Capítulo 46 Te declaro la guerra

Te declaro la guerra

Mientras Valentina entraba a terapia intensiva a ver Alejandro, Laura permanecía en la sala de espera acompañada de Manuel, quien no perdió la oportunidad de acercarse a ella y así enterarse de lo que estaba pasando, en todos los años de amistad que tenía con Alejandro, jamás llegó a mencionarle nada en relación a Laura:

— Bueno, Laura, ahora que estamos a solas, creo que es un buen momento para que me digas: ¿cómo es eso de que eres la madre de Valentina? No comprendo del todo esta situación. ¿Por qué no me lo dijiste durante la entrevista que te hice?

— Es una historia muy larga y no sé cómo lo vayas a tomar.

— Pero creo que tengo derecho a saberlo. Recuerda que no solo vas a trabajar para Alejandro, sino también para mí. Yo soy su socio y tengo la mitad de las acciones de la academia.

— Caramba, no sabía que también eras dueño de la academia. Pensé que trabajabas para Alejandro. ¡Vaya sorpresa queme he llevado!

— Pues ya ves que no es así. Es un proyecto que llevamos a cabo juntos y todas las decisiones en la academia son consensuadas entre ambos. ¿Comprendes?

— ¿Qué me estás queriendo decir con eso? ¿Qué si no te digo la verdad no me dejarás trabajar en la academia?

— Jajaja. Bueno, si lo quieres tomar de ese modo, entonces te diré que puede ser una posibilidad, porque no me gustan los misterios.

— Está bien, entonces puedo decirte que el problema entre mi hija Valentina y yo es más grave de lo que imaginas.

— ¿Y por qué es tan grave?

— Porque ambas somos rivales. Antes de que ella apareciera en la vida de Alejandro, él y yo éramos amantes.

Manuel se quedó impresionado al escuchar las palabras de Laura. Le causó un fuerte shock, ya que nunca imaginó que algo así estuviera sucediendo.

— ¡Dios mío! Pero eso sí que es grave. Ahora entiendo la actitud de Valentina. ¿Y dónde estabas durante todo este tiempo?

— Escondida, tratando de sobrevivir y soportando el dolor de no poder estar con mi hijo.

— ¿Tienes un hijo además de Valentina?

— Sí, así es.

— ¿Pero dónde está? Nunca he escuchado que Valentina tuviera un hermano.

— Jamás lo ibas a escuchar, porque ese hijo es Diego Alejandro.

Manuel no salía de su asombro, se imaginó que tal vez solo se trataba de un conflicto pasajero como solía pasar en cualquier familia, sin embargo, enterarse de algo tan grave como eso, era más de lo que podía asimilar.

— ¿Cómo has dicho? ¿Dieguito, el hijo de Alejandro y Valentina, es tuyo?

— Sí, es el hijo que tuve con Alejandro.

— ¡Santo cielos! —dijo llevándose las manos a la cabeza. —Pero esto sí que es una verdadera novela de drama. Pobre Valentina.

— ¿Pobre? ¡Ja! Ya me imaginaba que te ibas a poner de parte de ella, porque al final el papel de villana me lo he ganado a pulso.

— Pero es que, aunque quiera justificar lo que me estás contando, esto es demasiado descabellado. Todavía no lo logro entender… Y a todas éstas, ¿por qué has regresado, Laura?

— Porque vengo a recuperar a mi hijo y a llevarlo conmigo, como debió ser desde un principio.

— Con todo respeto, Laura, pero Valentina no se merece que le hagas algo así. Me consta el amor que le ha dado a ese pequeño durante todos estos años. También creo que no se merece que Alejandro te haya permitido trabajar en la academia después de que fuiste su amante. Es una total falta de respeto para Valentina.

— ¿Pero qué te pasa, Manuel? Actúas como si te importara mucho Valentina. ¿No será que en el fondo estás enamorado de mi hija?

— ¿Yo enamorado de Valentina? ¡No, por favor! Además, Alejandro es mi amigo y jamás le haría algo así.

— Jajajaja. Ustedes los hombres son demasiado obvios. No me engañas, Manuel. Estás enamorado de Valentina, pero creo que en el fondo hasta me conviene que sea así.

— No comprendo, Laura. ¿Cuál es tu juego?

— Pues es muy fácil. Tú te encargas de enamorar a mi hija Valentina y yo me quedo con Alejandro, que al final es el padre de mi hijo.

