Capítulo 38 El testamento de Javier 

Al día siguiente…

Valentina estaba decidida en hacer cumplir la petición que le hizo Laura en la carta. Después de consultarlo bien con Alejandro, ambos decidieron ir a conocerlo a la clínica.

Alejandro estaba nervioso y tenía mucha ansiedad por ver a su hijo, mientras Valentina se sentía muy afligida sin poder entender por qué la vida le había dado una prueba tan difícil.

La enfermera se acercó a ambos:

— Este es el pequeño, aún está en incubadora, pero está evolucionando muy bien, así que dentro de pocos días podrán llevarlo a casa. Le colocamos el apellido del padre porque la madre no llegó a colocarle el nombre.

Alejandro enseguida expresó:

— Va a llevar mi apellido y su nombre será Gustavo como su abuelo.

Valentina lo miró poniendo una expresión de asombro, no podía entender el por qué Alejandro se había tomado esa atribución, pero él estaba tan emocionado ya que después de todo y a pesar de las circunstancias, iba a poder tener a su hijo con él, pero no se había dado cuenta de que estaba mostrando sus emociones ante Valentina y ella no comprendía nada de su actitud.

— ¿Pero por qué el bebé llevaría el nombre de tu padre? En dado caso, debería llevar el nombre del mío. ¿No te parece? Creo que te estás tomando muy en serio tu rol de padre.

Alejandro palideció y enseguida trató de persuadir a Valentina diciendo:

— Perdona cariño, es que estoy tan emocionado con el pequeño que siento como si fuera mi hijo y me dejé llevar sin darme cuenta. Pero pensé que como gracias a este niño vamos a recibir la herencia de mi padre, me pareció justo hacer honor a su nombre.

— Pues lo siento Alejandro, pero como comprenderás, aunque este niño lo vamos a adoptar como nuestro, estoy segura de que mi padre hubiera querido llamarlo por su nombre. Y es lo menos que puedo hacer por él después de esta horrible tragedia. Así que se va a llamar Javier Alejandro. ¿Qué te parece?

Alejandro intentó disimular su disgusto ante la decisión de Valentina, sin embargo, sintió que no podía contradecirla en vista de las circunstancias. Ella en el fondo creía que ese niño era en realidad su hermanito, así que no le quedó otra alternativa que aceptar.

— Está bien Valentina, se llamará Javier Alejandro.

— ¿Verdad que es hermoso? Aunque no se parece en nada a papá, creo que se parece más a mi madre. Pero sea como sea, lo voy a amar y a cuidar como si fuera mio. No veo el momento en que le den de alta para tenerlo en mis brazos.

Alejandro escuchaba a Valentina y en el fondo sentía un nudo en la garganta, porque se sentía avergonzado de saber que la estaba engañando.

(…)

Dos días después…

Aún el pequeño se encontraba hospitalizado en la clínica, sin embargo, Valentina y Alejandro, ya estaban haciendo todos los trámites para su adopción. Necesitaban agilizar todo lo más rápido posible, para poder tomar posesión de la herencia del padre de Alejandro.

Sin embargo, el abogado de Javier, se encontraba en la mansión, porque iba a dar lectura al testamento que había preparado muchos meses antes de su muerte y del cual Valentina no tenía idea alguna.

Todos estaban reunidos a la espera de lo que el abogado iba a decir, pero la más ansiosa era Sandra, la cual se encontraba acompañada de su hija, muy esperanzada de que Javier había incluido a Eloísa en su testamento.

Ambar por su parte se encontraba también presente, aunque no tenía por qué estarlo, pero estaba muy ansiosa de saber cuánto iba a heredar Valentina, tenía una sonrisa en el rostro que no la podía disimular. Estaba cómodamente sentada en uno de los sillones mientras bebía una copa. Solo observaba y pensaba:

“Las cosas salieron mejor de lo que yo esperaba, porque ahora no solo vamos a recibir la herencia de Gustavo, si no que mi querida nuera también va a recibir lo suyo y al final, como es la esposa de mi hijo yo también me voy a beneficiar de esa jugosa fortuna.”

El abogado había comenzado a leer el testamento:

— Doy comienzo a la lectura de la última voluntad del señor Javier……

(…)

Minutos después….

Después de leer algunos párrafos llegó el momento que todos esperaban:

— En pleno uso de mis facultades, he tomado la decisión de que la heredera universal de toda mi fortuna, sea mi hija Valentina.

Sandra enseguida se levantó del sillón y alzó la voz molesta:

— ¡Eso no puede ser! Javier no pudo dejarle todo a Valentina, porque Eloísa también es su hija y ella tiene todo el derecho a recibir la mitad de su herencia.

Eloísa estaba muy apenada con la reacción de su madre, porque a ella no le interesaba nada de la fortuna de su padre, Valentina por su parte estaba muy impresionada porque jamás se imaginó que Javier no incluyera en su herencia a su hermana.

El abogado en ver el coraje de Sandra y lo alterada que comenzaba a ponerse, se dirigió a ella diciéndole con voz apacible:

— Por favor señora tiene que controlarse, esa fue la decisión del señor Javier y debe ser respetada.

— Pero eso es injusto, yo tengo una hija que es fruto de mi relación con él, hasta tengo una prueba de ADN donde consta que es su hija biológica, tengo derecho a reclamar parte de su herencia.

