Capítulo 35 El chantaje 

Laura, al escuchar las palabras de Ámbar, se quedó sorprendida, ya que nunca se imaginó que Alejandro se atreviera a contarle la verdad. Eso empeoraría aún más su situación. Ámbar por su parte mantenía la mirada fija en ella, disfrutando de su desesperación y de cómo se iba a poner cuando se enterara de la tragedia de Javier.

Trató de persuadir a Ámbar, haciéndole creer que no sabía de qué estaba hablando:

—¿Qué estás diciendo? No comprendo a qué te refieres con esa locura.

Ámbar la miró con una sonrisa llena de malicia, cerró la puerta y se acercó a Laura, mirándola fijamente con una mirada que la intimidaba:

—Ya no tienes que seguir fingiendo conmigo, Laura. El juego se acabó. Ya estoy enterada de todo lo que pasó entre mi hijo Alejandro y tú.

A Laura no le salían las palabras; se quedó impactada. Inmediatamente sintió un fuerte temor de que, en cualquier momento, Javier entrara a la habitación y encontrara a Ámbar allí. Su estado de nervios la invadió y sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente.

—Ámbar, yo… no sé qué te dijo Alejandro, pero todo esto ha sido un malentendido. Yo…

Ámbar no la dejó continuar, interrumpiéndola de inmediato, alzando la voz y diciéndole de forma directa lo que había querido decirle desde hace mucho tiempo, ya que Laura nunca había sido una persona grata para ella:

—¡Ya basta, Laura! No sigas poniendo excusas donde no las hay. Sé perfectamente todo lo que hubo entre mi hijo y tú, y ya no tienes que fingir que es mentira. No subestimes mi inteligencia y no trates de confundirme, porque no lo vas a lograr. ¡Eres una desvergonzada! — le gritó acercándose a la cama y dándole una bofetada. —¿No te da vergüenza mantener relaciones con un jovencito que podría ser tu hijo? Y, por si fuera poco, te has involucrado precisamente con el esposo de tu propia hija. ¡Es aberrante!

Laura comenzó a llorar, sintiéndose totalmente perdida. Pero su mayor miedo no era que Ámbar estuviera enterada de toda la verdad, sino las consecuencias que esto traería si su hija Valentina llegaba a enterarse y Javier decidía enviarla a la cárcel, como tanto se lo había advertido.

—Por favor, Ámbar, te lo suplico, baja la voz. Puede entrar Javier y escucharte. Aunque él lo sabe todo, me prohibió decirle a Alejandro que él estaba al tanto de que este hijo no era de él.

Ámbar soltó una fuerte carcajada mientras miraba a través de la ventana de la habitación. Luego se volteó y la miró fijamente, sonriendo:

—No tienes por qué preocuparte por tu maridito. Puedes estar segura de que ya no te va a molestar nunca más en tu vida. Ahora, lo único en lo que tienes que concentrarte es en la propuesta que vengo a hacerte.

—¿Qué quieres decir con que Javier no va a molestarme más? ¿Qué está pasando, Ámbar? ¿Cuál es esa propuesta que quieres hacerme? La verdad es que no entiendo qué es lo que pasa.

—Tranquila, Laura. Además, no es bueno que te agites. Recuerda que acabas de salir de una cesárea muy complicada y debes guardar reposo absoluto.

—Pero es que todo esto ya me está dando mala espina. Te apareces de repente aquí de forma amenazante y encima me dices que Javier no va a molestarme nunca más. —decía con preocupación, mientras miraba la puerta de la habitación, como esperando que en cualquier momento pudiera entrar. — ¿Dónde está Javier? Sé que se encontraba en la sala de espera y estoy segura de que en cualquier momento va a entrar. No quiero que te vea aquí porque las cosas se van a complicar aún más.

—Ya te dije que Javier no va a molestarte más, pero antes de decirte el porqué, te voy a hacer una propuesta con respecto a mi nieto y estoy segura de que no te va a quedar otra alternativa que aceptarla.

Laura estaba temblorosa y se sentía muy impotente, ya que no podía levantarse aún de la cama por el fuerte malestar que tenía en la herida, y además temía que Javier entrara en cualquier momento.

—¡Habla de una buena vez y dime qué es lo que quieres!

—Quiero que me entregues a mi nieto para que Alejandro y Valentina lo adopten de forma legitima.

—¿Pero qué locura estás diciendo? ¿Cómo se te ocurre venir hasta aquí a decirme semejante atrocidad? Ámbar, estás loca, definitivamente.

—¡Cálmate! Ya te dije que no te alteres porque eso te va a causar mucho daño. Lo que te estoy diciendo no es nada descabellado; aquí lo único descabellado fue tu relación con mi hijo. Pero ya ni modo, ya no podemos retroceder el tiempo; el daño está hecho. Así que escúchame muy bien lo que te voy a decir, porque en el fondo te interesa.

—Sea lo que sea que tengas que decirme, no vas a salirte con la tuya. Estoy segura de que Javier va a intervenir y los va a dejar en la calle a ambos. Aquí lo único que lamento es que mi hija se va a enterar de todo.

—¡Ya te dije que Javier no va a hacer nada porque él está muerto!

