Capítulo 39 El puesto de asistente 

Cinco años después….

El hijo de Laura, a pesar de haber nacido prematuro, había crecido sano y en medio del amor que le profesaban sus padres. Cada día se esmeraban en que nada le faltara, pero sobre todo se enfocaban en que fuera un niño feliz. Había crecido muy rápido, tan solo faltaban unos días para su cumpleaños número cinco.

Alejandro después de recibir la herencia de su padre, pudo por fin independizarse económicamente, fundó una academia de arte y se dedicó de lleno a dibujar grandes obras que se hicieron muy famosas dentro de su circulo, logrando alcanzar un éxito tremendo.

Continuaba casado con Valentina y junto al pequeño Javier Alejandro, formaban una familia feliz y en todo este tiempo, se había enamorado por completo de Valentina, pero a pesar de su felicidad, Alejandro no vivía en paz con los remordimientos, ya que Valentina aún no sabía que ese hijo al que le había dado todo su amor de madre, era en realidad fruto de la relación que tuvo con Laura.

Aquella mañana se encontraban desayunando en el jardín con el pequeño Javier Alejandro, Valentina siempre procuraba que comieran juntos en familia, quería que el pequeño creciera rodeado del amor y la paz que ella no tuvo la dicha de vivir al lado de sus padres.

Alejandro estaba un poco pensativo y preocupado, le pasaba lo mismo cada vez que se acercaba el cumpleaños de Javier Alejandro, porque no podía dejar de pensar en dónde podía estar Laura. Además siempre le atacaba el temor de que en cualquier momento ella apareciera de la nada reclamando los derechos de su hijo y destapando toda la verdad.

Alejandro había logrado tanta felicidad junto a Valentina y su hijo, que no quería que nada empañara lo que le había costado tanto. En todo ese tiempo también pudo darse cuenta del error que cometió al dejarse llevar en una relación que al final le costó muchos momentos de angustia y dolor.

— Mi amor ¿Por qué estás tan pensativo? ¿Acaso estás preocupado por algo? —le preguntó Valentina mientras tomaba un sorbo de café.

— No cielo, no me pasa nada. En realidad solo pensaba en que ya falta menos para que este campeón celebre su cumpleaños.

— Sí, el tiempo ha pasado muy rápido, siento que fue ayer cuando tenía entre mis brazos a este pequeñito.

El niño le preguntó:

— ¿Era muy pequeño mami?

— Sí mi amor, eras un pedacito de carne bien pequeñito. Y mírate lo grande que estás.

— Quiero ser tan grande como papá.

— Si mi amor, así será, pero ahora termina de desayunar para que puedas crecer sano y fuerte.

— Eres una madre estupenda, Carlitos no pudo haber tenido una madre mejor que tú. Gracias por cuidar de mi hijo

Valentina lo miró extrañada por su comentario y luego le dijo:

— ¿Tu hijo? Querrás decir nuestro hijo, recuerda que esta es una labor que hacemos los dos.

— Si, claro…por supuesto que si cariño. Es que…. No me hagas caso. Bueno ya me tengo que ir, hoy tengo algunas entrevistas que hacer, necesito urgente una asistente que me ayude con la academia.

— Mi amor, pero sabes que yo puedo ir con gusto ayudarte en la academia, la verdad es que cuando Carlitos está en el colegio me aburro mucho y ya me hace falta ponerme activa.

— No es necesario mi amor, me encantaría tenerte en la academia todo el día porque así pasaríamos mucho más tiempo juntos, pero en realidad me quedaría mucho más tranquilo si te quedas en casa a cuidar de nuestro hijo.

— Pero sabes que mi hermana Eloísa me ayuda muchísimo con Carlitos, ella ha sido una bendición en mi vida y la verdad es que a veces no sé qué haría sin ella.

— Lo sé amor, pero la verdad es que estaría mucho más tranquilo si estás al frente de todo. Además, hoy cité a varias candidatas para la entrevista, vamos a ver qué sucede.

— Bueno está bien mi vida, no te voy a insistir más. Pero prométeme que si no encuentras a una asistente que esté a la altura de lo que necesitas, me dejarás ir a que te ayude en la academia.

— Está bien cariño, te lo prometo. Bueno ya me tengo que ir porque si no voy a llegar tarde y quiero dar el ejemplo. Pórtate bien Javier Alejandro y no hagas muchas travesuras.

— Sí papá.

— Te acompaño a la puerta mi amor. —le dijo Valentina tomándolo de la mano, a pesar de los años, se sentía tan enamorada de él como el primer día.

Alejandro la abrazó y Valentina lo besó en la boca, era lo que hacía cada vez que él se iba a trabajar. Ambos se amaban con locura, a través del tiempo su amor se había consolidado de una forma tan grande que jamás Alejandro llegó a imaginarse que llegaría a amar con toda el alma a su esposa. Era por esa razón que sentía mucho arrepentimiento de lo que había hecho con Laura. Y a pesar de que muchas veces pensó en contarle toda la verdad a Valentina, siempre había algo que lo hacía retractarse ya que tenía miedo de perderla.

Cuando Alejandro se marchó a la academia, Valentina se cruzó con Ámbar que venía bajando de su habitación, se veía algo demacrada y ojerosa.

— ¿Ya mi hijo se fue a la academia? — dijo mientras daba un enorme bostezo.

Valentina le respondió poniendo una expresión de disgusto ya que no se llevaba muy bien con Ámbar y solo la aguantaba por ser la madre de Alejandro.

