Capítulo 41 Cada cosa en su lugar

 

La proximidad de Laura después de tantos años generó en Alejandro una notable inquietud. Aunque había logrado enamorase de Valentina y, en cierta medida, había relegado su relación con Laura al olvido, el aroma de su piel evocó recuerdos de momentos apasionados que compartieron en secreto. No pudo evitar un leve estremecimiento; Laura era consciente de que su presencia lo intimidaba.

Laura había atravesado un sufrimiento considerable, primero en su matrimonio con Javier, enfrentando maltratos que soportó durante años. Lo más doloroso para ella fue la pérdida de su hijo a manos de Ámbar, un vínculo que representaba el amor que sentía por Alejandro y que constituía su única ilusión en aquel entonces.

El reencuentro con Alejandro la llevó a revivir todos los momentos que habían compartido. Aunque pudiera parecer egoísta y poco ético, su regreso no solo perseguía la recuperación de su hijo, sino también la posibilidad de reconquistar a Alejandro, aun a expensas de su propia hija. La vida la había transformado en una mujer astuta y desensibilizada; el dolor que había experimentado la había convertido en una persona de gran fortaleza.

Mientras acariciaba el rostro de Alejandro, se encontraba dispuesta a tomar las medidas necesarias para reconquistar su amor y recuperar a su hijo.

— ¡Por favor Laura! ¿Pero qué haces? No vuelvas a hacer eso. — le dijo mientras la apartaba de él.

— Antes morías por una caricia mia, te volvías loco porque yo me acercara a darte un beso, pero ya veo que mi hija ha logrado cambiarte por completo.

— Las cosas han cambiado Laura, lo nuestro quedó en el pasado, ¡Es más! Eso no debió ocurrir jamás.

— Pero te recuerdo que gracias a esa relación tenemos un hijo.

— ¡Cállate! No vuelvas a repetir eso, porque ese hijo ya no te pertenece.

— Te equivocas Alejandro, no voy a desprenderme de él tan fácilmente, recuerda que me vi forzada a entregarles a mi hijo en contra de mi voluntad por las amenazas de Ámbar, pero he venido dispuesta a que la verdad se sepa, caiga quien caiga.

— No puedo creer que ahora quieras tener al niño contigo, cuando muchas veces me dijiste que no lo querías tener.

— Pero todos cambiamos, así como ahora ya no quieres que esté cerca de ti cuando antes morías por mis besos, pues de la misma forma yo también cambié y lo único que deseo es tener a mi hijo conmigo —le dijo con firmeza apartándose de él. —Y no vine a preguntarte si puedo tenerlo, solo vine a advertirte que lo voy a tener cueste lo que cueste. Ahora quiero que me digas cuándo comienzo a trabajar como tu asistente.

— ¿Pero qué estás diciendo? ¿Acaso pretendes ocupar el puesto de asistente? Definitivamente estás demente.

— ¡Por supuesto que quiero el puesto de asistente! No veo el porqué no puedas darme el empleo si reúno todos los requisitos que estás solicitando, además tu socio Manuel está muy fascinado con mi currículum. Soy profesora de arte y lo sabes porque fuiste mi alumno, no veo el porqué no darme el empleo.

— ¡Laura estás completamente loca! Yo no puedo dejarte trabajando aquí conmigo, eso sería descabellado y más con lo que acabas de pretender hacer.

— Bueno tú decides, o me das el puesto de asistente o voy en este preciso momento a hablar con Valentina y a contarle toda la verdad. Como comprenderás, te voy a dar un tiempo para que le digas a Valentina que prepare todos los documentos legales para que me devuelva a mi hijo.

— ¿Pero cómo pretendes que te voy a tener trabajando aquí como mi asistente? ¿Qué le voy a decir a Valentina?

— Pues le vas a decir la verdad, que yo regresé y que voy a comenzar a trabajar contigo, y debes hacerlo para que la vayas preparando para cuando tome la decisión de pedir la custodia de mi hijo. Ya tengo todo en manos de mi abogado y él se pondrá en contacto con ustedes. Solo te lo estoy advirtiendo.

— Muy bien Laura, ya veo que vienes dispuesta a todo, te voy a dar el puesto de trabajo, pero solo te pido que por favor me des tiempo para poder digerir todo esto y hablar con Valentina y decirle que quieres recuperar a Javier Alejandro. Solo te pido que Valentina nunca sepa que él es hijo nuestro, eso la mataría por completo. Ella jamás debe enterarse de lo que pasó entre nosotros.

— ¿Se llama Javier Alejandro? Pero qué conveniente, hasta le pusiste el nombre de ese desgraciado para que Valentina no sospechara que es realmente tu hijo. Sí que supiste hacer las cosas muy bien, me imagino que fue muy difícil para ti tener que ponerle el nombre de tu peor enemigo.

