Capítulo 40 El pasado regresa

Alejandro estaba demasiado nervioso, se había quedado sin palabras hasta que exclamó con un tono de voz algo tembloroso:

— ¡Laura! ¿Eres tú? ¿Es posible que seas tú?

La mujer caminó despacio y se posó enfrente de él diciendo:

— Sí, soy yo Alejandro, Laura.

Alejandro enseguida corrió hacia la puerta y la cerró con seguro mientras se llevaba las manos a la cabeza y miraba a Laura con asombro. Habían pasado cinco largos años sin saber nada de ella, él se sentía muy aturdido sin saber qué hacer, estaba viviendo el momento que tanto temía, el regreso de la mujer que era una pieza muy importante en su vida, pero al mismo tiempo había sido su peor pesadilla.

— Veo que no te esperabas que volviera a aparecer en tu vida.

— ¡Dios mío! Por favor Laura, es que esto es muy sorpresivo para mi, yo…no sé que decirte. No salgo aún de mi asombro.

— ¿Y no me invitas a sentarme? ¿O es que realizas las entrevistas de trabajo de pie?

Alejandro temblaba, estaba realmente impresionado de verla, a pesar de los años, se veía aún más bella que antes.

— Por favor toma asiento…pero…pero..¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? ¿Y cómo sabes que busco asistente?

— Creo que son muchas preguntas para responderte tan pronto, en cambio yo, tengo que hacerte una sola: ¿Cómo está mi hijo?

Alejandro palideció, sintió como si estuviera cayendo al vacío, su respiración comenzó a acelerarse mientras Laura mantenía su mirada clavada en él esperando su respuesta.

— Veo que te has quedado sin poder hablar, no creo que sea muy difícil de responder, es normal que quiera saber de mi hijo. ¿No te parece?

— Laura, te apareces de la nada después de haber desaparecido por cinco años, y vienes a mi academia como si nada hubiera pasado a preguntar por el niño. ¿No te das cuenta de lo que estás haciendo? ¿Qué quieres que te responda?

Laura se levantó de la silla y le dio un golpe al escritorio provocando que Alejandro se sorprendiera con su reacción, apretó los puños intentando contener el coraje que llevaba acumulado desde hace cinco años, y con voz firme le dijo:

— ¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma después de lo que tu madre y tú me hicieron? Sin contar que estoy viva porque me encontré con un alma caritativa que no quiso hacerme daño a pesar de las órdenes que le había dado la víbora de tu madre.

— ¿Pero de qué me estás hablando? No tengo la menor idea a qué te refieres.

— ¡Mentira! Eres un mentiroso y oportunista al igual que tu madre, todo lo tenían bien planificado y llevaron su plan a cabo logrando quedarse con mi hijo y solo para cobrar su tan ansiada herencia.

Alejandro no sabía de lo que estaba hablando Laura, ya que Ámbar nunca quiso darle detalles de todo lo que había hecho para lograr quitarle el niño a Laura.

Él estaba desconcertado, pero Laura, solo sentía odio y rencor por el hombre que alguna vez había amado hasta la locura.

Ambos ignoraban que habían sido víctimas de la ambición de Ámbar.

— Necesito que me expliques muchas cosas que no sé, te juro que no sé nada del plan de mi madre, ella jamás me dijo qué había pasado contigo en realidad, solo le entregó a Valentina una carta de tu puño y letra en donde decía claramente que tú nos entregabas al niño para que lo adoptáramos. ¿O me vas a decir que esa carta es una mentira?

— ¡Pues sí! Esa carta la escribí yo, pero bajo las amenazas de tu madre. Ella me chantajeó diciéndome que si regresaba a casa con mi hijo, le iba a contar toda la verdad a Valentina y también me iba a culpar de la muerte de Javier, cuando en realidad fue ella quien lo asesinó.

— ¡No! Eso no puede ser, mi madre no es capaz de matar a nadie. Sé que es muy frívola y calculadora, pero te puedo asegurar que no mató a Javier.

Laura se dio cuenta en ese momento que efectivamente Alejandro no estaba enterado de lo que Ámbar había hecho. Así que se acercó a él y lo tomó por el hombro mientras le decía:

— Es mejor que te sientes, ya veo que hay cosas de las cuales no estás enterado y ya es hora que sepas toda la verdad.

Laura comenzó a contarle todo, desde el mismo instante en el que Ámbar se apareció en la clínica cuando ella acababa de tener a su hijo, hasta el momento en el que la obligó a escribir la carta.

(…)

Minutos despues…

Ya Alejandro estaba al tanto de todo lo que había pasado con la desaparición repentina de Laura y del porqué de su decisión de abandonar a su hijo.