— ¡Se acabó esta conversación! —dijo molesto. —Creo que te has equivocado de persona. No voy a permitir que le hagas daño a Valentina, y desde ya te aviso que no tienes permitida la entrada a la academia. Con permiso.

Manuel se levantó molesto de la silla y dejó a Laura sola. No podía creer con qué clase de persona se había encontrado.

“Dios mío, pero qué mujer tan inescrupulosa. Está completamente desquiciada. Aunque en lo único en que no se equivocó es en que estoy enamorado de Valentina desde hace tiempo. Y ahora que sé todo lo que Alejandro y esa arpía de su madre le hicieron, haré todo lo que esté a mi alcance para protegerla.”

Mientras tanto, en la sala de cuidados intensivos, Valentina se encontraba al lado de Alejandro, estaba dormido. Sin embargo, cuando ella tomó su mano, él abrió los ojos de inmediato y, al verla, le dijo:

— Valentina… cariño… ¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?

— Por favor, no hables, Alejandro. Estás en la clínica y tu salud es muy delicada, así que tienes que estar tranquilo.

— ¿Pero qué me pasó?

— Tuviste un infarto, pero el médico dice que ya te encuentras estable. Solo tienes que tratar de descansar un poco.

— Valentina… por favor, cuida a nuestro hijo. No dejes que Laura se le acerque.

— Tranquilo, por favor, Alejandro. No hables. Tienes que descansar y no te preocupes por el niño; está con Sandra y Eloísa.

— Valentina, mi amor, por favor, perdóname… no quise hacerte daño, te lo juro.

— No hables de eso en este momento. Además, ya me tengo que ir; el médico solo me dio cinco minutos para verte.

— Por favor, no te vayas… quédate aquí conmigo.

Valentina le soltó la mano y salió de la sala sin responderle nada a Alejandro. Estaba demasiado decepcionada y, a pesar de su delicada salud, no dejaba de pensar en todo el daño que tanto él como Laura le habían causado.

Cuando Valentina salió a la sala de espera, se encontró de nuevo frente a frente con Laura, quien, al verla, no dudó en preguntarle por Alejandro.

— ¿Cómo está Alejandro?

— Te lo diré una sola vez: no te voy a permitir que me sigas lastimando y mucho menos que te acerques a Alejandro mientras sea mi marido. Ya ordené que no te dejen pasar a verlo, así que puedes largarte ahora mismo de la clínica y de nuestras vidas.

— Ya veo que ya no eres la misma niñita insoportable y malcriada de antes.

— Por supuesto que no. Ahora tienes frente a ti a una mujer dispuesta a defender a su familia con uñas y dientes. A pesar de que no te lo mereces, no quiero faltarte al respeto porque sé que eres mi madre, pero no hagas que se me olvide quién eres y sea yo quien te destruya con mis propias manos.

— Ya veo que estás dispuesta a todo y actúas como una leona en celo, pero en el fondo lo único que tienes es miedo de mi regreso, porque sabes que Alejandro, de quien siempre estuvo enamorado, fue de mí y además yo le di el hijo que tú nunca pudiste darle.

Valentina, sin pensarlo, le soltó una bofetada en presencia de las personas que se encontraban alrededor de la sala de espera. Estaba cansada de tanto dolor y sufrimiento, y no iba a permitir que Laura la siguiera humillando aunque fuera su madre.

— ¡Ya basta, Laura! No sabes de lo que soy capaz de hacer por mi hijo, porque te recuerdo que ese niño es mío. Aunque no lo parí, lo he criado como si lo fuera y no voy a permitir que una mujer con la mente retorcida como tú venga a arrancarlo de mí.

Laura estaba atónita; no podía creer lo que Valentina había hecho. Esa bofetada la había puesto aún más furiosa.

— ¡Eres una estúpida, Valentina! No debiste hacer algo así. Desde este mismo momento te declaro la guerra. Prepárate, porque te voy a quitar al niño cueste lo que me cueste.

— Pues adelante, no te tengo miedo y te advierto que yo también estoy dispuesta a destruirte.

Ambas mujeres se miraban a los ojos con una expresión de odio y rencor. Estaban dispuestas a luchar con uñas y dientes con tal de lograr su cometido.

Era la primera vez en su vida que Valentina se enfrentaba a su madre. Todo el dolor que le había causado la traición de Alejandro y Laura, la habían convertido en una mujer de hierro, dispuesta a hacer cualquier cosa porque no le quitaran a su hijo.

(…)

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