— Señora, lamento informarle que si no existiera este testamento, la joven podría haber reclamado sus derechos como hija del difunto, pero desafortunadamente para ella, el señor Javier fue muy claro al decidir a quien dejaba toda su fortuna, y en este caso lamento decirle que no puede reclamar absolutamente nada.

— Eso es injusto, Javier es un desgraciado, y lo único que deseo es que ojalá se esté quemando en la quinta paila del infierno por miserable. Le entregué toda mi juventud, le di una hija y al final no valió de nada.

Valentina al ver la forma como se estaba expresando Sandra de su padre, enseguida intervino diciendo:

— ¡Ya basta Sandra! No te voy a permitir que hables de esa forma de mi padre, entiendo tu dolor y tu rabia, pero en mi presencia te prohíbo que te expreses así de él. Tú sabías que él estaba casado con mi madre y aún así aceptaste ser su amante haciendo sufrir a mi madre por muchos años.

— Como se ve que no conoces bien a tu madre, esa mujer es una víbora, si yo te contara lo que sé de ella no la estarías defendiendo como lo estás haciendo ahora.

Alejandro ya sabía, que Sandra se refería a la relación que él había tenido con Laura, ya que el mismo día de la boda con Valentina, ella lo vio salir de la habitación de Laura en una actitud algo sospechosa. Antes de que esta dijera algo que pudiera comprometerlo, le dijo:

— Por favor señora Sandra trate de calmarse.

— ¿Y por qué quieres que me calme? ¿Acaso tienes miedo de que siga hablando?

— Por favor es mejor que salga de aquí.

Antes de que Sandra dijera lo que sabía, Alejandro se encargó de sacarla de la sala y llevarla al estudio que era de Javier, él tenía que hacer lo que fuera preciso para mantener callada a Sandra y que no envenenara a Valentina diciéndole algo que pudiera destruir todo.

Valentina por su parte se quedó muy dolida con las palabras de Sandra mientras que Eloísa se acercó a ella diciéndole:

— Lamento mucho lo que dijo mi madre, de verdad te pido que la perdones, lo que pasa es que está muy nerviosa y estaba muy segura de que mi padre iba a dejarme parte de su herencia.

— Yo lamento mucho más todo lo que está sucediendo, pero sea como sea tú eres mi hermana y sabes que puedes contar conmigo y no te voy a desamparar. Así que no tienes que preocuparte por nada, yo me voy a encargar de que nunca te falte absolutamente nada, de eso puedes estar segura.

Ámbar solo observaba lo que había sucedido mientras se servía otro trago, para ella había sido una excelente noticia el enterarse de que la única heredera era Valentina.

“Pero qué maravilla, definitivamente mejor no podía ser, Valentina dueña de una gran fortuna y muy pronto mi hijo Alejandro también recibirá lo que le corresponde de su herencia, voy a vivir por el resto de mi vida como lo que soy, toda una reina.Y mi nieto va a heredar ambas fortunas. ¿Qué más puedo pedir? ¡Salud!” —dijo levantando la copa.

Mientras Ámbar brindaba en medio de sus pensamientos macabros, Alejandro se encerró con Sandra en el estudio.

— ¿Se puede saber qué es lo que le pasa Sandra? Usted no puede hablarle de esa forma a Valentina. ¿Acaso no se da cuenta por todo lo que está pasando con la muerte de su padre y la desaparición de Laura?

— Yo le hablo como me da la gana porque estoy cansada de ser siempre la que espera y se mantiene callada, y ya me harté de todos ustedes. Además, estoy alzando la voz por mi hija Eloísa que tiene tanto derecho como Valentina a ser la heredera de esa fortuna.

— Pero no puede cambiar las cosas, entienda que esa fue la voluntad del Señor Javier y en eso nadie puede interferir.

— ¿Y cuál es tu miedo Alejandro? ¿Por qué me trajiste al estudio? ¿Acaso tienes miedo de que yo pueda decirle algo a Valentina que haga que tu matrimonio se destruya?

— Yo no sé de qué me está hablando señora Sandra, usted no tiene absolutamente nada que decir de mí. La traje aquí para que no siguiera ofendiendo la memoria de el padre de Valentina.

— Por favor Alejandro, no me veas la cara de estúpida porque no la tengo. Quiero que sepas que yo no tengo un pelo de tonta, yo sé que algo te traías con la señora Laura y de eso no me cabe la menor duda.

— Mucho cuidado con lo que inventa señora Sandra, porque si no voy a ser yo mismo el que la saque de esta casa.

— Tú no me vas a sacar de ningún lado, yo me quedo a vivir aquí con mi hija porque aunque Javier no la haya metido en su testamento, ella tiene derecho a disfrutar de esta casa. Así que ándate con cuidado y más te vale que le digas a tu esposa Valentina que le dé parte de la fortuna a mi hija, o de lo contrario voy a decirle que tú y la señora Laura tenían una relación.

— ¡Señora Sandra espere! ¡Sandra!

Sandra salió del estudio sin hacerle caso a los llamados de Alejandro, ella estaba dispuesta a encontrar la manera de que su hija pudiera disfrutar también de la herencia de Javier.

Para Alejandro fue un dolor de cabeza más en medio de todo el conflicto por el que ya estaba pasando, tenía que tener mucho cuidado con Sandra y debía buscar la forma de que Valentina accediera a darle parte de su fortuna a Eloísa y así mantenerla callada.

Cada día que pasaba las cosas se le ponían más difíciles a Alejandro.

(…)

Respuestas