Comienza la venganza
Valentina estaba en shock, no asimilaba la noticia, en un segundo
el hogar que había construido por tantos años, se había destruido.
Estaba tan impactada que no pudo aguantar más la presión, y de pronto, cayó desmayada al suelo.
Alejandro enseguida la cargó y la acostó en el sofá, estaba muy asustado.
— ¡Valentina,
mi amor! ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? ¡Despierta, por favor!
Eloísa se acercó y le dijo molesta:
— Después
de una noticia tan horrible como esa, ¿qué pretendías? La pobre no aguantó la
impresión de haber descubierto la clase de marido que tiene.
Sandra fue rápidamente por alcohol y le colocó la botella
debajo de la nariz a ver si así reaccionaba. Al cabo de unos minutos, Valentina
comenzó a abrir los ojos con dificultad y, cuando pudo recobrar la conciencia,
se llevó las manos a la cabeza mientras decía algo confundida:
— ¿Pero
qué me pasó? Sentí que todo me dio vueltas y después vi todo negro y no supe
nada más de mí.
Alejandro la tenía agarrada de la mano y enseguida le dijo
con mucha sutileza:
— Mi
amor, es que te desmayaste.
Cuando ella logró volver en sí y recordó el porqué de su
desmayo, le soltó la mano violentamente y le dijo furiosa:
— ¡Suéltame!
No quiero que te vuelvas a acercar a mí nunca más.
— Pero
Valentina, por favor, cariño, tenemos que hablar, no puedes tomar una decisión sin
antes escuchar como fueron las cosas.
— Tú
y yo no tenemos nada de qué hablar, y quiero que en este momento salgas de mi
casa y te lleves a la borracha de tu madre. No quiero volver a verlos nunca
más.
Todos se quedaron atónitos con la decisión de Valentina.
Estaba realmente dolida y molesta; se sentía burlada y engañada por todos.
Alejandro estaba en shock, era la primera vez que Valentina le
hablaba de esa forma, siempre había sido una mujer sumisa y amorosa, pero el enterarse
de la verdad, había hecho que sus sentimientos se transformaran en odio. Sentía
desprecio y asco de todo lo que le rodeaba.
— Por
favor, Valentina, te lo ruego, hazlo por nuestro hijo, dame la oportunidad de explicarte
como sucedió todo. Te puedes arrepentir si tomas una decisión a la ligera.
— De
lo único que me arrepiento es de haberme enamorado de ti como una tonta. Quiero
que sepas que esto que me han hecho tú y la loca degenerada de mi madre no se
va a quedar así.
Alejandro se dio cuenta de que Valentina no estaba dispuesta
a escucharlo, estaba muy alterada y era peor para él seguir insistiendo.
Suspiró tratando de calmarse ya que él sentía que estaba perdiendo
su hogar, estaba perdido.
La miró con una expresión que denotaba su derrota, luego le dijo:
— Está
bien, Valentina, entiendo cómo te sientes y por eso te voy a dar tu espacio, pero
cuando estés más tranquila espero que podamos hablar civilizadamente.
— ¡Por
supuesto que vamos a volver a hablar de forma civilizada! ¿Pero sabes dónde? En
un juzgado, porque pienso demandarte por adulterio, por haberme engañado con mi
propia madre y haberme hecho creer en todos estos años que Diego Alejandro era
hijo de mis padres. ¡Te voy a hundir!
Ámbar se puso como una
fiera, no estaba dispuesta a perder su fortuna, se acercó a Valentina y le dijo
alzando la voz:
— ¡Tú
no puedes hacerle eso a mi hijo! ¿O no te das cuenta de que si lo demandas por
adulterio pueden quitarle la herencia de su padre?
Valentina, totalmente irreconocible con la actitud que había
adoptado, le respondió:
— Pero
por supuesto que sé que si lo demando por adulterio le van a quitar la
herencia, porque estuve presente en la lectura del testamento y el licenciado
fue muy claro cuando leyó una de las cláusulas en donde decía que si se llegaba
a saber que Alejandro cometía adulterio, automáticamente la herencia pasaría a
mis manos en su totalidad.
Ámbar la miraba con coraje, apretaba los puños conteniendo las
ganas de brincarle encima y acabar con ella, pero sabía que eso podía ser peor,
solo se limitó a decirle:
— ¿No
te atreverás a hacer algo así?
— Pues
observa cómo me canso de hacerlo.
— ¡Eres
una malagradecida! Mi hijo tuvo que soportar que no pudieras darle un hijo y
aún así se quedó contigo.
— ¡Ya
basta, señora! Lárguese de mi casa y llévese a su hijo con usted. No quiero
volver a verlos a ninguno de los dos nunca más en mi vida.
Alejandro, estaba consciente de que estaba a punto de perderlo
todo, había llegado el momento que tanto temía, en medio de su desesperación se
le ocurrió sacar su última carta, para ver si de esa forma Valentina se retractaba
de su decisión:
— Muy
bien, Valentina, nos vamos de tu casa, pero antes quiero que sepas que no me voy
de aquí sin mi hijo.
Valentina lo miró con el ceño fruncido, eso era lo último que
esperaba de Alejandro:
— ¡Eso
no te lo voy a permitir jamás! Primero me tendrás que matar antes de sacar a
Diego Alejandro de aquí.
Ámbar, desesperada, en vista de que estaba a punto de
perderlo todo, se le escapó decir algo que terminaría de hundirlos más.
— ¡Pues
si es necesario que tenga que matarte como lo hice con tu padre, lo haré!