— Sí, se acaba de ir en este momento.

— Pobrecito de mi hijo, siempre tan trabajador.

— Sí, efectivamente así es. Pero yo también trabajo todo el día acá en casa, porque aunque no se note el atender a Javier Alejandro es un trabajo bastante agotador.

— Pero gracias a ese niño fue que recibieron la herencia de mi difunto marido.

— Eso también lo sé señora Ámbar, pero le recuerdo que yo no necesito de esa herencia porque tengo mi propio dinero y no dependo de Alejandro para vivir.

 Ámbar se acercó al bar y se sirvió un trago para sorpresa de Valentina que no pudo evitar decirle:

— ¿Pero va a comenzar a beber tan temprano si ni siquiera ha desayunado?

— El cuerpo no sabe que es de mañana y en realidad no veo en que te pueda afectar que yo tome un trago.

— La verdad es que usted me preocupa muchísimo señora Ámbar, últimamente está bebiendo demasiado y la veo un poco desmejorada. ¿Acaso tiene algún problema?

— No me pasa nada, solo tengo algo de insomnio y un pequeño trago me ayuda a relajarme, eso es todo.

— Pero me preocupa que el niño vea a su abuela en ese estado, prácticamente pasa todo el día ebria. ¿O no se ha dado cuenta de eso?

Antes de que Valentina pudiera responderle llegó el pequeño Javier Alejandro y corrió a los brazos de Ámbar mientras le decía:

— Abuelita Ámbar ya te despertaste, quiero que vayamos a jugar al jardín.

— Mi pedacito de cielo aquí estás, abuela te ama mucho pero ahorita no se siente bien, te prometo que más tarde te llevo al parque para que juguemos un rato. ¿Te parece cariño?

— Sí abuelita. Pero hueles feo.

— Jajaja es que no me he bañado todavía, anda ve a jugar que después abuelita te busca. Eres el vivo retrato de tu padre no cabe duda que eres sangre de su sangre.

Valentina la miró sorprendida por lo que acababa de decir, sin embargo, en el fondo pensó que tal vez era producto del alcohol lo que le hacía decir semejante barbaridad.

— Por favor señora Ámbar definitivamente usted no está bien, dice cada barbaridad que sinceramente me deja atónita.

— ¿Por qué lo dices?

— Es que mire como se encuentra, hasta el niño se dio cuenta que huele a alcohol solo que es tan pequeño que no supo explicarse. Y además escuche lo que está diciendo, sabe perfectamente que Javier Alejandro es hijo de mis padres y en cualquier momento cuando el niño esté un poco más grande yo misma me encargaré de contarle la verdad de su origen. Así que no invente cosas donde no las hay, definitivamente está delirando.

— No se te ocurra decirle semejante estupidez a mi nieto, el padre de ese niño es mi hijo Alejandro y punto.

Ámbar le dio la espalda a Valentina dejándola totalmente desconcertada con su comportamiento, ella que aún ignoraba toda la verdad solo se quedó pensando muy preocupada:

“Debo hablar con Alejandro cuando regrese de la academia, el comportamiento de su madre cada día me preocupa más. Habla como si realmente el niño fuera el verdadero hijo de Alejandro y no quiero que se confunda cuando esté más grande. A pesar de que mi madre lo abandonó, pienso que él debe saber la verdad de quiénes son sus verdaderos padres.”

Ese era un tema que ella había hablado anteriormente con Alejandro, ya que no estaba de acuerdo en que el niño creciera engañado creyendo que ellos eran sus verdaderos padres. Ya habían pasado 5 años y Alejandro había recibido la herencia, por lo tanto ella pensaba que era lo mejor para el pequeño que supiera realmente quiénes habían sido sus padres.

Sin embargo, Alejandro nunca estuvo de acuerdo con ella por obvias razones, y siempre terminaban discutiendo cuando sacaban a relucir el tema.

(…)

Mientras tanto en la academia de arte….

Alejandro entró a su oficina y su socio Manuel, quién también era artista plástico y era dueño de la mitad de las acciones de la academia, se acercó a él diciéndole:

— Acaba de llegar la persona que viene a la entrevista de trabajo. Yo me tomé la atribución de entrevistarla primero que tú y la verdad es que vengo a decirte que es una mujer preparada y además muy bella.

— Ay Manuel tú como siempre viendo otra óptica de lo que realmente nos interesa. Sabes que lo más importante es que sea una persona profesional y que sepa realmente su trabajo, no me importa si es bella o no, lo que quiero es que sea responsable y emprendedora.

— Pues la verdad es que tiene todos los atributos para ser la asistente perfecta. Yo que tú la contrato de una vez. En realidad necesitamos una persona que esté a cargo de la academia cuando tú y yo estemos ausentes.

— Bueno está bien, déjame entrevistarla y te diré si es la candidata ideal.

— Muy bien, le voy a decir que pase y no te arrepentirás si decides dejarla. De todos modos si no la dejas en el puesto me la llevo a trabajar a mi oficina, a mí me vendría como anillo al dedo.

— Jajaja ya déjate de tonterías y hazla pasar.

Alejandro comenzó a organizar unas carpetas que tenía sobre su escritorio mientras esperaba a la candidata para el puesto de asistente. Escuchó que llamaron a la puerta y enseguida dijo en voz alta:

— ¡Adelante está abierto!

Cuando Alejandro miró a aquella mujer se quedó totalmente pálido, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.

(…)

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