no le había quedado otra alternativa que tragarse su orgullo y acceder, Ámbar era la única que podía explicar lo que había sucedido con el niño.

— Esto es temporal, esperemos que tu madre logre estar sobria y pueda decirnos qué fue lo que hizo con el verdadero hijo que tuviste con esa mujer. —dijo Valentina con desprecio.

— Entiendo tu malestar Valentina, pero no te preocupes que a penas descubramos qué fue lo que pasó, yo me encargaré de llevarme a mi madre muy lejos de aquí.

— Tras las rejas querrás decir, porque es el lugar en donde merece estar y de eso me voy a encargar yo personalmente. Recuerda que está relacionada con la muerte de tu padre.

— Lo de la muerte de mi padre no lo podemos comprobar, además solo es una suposición del abogado. No has debido creer en todo lo que te dijo sobre mi madre—dijo Alejandro intentando defenderla.

— Por favor Alejandro, ¿Y encima la vas a seguir defendiendo? Mira como ha terminado completamente borracha. Es tanto el daño que ha hecho que la única forma de escapar de sus remordimientos, es embriagándose todos los días. Pero te juro que va a pagar tras las rejas el haber asesinado a mi padre, porque de ese crimen sí estoy segura, ella misma tuvo el descaro de confesarlo.

— Sí Valentina, me quedó claro, estás en tu derecho de hacer lo que sea mejor para ti. Pero quiero que entiendas que estás hablando de mi madre, y sea como sea, yo tengo que apoyarla.

—¿Apoyar a una asesina? —le preguntó con coraje, mientras Alejandro apretaba los puños tratando de contenerse, en el fondo sabía que Valentina tenía razón.

(…)

Horas después….

Ámbar bajaba las escaleras tambaleándose de un lado a otro, estaba un poco desorientada, se encontraba un poco sobria pero no comprendía qué hacía allí de nuevo en la mansión.

Cuando llegó a la sala, se encontró a Alejandro y Valentina conversando con Eloísa.

— ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué me sacaron del hotel? ¿Alguno de ustedes me puede explicar que rayos hago en esta casa donde no me quieren?

Valentina fue la primera en hablar, estaba furiosa y obstinada, se acercó a ella mientras le decía:

— Aquí las preguntas las hago yo y usted me va a responder porque de lo contrario no me va a temblar el pulso para llamar a la policía por el asesinato de mi padre.

Ámbar arrugó la cara y luego le dijo:

— Caramba, pero estás sacando las uñas, además no tienes pruebas de que yo maté a tu padre. ¿Entonces tú me sacaste del hotel?

— Valentina y yo decidimos traerte de regreso a la mansión madre. Ahora quiero que nos expliques algo que acabamos de descubrir.

Ámbar se rascó la cabeza y luego dio un bostezo mientras decía:

— ¿Y qué será? Pero hablen rápido porque tengo mucho sueño y además también tengo mucha hambre. ¿Acaso en esta casa no dan de comer? —dijo mirando a su alrededor buscando a alguien de la servidumbre.

— ¡Ya basta madre! Esto que está pasando es muy serio, hemos descubierto que Javier Alejandro no es mi hijo y tampoco de Laura.

Ámbar puso una expresión de asombro, pero luego comenzó a reírse a carcajadas para sorpresa de todos.

— Jajajjajaja ¿En serio? Bueno, esto merece un traguito, la cosa comienza a ponerse buena jajajajaja. — dijo mientras tomaba una botella de licor del bar, pero cuando estaba a punto de abrirla Alejandro se acercó a ella y se la quitó de las manos mientras le decía molesto:

— ¡No vas a beber una sola gota más de licor! Y ahorita mismo nos vas a explicar qué pasó con mi verdadero hijo. ¿Qué hiciste con él? ¿Dónde está?

Valentina exclamó molesta:

— Señora Ámbar, es mejor que hable de una buena vez por su bien, antes de que llame a la policía y tenga que explicarles a ellos todos los crímenes que ha cometido.

— Está bien, está bien, no hay que llegar a esos extremos, yo les voy a contar qué fue lo que pasó, pero con la condición de que solo me dejen beber una sola copita de licor. O de lo contrario no pienso decirles nada aunque llamen a la policía. Jejeje

Valentina y Alejandro se miraron entre sí, luego este le hizo un gesto de aprobación, porque no tenían otra alternativa, necesitaban saber qué había pasado. Y Ámbar estaba alcoholizada a tal punto que prefería ir a la cárcel antes de que le negaran seguir bebiendo licor.

— Está bien señora Ámbar, le daré solo una copa, pero más le vale que nos diga la verdad, no juegue con la poca paciencia que me queda. ¿Qué fue lo que pasó en realidad con el hijo de Alejandro y Laura?

Ámbar abrió la botella y se sirvió una copa la cual se bebió de un solo trago, luego se sirvió otra y se sentó en el enorme sofá, y con la mirada fija comenzó a contar toda la verdad de lo que había pasado.

— Cuando llegué a la clínica aquella mañana, me encontré con la noticia de que el niño no había logrado sobrevivir. Y como Laura se encontraba delicada por la cesárea, el médico recomendó que no se le dijera la verdad hasta que se recuperara.

Fue entonces cuando hice un trato con una de las enfermeras que estaban en cuidados neonatales.

— ¿Un trato? ¿Pero qué clase de trato madre? Habla por favor.

— Habían tres niños más que habían nacido prematuros, la madre de uno de ellos quería darlo en adopción, y entonces yo le pedí a la enfermera que cambiara a los niños y pusiera en su lugar al hijo de Laura que ya había fallecido, le haríamos un favor a esa madre que no quería quedarse con el niño y todo quedaba resuelto. Por supuesto tuve que pagarle una buena cantidad de dinero a la enfermera por su silencio. Y después no le dije nada a Laura porque tenía que obligarla a que escribiera la carta donde les daba al niño en adopción, ella siempre pensó que su hijo estaba vivo. Y eso fue todo. ¡Salud!

Dijo alzando la copa como si lo que había hecho, se trataba de una hazaña.

— ¡Dios mío! No puedo creer que hayas sido capaz de hacer algo tan bajo como eso madre. —dijo Alejandro consternado y con lágrimas en los ojos. Era duro enterarse de que su verdadero hijo había muerto.

— Eres un malagradecido, todo lo hice por ti, para que pudieras recibir la herencia de tu padre. Deberías darme las gracias. No podías recibir la fortuna sin ese niño. ¡Entiéndelo de una buena vez! Además también adoptando a ese pequeño, le estabas haciendo un gran favor de no ir a parar a un orfanato. El niño se parece mucho a ti, así que no veo cual es el problema. Y encima, le hice el sueño realidad a Valentina de que fuera madre. Al mismo tiempo yo disfrutaba de la fortuna, y todos quedábamos contentos jejejejeje. Denme las gracias al menos. jejejeje

Valentina no podía creer lo que estaba escuchando, era aterrador la forma tan malévola con la que Ámbar contaba todo sin el menor remordimiento.

—¡Dios mío! No puedo creer la mente perversa que tiene, es una criminal, esto tiene que pagarlo con cárcel o encerrada de por vida en un manicomio. —dijo Valentina rompiendo en llanto. Mientras Eloísa se acercaba a ella abrazándola para consolarla, estaba tan impactada que no podía decir nada.

(…)

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