Capítulo 47 La citación 

Días después…

Alejandro había sido dado de alta, ya estaba recuperado a pesar de que el médico había recomendado que debía cuidarse en casa y cumplir con una dieta estricta. No podía recibir disgustos y tenía que tratar en la medida de lo posible de vivir el día a día en paz. Valentina había ido a buscarlo a la clínica, recogía sus cosas mientras él la observaba con ternura. No podía creer que a pesar de todo lo que había pasado, ella continuara apoyándolo.

— Gracias por venirme a buscar Valentina, la verdad es que después de lo que pasó pensé que yo no te importaba.

— No te equivoques Alejandro, vine a buscarte porque aún eres mi marido y tenía que pagar la cuenta de la clínica, además el médico me dijo que debes guardar reposo porque tu condición es delicada.

— Valentina por favor cariño, necesitamos hablar con más calma, espero que cuando lleguemos a casa podamos arreglar las cosas, somos una familia…

— Ya basta Alejandro, quiero dejarte muy en claro que efectivamente vas a regresar a casa, pero ya no vamos a compartir la misma habitación, porque ya mi abogado comenzó con los trámites de divorcio, y solo estarás en casa hasta que te recuperes, después cada quien tomará su propio camino.

— Pero Valentina por favor…

— No insistas, y no hagas que me arrepienta y en vez de dejarte en casa, termine llevándote al hotel donde está viviendo la bruja de tu madre.

La actitud de Valentina era totalmente determinante, ya no estaba dispuesta a dejarse destruir por nadie más. Fue una reacción que no esperaba Alejandro, ya que durante el tiempo que estuvo internado en la clínica, al ver las atenciones que Valentina había tenido con él, se imaginó que en el fondo ella iba a darle una nueva oportunidad.

Al llegar a casa el primero en recibirlo fue el pequeño Javier Alejandro, que al ver a su padre se le acercó con los brazos abiertos emocionado:

— ¡Papi ya estás en casa! Te hice un dibujo.

— ¡Qué hermoso hijo, gracias por recibirme con tanto cariño.

— Mami dijo que estabas enfermo y yo me preocupe mucho, pensé que no te iba a volver a ver nunca más.

— No cariño, eso no va a pasar nunca, tu mamá y yo siempre vamos a estar contigo. — le dijo al pequeño mientras lanzaba una mirada a Valentina la cual enseguida ella esquivó.

De pronto llamaron a la puerta y Valentina exclamó extrañada:

— ¿Pero quien será? Nadie sabe que hoy salías de la clínica. Bueno mejor voy a ver.

Cuando abrió la puerta se quedó pálida de la impresión cuando miró parada frente a ella a Laura.

— ¿Pero qué haces aquí en mi casa? ¿Cómo te atreves a aparecerte aquí después de todo lo que has hecho?

— ¿Así saludas a tu madre? Eso no fue lo que yo te enseñé. Pero bueno, no vengo a darte clases de etiqueta, solo vine a ver a mi hijo.

— ¡Cállate! Baja la voz que te puede escuchar. No te voy a permitir que entres.

Alejandro que aún permanecía en la sala, escuchó la voz alterada de Valentina y enseguida se acercó para saber qué pasaba, se quedó pálido cuando se dio cuenta de que se trataba de Laura. No podía creer que se hubiera atrevido a aparecerse de esa forma, y más aún sabiendo las consecuencias que esto podía traer si el pequeño Javier Alejandro descubría quien era ella en realidad.

— ¡Laura! ¿Pero a qué has venido?

— Caramba, ya veo que te dieron de alta, eso quiere decir que ya te encuentras bien.

— No has debido venir Laura, es mucho atrevimiento de tu parte.

— Tengo derecho a venir hasta aquí porque quiero ver a mi hijo.

— ¡Cállate que el niño puede escucharte!

Justo en ese momento Javier Alejandro se acercó a la puerta ya que tenía la curiosidad de saber con quien hablaban sus padres. Cuando Laura lo vio frente a ella enseguida se asombró, y no pudo evitar emocionarse.

— ¡Pero qué grande estás! ¿Tú eres Javier Alejandro no es verdad?