Ella se encargó de contarle cada detalle, para que no le quedara duda alguna de lo que era capaz de hacer su madre por dinero.

Estaba sentado detrás de su escritorio con la mirada perdida como si estuviera en shock, incrédulo de todo lo que había sucedido en realidad.

Por más que lo intentaba asimilar, no daba crédito de que su madre fuera una asesina.

— ¿Laura, y dónde estuviste en todos estos años? ¿Por qué decidiste aparecer justo ahora y no antes?

— Me fui a vivir al hotel de un supuesto amigo de tu madre que ella contactó, el acuerdo que hice con ella fue que me daría una fuerte suma de dinero cuando tú cobraras la herencia. No tenía un solo centavo, ni ropa, ni otro lugar a donde ir.

— ¿Y qué pasó? ¿Te entregó el dinero?

— ¡Ja! Por supuesto que no. El dueño del hotel se apiadó de mi y me dijo que Ámbar le había pagado una fuerte suma de dinero para que me asesinara. Pero él no tuvo el valor de hacerlo y le dijo que ya me había asesinado para que ella se quedara tranquila y no me siguiera buscando. Tuve que permanecer escondida durante mucho tiempo, para evitar que ella supiera la verdad.

— ¡No puedo creerlo! Por más que me cuentas, para mí es impactante escucharte. —decía mientras una lágrima corría por su rostro. Estaba decepcionado y muy dolido de descubrir quien era su madre en realidad.

— Pues créelo, porque así fue, tuve que permanecer escondida y sin un solo centavo, para que Ámbar no me fuera a hacer daño. Después con el tiempo me casé con el dueño del hotel, que gracias al dinero que tu madre le pagó para matarme, logró salvar el hotel de la quiebra y lo sacó adelante obteniendo muy buenas ganancias en todos estos años. Pero hace unos meses murió de un infarto y heredé el hotel y una buena cuenta bancaria.

— ¿Pero cómo me contactaste? ¿Cómo sabías de mi agencia y de que yo estoy buscando una asistente?

— Después de la muerte de mi difunto esposo, decidí comenzar a buscarte a ti y a Valentina; y como eres tan famoso con tus pinturas, no fue difícil encontrar tu academia. Y fue cuando vi en la prensa que estás buscando una asistente y decidí venir a la entrevista.

— Pero en realidad solo viniste a saber de mi hijo.

— Nuestro hijo —lo interrumpió con una voz determinante. —porque te recuerdo que lo hicimos los dos. Y tengo derecho a saber de él porque soy su verdadera madre.

— Laura por favor, ¿Acaso no te das cuenta de que el niño tiene una vida estable y piensa que Valentina es su madre?

— ¿Y Valentina sabe que tú y yo somos sus verdaderos padres?

— ¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre? Valentina cree que ese niño es hijo tuyo y de Javier. Jamás debe enterarse de la verdad. Todo lo hicimos como lo estipulaste en tu carta.

— Una carta que me obligó a escribir tu madre, que no se te olvide. —dijo alzando la voz. —Y quiero que sepas que vengo dispuesta a recuperar a mi hijo, porque ya no le tengo miedo a Ámbar y tampoco me importa contarle toda la verdad a Valentina. Ya no tengo nada que perder. Lo único que quiero es recuperar a mi hijo.

Alejandro se puso como loco, había llegado el momento que tanto temía. La situación se había invertido, porque ahora era ella la que quería que se supiera la verdad a costa de lo que fuera.

— Tú no puedes hacer eso, destruirías mi matrimonio con Valentina, perdería todo lo que tanto me ha costado tener.

— Pues lo siento Alejandro, ya me tocó a mi perder cinco años de mi vida sin poder ver crecer a mi hijo y ya es hora de poner las cosas en orden. ¡Quiero recuperar a mi hijo!

Alejandro estaba entre la espada y la pared, no sabía qué hacer, no podía permitir que Laura le contara toda la verdad a Valentina, eso sería una gran tragedia. Amaba a Valentina con todas sus fuerzas y no estaba dispuesto a perderla ni a ella ni a su hijo.

— No te lo voy a permitir Laura, amo a Valentina como jamás he amado a otra mujer.

— ¡Qué casualidad! Lo mismo me dijiste a mi muchas veces y yo como tonta te creí.

— Sí te amé, pero tú solo querías una relación basada en el sexo, no aspirabas a más nada conmigo.

— Pero ahora soy una mujer libre y quiero recuperar a mi hijo, y estoy dispuesta a tener ese hogar contigo que tanto me pediste muchas veces. ¿O acaso me olvidaste? ¿Estás seguro que ya no me amas?

Le dijo mientras se acercaba a él y acariciaba su rostro con ternura…

(…)

Respuestas