Ámbar le dio la noticia de una forma inesperada, ante la negativa de Laura. Por supuesto, ella no le creyó de inmediato, ya que era absurdo pensar que Alejandro estuviera muerto. No tenía ningún sentido, y más aún cuando horas antes él había estado con ella en la habitación y le había dicho que esperaba en el pasillo mientras descansaba.

—¿Qué estás diciendo? Creo que tu delirio ha llegado muy lejos, Ámbar. Javier está afuera en el pasillo esperando a que yo descanse de mi malestar.

—Lamento decirte que tu querido esposo acaba de fallecer por tu culpa. Al parecer, no soportó tanta presión con todo lo que ha tenido que vivir en los últimos meses, dado que lo traicionaste con el esposo de su hija. Y no te conformaste con eso, sino que encima le diste un hijo a Alejandro. Creo que Javier estaba en una fuerte depresión y hace pocos minutos saltó de la terraza de este edificio; acaban de recoger lo que quedó del pobrecito.

Laura comenzó a llorar, mostrando una expresión de horror al escuchar lo que le decía Ámbar.

—Eso no puede ser verdad. Javier no pudo haber hecho algo así. Él estaba aquí hace unas horas y, a pesar de estar enterado de todo, no tenía intención de quitarse la vida. Siempre fue un hombre que luchó por vivir y, de hecho, por eso se recuperó por completo de aquel accidente que tuvo hace años.

—No fue un accidente, querida Laura. Tengo entendido que fuiste tú quien lo empujó, y por eso estuvo a punto de quedar completamente parapléjico. ¿Te imaginas cuando Valentina se entere de que se suicidó porque descubrió que el hijo que tuvo su esposa no era de él, sino de su yerno? Toda la responsabilidad caerá en tus manos y, créeme, vivirás un verdadero infierno, porque será tu propia hija quien te denuncie ante las autoridades y diga que ya una vez intentaste matar a su pobrecito padre. Lo que hará que quedes en la calle, completamente sola y sin un solo centavo.

Laura estaba aterrada; jamás imaginó que Ámbar fuera capaz de chantajearla de esa forma tan maquiavélica. Se sentía entre la espada y la pared, porque lo último que quería era que su hija Valentina se enterara de toda la verdad.

—¡Ya basta, Ámbar! No puedo creer que seas capaz de cometer semejante atrocidad. Además, en aquel entonces, cuando Javier cayó del segundo piso, fue producto de un accidente. Yo lo empujé de forma involuntaria porque estaba tratando de evitar que él me siguiera lastimando. Lo único que hice fue defenderme de sus ataques, que eran cada vez más frecuentes y en frente de mi hija Valentina. Ella vio todo lo que pasó, solo que era muy pequeña para entender el horror que me hacía vivir su padre.

—Pero es tu palabra contra la de Valentina, y ella es ahora la única que puede abogar por su padre. Estoy muy segura de que lo hará, porque no te va a perdonar que se haya suicidado a causa del dolor que tú le causaste con tu traición, y más aún cuando sepa que el padre de ese hijo que acabas de tener es Alejandro. ¿Te imaginas? Valentina no pudo darle un hijo a su esposo, pero tú te encargaste de hacerlo por ella.

—¡Dios mío! Javier no puede estar muerto. Esto tiene que ser una pesadilla; eso no puede ser verdad. Y mi hija no puede enterarse de nada. Estoy segura de que eso la mataría de dolor y no me lo perdonaría jamás.

—Ya basta, Laura. Deja las lágrimas de cocodrilo para otra ocasión. Deberías estar feliz, porque ya te deshiciste de un hombre que solo te maltrataba y además te estaba amenazando con enviarte a la cárcel. Ahora lo que tienes que hacer es buscar la manera de salvar tu pellejo y hacer las cosas de forma correcta, como debiste hacerlo desde un principio.

—¿Pero qué pretendes, Ámbar? Es descabellado lo que estás planeando al pedirme que te entregue a mi hijo. ¡Eso jamás lo haré!

—Quiero que me entregues al niño legalmente para que Alejandro lo adopte junto con Valentina. Automáticamente él recibiría su herencia y yo te daría una fuerte suma de dinero para que te largues lejos de todos y no regreses a nuestras vidas nunca más. Valentina creerá que su padre cayó por accidente de la terraza y que tú, en medio de una fuerte depresión, decidiste abandonar al hijo de ambos. —Laura no podía creer lo que estaba escuchando, Ámbar era peor que Javier. —Quedarías libre sin correr el riesgo de ir a la cárcel, y mi hijo y Valentina verían su sueño hecho realidad de tener un hijo que, en el fondo, es de su misma sangre. Porque Valentina vendría siendo su hermanita. ¿No te parece una ternura que sea ella quien se encargue de cuidar a su hermanito sin saberlo?

Laura se encontraba entre la espada y la pared. Estaba peor que cuando Alejandro estaba vivo, ya que, estando con él, podía conservar a su hijo y criarlo como si fuera hijo de él. Pero ahora, la vida la había puesto en la situación de renunciar definitivamente al pequeño y encima tener que desaparecer.

(…)

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