Todos quedaron atónitos, había sido una gran sorpresa
enterarse de algo tan grave que terminaría de hundirlos a ambos. Valentina no
podía digerir semejante barbaridad.
— ¿Qué
has dicho? ¿Entonces usted es la asesina de mi padre? —decía llevándose las manos a la cabeza. —Ya
sospechaba que mi padre no había podido suicidarse. Él amaba la vida y tenía
muchas razones para querer seguir viviendo.
Sandra le gritó en medio del llanto:
— ¡Eres
una desgraciada! Mataste al padre de mi hija, tienes que pagar con cárcel el
crimen que cometiste.
Eloísa solo abrazó a su madre mientras lloraba
inconsolablemente. Al igual que Valentina, no podía creer semejante atrocidad. Fue
tan doloroso enterarse de tan horrible verdad, que era como revivir el dolor que
habían sentido el día de su muerte.
Pero Alejandro permanecía callado, para él no había sido una
sorpresa ya que Laura le había contado que su madre era la asesina de Diego.
Valentina enseguida le gritó:
— Usted
es un monstruo, voy a llamar a la policía en este momento, porque la muerte de
mi padre no puede quedarse impune.
Alejandro la detuvo de inmediato, le decía con desesperación:
— ¡No,
Valentina! Por favor, no lo hagas, mi madre no está en su sano juicio.
— ¿Qué
has dicho? ¿Cómo se te ocurre pedirme algo así? ¡Claro! Tú eres su cómplice, he
estado viviendo al lado de dos delincuentes durante todo este tiempo.
— No,
Valentina, te juro que yo no sabía nada, estoy tan asombrado como tú.
— Lárgate
con la bruja de tu madre en este momento, pero te advierto que no te vas a
llevar a mi hijo. Quiero que sepas que ese niño es y seguirá siendo mi hijo,
así tenga que dar la mitad de mi vida peleando por tener la custodia total.
¡Fuera de aquí! ¡Vete!
Ámbar estaba muy nerviosa, sabía el grave error que acababa
de cometer. Estaba callada y con la mirada perdida. Mientras tanto, Alejandro
no tuvo otra alternativa que salir de la mansión con su madre antes de que las
cosas comenzaran a ponerse peor.
Valentina estaba muy afectada. Sandra al verla tan devastada,
se acercó a ella con ternura, Eloísa las
abrazó a ambas llorando. Había sido una noche de pesadilla para todos, el hogar
que con tanto amor había forjado, se había destruido en un momento.
Alejandro, no le quedó otra alternativa que irse con su madre
a un hotel. Estaba muy nervioso, no podía imaginar lo que pasaría si Valentina daba
aviso a las autoridades.
(…)
Al día siguiente…
Sandra se encontraba en el comedor desayunando con Eloísa,
mientras Valentina se acercó y se sentó a tomarse un café con ambas. Se veía
demacrada y ojerosa; era evidente que había pasado la peor noche de su vida.
— Valentina,
hija, ¿cómo te sientes hoy? Me imagino que no habrás podido pegar un ojo en
toda la noche.
— Sí,
Sandra, así es, no pude dormir y por eso llamé al abogado Gómez para que
viniera hoy a primera hora.
— ¿Y
quién es el abogado Gómez?
— Él
era el abogado del padre de Alejandro. Le expliqué todo lo que está pasando y
me dijo que viene a hablar conmigo para que haga una demanda en contra de
Alejandro y su madre. Está dispuesto a ayudarme y será a partir de ahora mi representante
legal. Además, me dijo que tiene algo
muy importante que decirme.
Ambas se sorprendieron con la decisión de Valentina.
— ¿Pero
entonces eso quiere decir que estás dispuesta a denunciar a tu suegra por el
asesinato de nuestro padre? —le preguntó Eloísa.
— ¡Por
supuesto que sí! Esa asesina tiene que pagar todo el daño que nos ha hecho y no
voy a descansar hasta lograr que caiga sobre ella todo el peso de la ley.
— ¿Y
qué vas a hacer con Alejandro y Laura?
— Esos
dos van a pagar todo el daño que me hicieron. ¡Eso te lo juro!
Horas después…
Gómez era un abogado muy prestigioso y conocido por ganar
todos los casos que representaba. No en vano trabajó por muchos años para
Gustavo, el padre de Alejandro, además de haber sido su amigo personal.
Pero había algo que debía contarle a Valentina que podía dar
un giro a su favor.
— Y
bien, licenciado Gómez, ¿qué es eso tan importante que tiene que decirme?
— Descubrí
que la muerte del padre de Alejandro no fue a causa de su enfermedad.
— ¿Cómo
dice? ¿Pero entonces de qué murió?
— No
me cabe la menor duda de que la señora Ámbar es la responsable de su muerte.
— Pero
entonces esa mujer es una asesina y yo la tuve viviendo en mi casa durante todo
este tiempo. Ella tiene que pagar tanto la muerte del señor Gustavo como la de
mi padre.
— No
se preocupe, señora Valentina, que de eso me encargaré yo personalmente.
— ¿Y
qué va a pasar con la custodia de mi hijo? No quiero que se quede con Alejandro
y mucho menos que la desquiciada de mi madre me lo quite.
— Tenemos
muchos argumentos que podemos entregar al juez sobre la custodia del niño.
Estoy muy seguro que cuando el juez estudie su caso y se entere de cómo fue el origen
del menor, usted tendrá la custodia total.
Mientras tanto, en la academia de arte…
(…)

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