Valentina y Alejandro se miraron entre si, estaban muy nerviosos y no podían hacer nada enfrente del niño para que este no se diera cuenta de lo que estaba pasando.

Javier Alejandro en medio de su inocencia miró a Laura y sonrió mientras le decía:

— Hola, me llamo Javier Alejandro. ¿Y tú quién eres?

Laura enseguida los miró a ambos y les dijo sin importar las consecuencias que esto podría traer:

— ¿Se lo dicen ustedes o se lo digo yo?

Valentina enseguida le dijo suplicante:

— Por favor Laura no es el momento, ¿No te das cuenta de que solo es un niño?

Alejandro por su parte había comenzado a alterarse y en su condición eso era muy peligroso, enseguida le dijo:

— Por favor Laura no lo hagas, podemos resolverlo de otra forma.

— Pues no, ya esperé por muchos años y ya es hora que Javier Alejandro sepa que yo soy su verdadera madre.

El niño miraba a Laura muy asustado ya que no entendía el por qué decía algo así.

— Mami ¿Por qué esta señora dice que es mi mamá si mi mamá eres tú?

— Tranquilo cariño no pasa nada, mejor ve con Eloísa a la cocina y espérame allí ¿Si cariño? Por favor obedece a mamá.

— Sí mami.

Cuando el pequeño se marchó Valentina enseguida sacó a Laura a la calle y le gritó llena de coraje:

— ¡Lárgate de mi casa! No te voy a permitir que vengas a confundir a mi hijo de esa forma.

— Pues prepárate porque ya introduje la demanda para solicitar la custodia de mi hijo, porque me fue arrebatado por las amenazas de Ámbar. Y tengo derecho a estar con él porque esa carta que escribí donde les entrego al niño, la hice bajo amenaza de muerte. Y ustedes son cómplices de ese complot.

— ¡Fuera de mi casa! Lárgate de aquí inmediatamente.

— Sí, me marcho, pero dentro de poco volverás a tener noticias mías. Esto apenas comienza.

Laura se marchó mientras que Alejandro y Valentina se quedaron muy preocupados. Él en especial no se sentía bien y enseguida Valentina asustada exclamó con nerviosismo:

— ¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame al médico?

— No, tranquila solo fue un pequeño mareo pero ya me está pasando. Por lo que veo Laura está dispuesta a todo para quedarse con nuestro hijo.

— No se lo voy a permitir, primero tendrá que matarme.

(…)

Días después….

Había pasado una semana desde la visita de Laura, Alejandro ya estaba mucho mejor pero sin embargo, aún permanecía durmiendo en la habitación de huéspedes mientras que los trámites de divorcio seguían su curso.

Aquella mañana Valentina había recibido un sobre que traía muy malas noticias.

Alejandro se encontraba en la sala a punto de ir a la academia, pero al ver la expresión de Valentina enseguida le preguntó:

— ¿Qué te pasa? ¿ Por qué tienes esa cara?

— Tenemos una citación para pelear la custodia de Javier Alejandro . Por lo que veo Laura cumplió con sus amenazas.

— ¡No puede ser! ¿Y qué vamos a hacer? Ella es capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se propone.

— Por lo pronto debemos hacerle una prueba de ADN al niño para llevarla al juez, donde se compruebe que tú eres el padre biológico de Javier Alejandro y así poder enfrentarnos a Laura. Además aún conservo la carta de su puño y letra en donde ella nos da los derechos de adopción.

— Bueno, entonces no hay tiempo que perder, debemos hacerlo ya y llamar al abogado.

— Sí, él debe orientarnos, además ya debe tener listo el documento de divorcio.

— ¿Divorcio? ¿Pero acaso te volviste loca Valentina? No podemos divorciarnos en estos momentos. Ahora más que nunca debemos permanecer casados si queremos quedarnos con Javier Alejandro. Ningún juez nos dará la custodia del niño si sabe que estamos en proceso de divorcio, eso le daría más oportunidad a Laura de quitarnos a nuestro hijo.

Valentina se quedó pensativa, en el fondo Alejandro no quería divorciarse y esa citación era una buena excusa para detener el divorcio y continuar con su matrimonio hasta convencer a Valentina de que lo perdonara, debían estar más unidos que nunca para poder ganarle la batalla a Laura.

(…)

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