— Esa no fue mi idea, la que eligió el nombre del pequeño fue Valentina. Ella en medio de su inocencia y ajena a toda la verdad, pensó que lo más correcto era que llevara el nombre de su padre.

Laura lo miró fijamente indignada, no podía creer de todo lo que había sido capaz Ámbar para recibir la herencia, estaba decepcionada de ver que Alejandro, había sido una pieza más que ella manipulaba a su antojo.

— Pues te voy a decir cuáles son mis reglas del juego, voy a tomar el puesto de asistente porque eso me permitirá estar cerca de ti y saber de mi hijo, y por otra parte quiero que sepas que no le diré a Valentina que tú eres el verdadero padre del niño, siempre y cuando me ayudes a recuperarlo.

Alejandro lleno de dolor al ver que Laura pretendía destruir la paz que tanto le había costado encontrar al lado de Valentina, le preguntó con voz temblorosa y con los ojos llenos de lágrimas:

— ¿Me vas a quitar a mi hijo Laura? ¿Es eso lo que pretendes hacer con todo esto? Quieres vengarte de mi cuando la culpable de todo esto ha sido mi madre.

— ¡Claro que no! No es mi intención quitártelo, al contrario, vine a poner a cada quien en su lugar, Valentina es la hermana de Javier Alejandro y ese es el puesto que debe ocupar siempre, quiero tener al niño conmigo y tú puedes verlo de vez en cuando, pero quiero que te quede claro que el niño va a vivir conmigo. Ahora bien, si tú quieres vivir con el niño y compartir con él todos los días como su padre que eres, tienes que divorciarte de Valentina y casarte conmigo.

— ¿Pero acaso te has vuelto loca Laura? Eso sería igual o peor que decirle la verdad a Valentina. Definitivamente te desconozco, estás completamente desquiciada con lo que pretendes hacer. Siento que quieres vengarte de todos y destruir mi matrimonio con tu hija, cuando en realidad fue mi madre la que provocó todo este desastre.

— ¡Pues no estoy desquiciada! Solo estoy cansada de que todo el mundo pase por encima de mi, la bruja de tu madre fue quien me quitó a mi hijo, prácticamente lo arrancó de mis brazos y me negó la posibilidad de verlo crecer y tan solo por el interés de que tú recibieras la estúpida herencia de tu padre. Por otra parte tuve que soportar que mi propia hija se casara contigo cuando tú y yo ya éramos amantes, he tenido que renunciar a muchas cosas tan solo por prejuicios y por pensar siempre primero en los demás, pero me cansé, y ahora vengo dispuesta a recuperar todo lo que perdí, incluyéndote a tí, pero por supuesto si tú todavía quieres estar conmigo.

Antes de que Alejandro pudiera responderle a Laura fueron interrumpidos por su socio Manuel, el cual comenzó a tocar la puerta de la oficina en vista de que no pudo entrar ya que Alejandro la había cerrado con seguro cuando vio a Laura.

 Alejandro enseguida le abrió la puerta mientras este entró con una sonrisa pícara diciendo:

— Pero la entrevista de trabajo como que estuvo bien intensa, porque hasta tuvieron que cerrar la puerta con seguro.

 Por supuesto Alejandro no estaba del mejor humor para las bromas que siempre solía hacer Manuel, y enseguida le contestó con mucha seriedad:

— Por favor Manuel no es el momento para hacer chistes como ese.

— Perdón no quise interrumpirlos, pero solo vine a avisarte que acaba de llegar otra aspirante al puesto de asistente administrativo y como te has tardado tanto con la entrevista, vine a preguntarte si ya habías tomado una decisión para entonces despachar a la joven que está esperando en el pasillo.

 Laura clavó una mirada amenazante a Alejandro, por lo que a este no le quedó otra alternativa que decirle a Manuel:

— Puedes decirle a la joven que ya el puesto fue ocupado por la señora Laura.

— ¡Lo sabía! Sabía que te iba a gustar, tiene mucha experiencia, la verdad es que es un lujo que una profesora de arte forme parte de nuestro equipo de trabajo. Bienvenida Laura.

— Muchas gracias Manuel, estoy muy contenta de que me hayan dado el empleo, les aseguro que no se van a arrepentir. — le dijo con picardía mientras le guiñaba un ojo, por su parte Manuel estaba fascinado con ella, porque a pesar de los años, lucía mejor que nunca.

Por su parte Alejandro, permanecía callado con el ceño fruncido mientras ordenaba unas carpetas sobre su escritorio, por los momentos no podía hacer nada, Laura lo había atado de manos y solo le quedaba llegar a casa y hablar con Valentina. Pero especialmente a quien quería enfrentar era a su madre, porque gracias a ella Laura había regresado dispuesta a vengarse de todos.

(…)

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