Capítulo 32 El plan de Ámbar 

 Ámbar no podía creer lo que estaba escuchando. Por un momento, se imaginó que Alejandro estaba un poco desorientado y aturdido, dado que se había enterado de que Valentina no podía darle el tan ansiado hijo para poder recibir la herencia. 

 — Por favor, Alejandro, es una incoherencia lo que acabas de decir. Te pido que no lo vuelvas a repetir nunca más en tu vida. Creo que estás delirando con la noticia que te dio tu esposa. Necesitas descansar para que no repitas esta idiotez. 

 Alejandro al ver que su madre no le creía y cansado de fingir lo que había sucedido entre él y Laura; la tomó por los hombros y, mientras la movía violentamente, le gritó la verdad en la cara: 

 — ¡No es ninguna idiotez! Lo que te estoy diciendo es la pura verdad. Ese hijo que está a punto de nacer es fruto de mi relación con Laura. 

 Ámbar abrió los ojos, horrorizada al darse cuenta de que Alejandro no estaba bromeando. Sin embargo, en el fondo, ella se resistía a aceptar que eso fuera verdad, porque sabía perfectamente el riesgo que su hijo corría si esta verdad llegaba a saberse, ya que todos estaban viviendo en el ojo del huracán. 

 — ¿Entonces esto es verdad? ¿Tuviste una relación con tu suegra? ¡Pero qué barbaridad! Esto es una verdadera aberración. — decía incrédula. —¿Valentina no está enterada de esto? 

 —Por supuesto que no madre. 

 —Vamos a subir a mi habitación; no podemos seguir hablando aquí en medio de la sala, corriendo el riesgo de que alguien de la servidumbre nos escuche. Necesito que me expliques cómo pasaron las cosas y desde cuándo tienes una relación con esa zorra de Laura. 

 Ámbar lo tomó del brazo y lo llevó a la habitación, cerró la puerta con seguro y empujó a Alejandro, quien cayó sentado en un sillón. Ella se acercó a él, mirándolo a los ojos, y le dijo: 

 — Ahora dime qué fue lo que pasó entre esa mujer y tú. ¿Desde cuándo son amantes? ¡Habla, Alejandro! Ya es muy tarde para que te quedes callado y me sigas ocultando semejante atrocidad. 

 — Las cosas no son como tú te las imaginas, mamá. Conocí a Laura mucho antes que a Valentina, y comenzamos a tener una relación, pero no teníamos nada serio; solo salíamos de vez en cuando y teníamos intimidad. — hizo una pausa intentando tomar aire para continuar. —Luego, papá y tú comenzaron a presionarme para que buscara la forma de casarme, ya que era la única alternativa para poder recibir la herencia. Y, por supuesto, con Laura eso no lo iba a poder llevar a cabo. 

 — Pero, por supuesto que no lo podías hacer. ¿No te das cuenta de que esa mujer te duplica la edad y que puedes ser su hijo? ¿Cómo pudo tener una relación con un jovencito que tiene prácticamente la misma edad que su propia hija? Es una desquiciada y pervertida. 

 — ¡No la ofendas, mamá! Como te estaba diciendo, ella no sabía que yo era el prometido de su hija. Todo se descubrió cuando vine a pedir la mano de Valentina, y fue justo en ese momento que ambos nos llevamos la sorpresa cuando ella nos presentó. 

 — ¡Qué barbaridad! ¿Te das cuenta del lío en el que estás metido, Alejandro? ¿Te imaginas que el esposo de Laura se entere de que tú eres el padre de ese hijo que ella va a tener? 

 — Ya él lo sabe todo, mamá. 

 — ¿Cómo dices? ¿Cómo es posible que Javier sepa toda la verdad y aún así nos haya permitido vivir aquí bajo su mismo techo? ¡Es otro pervertido! 

 — Es un desgraciado. Él sabe toda la verdad y solo se está vengando tanto de Laura como de mí. 

 — Pero ahora lo entiendo todo. Es por eso que hizo ese comentario y se siente tan feliz de que su hija no pueda darte el hijo que necesitamos para poder cobrar la bendita herencia. ¡Qué ironías de la vida! Justamente viene a salir embarazada Laura, mientras que la inútil de su hija no sirve ni para darte un hijo. 

 — ¡Mamá, por favor, no hables así de Valentina! Ella es una víctima en todo esto y lo único que ha hecho es entregarme todo su amor y complacerme en todo. Además, me estoy enamorando de ella y no quiero hacerle daño; ella no se lo merece. 

 Ámbar le dio un golpe en el hombro con todas sus fuerzas. Se sentía impotente y necesitaba desahogar el coraje que esta noticia le había causado. 

 — ¡Eres un inepto! Has estropeado todo lo que tenía planificado para ti. De nada me valió aguantar durante años al vejestorio de tu padre, para que al final todo terminara así. 

 — ¿Pero por qué hablas así de papá? Siempre los vi como un matrimonio amoroso del cual me sentía muy orgulloso. No entiendo por qué este cambio tan drástico en ti, mamá. Pareciera que nunca hubieras querido a papá y que solo estabas con él por su… 

 Alejandro se quedó callado antes de decir algo que pudiera ofender a su madre. 

 — ¿Por qué te quedas callado? ¡Anda, dilo! ¿Crees que estuve con tu padre por dinero? ¿Crees que en realidad me casé con él por su dinero? Pues te voy a responder de una buena vez y seré totalmente sincera, como tú lo estás siendo en este momento conmigo. 

 Alejandro la miraba sorprendido, ya que era la primera vez que veía a su madre actuar de forma tan desafiante y prepotente. Fue como si, después de muchos años, Ámbar se quitara la máscara, mostrando quién era en realidad. 

 — Te miro y la verdad no puedo creer que seas tú. Te desconozco, madre; definitivamente no eres la misma que conocí. 

 — Pues quiero que sepas de una vez por todas que sí me casé con Gustavo por su dinero. ¿O qué piensas, que me casé con él porque era un hombre atractivo y varonil? ¡Pues no! Gustavo me triplicaba la edad. Cuando lo conocí, siempre fue un hombre achacoso y enfermo. Pero estaba embarazada de ti y no tenía cómo mantenerte. Tu verdadero padre me abandonó porque era un hombre casado, y cuando supo que yo estaba esperando un hijo suyo, me dio la espalda y desapareció de mi vida. 

 — ¿Entonces Gustavo no era mi padre? ¿Pero madre, cómo pudiste hacer algo así? ¿Y él supo que yo no era su verdadero hijo? 

 — ¡Por supuesto que no! ¿Por qué crees que se casó conmigo? Lo hizo porque le dije que estaba embarazada y, como estaba tan enamorado de mí, no dudó un minuto en casarse y darte su apellido, creyendo que tú eras su primogénito. 

 — No puedo creer de lo que has sido capaz, y encima me echas en cara mi relación con Laura. ¿Pero tú? Durante todos estos años me has engañado y también lo hiciste con papá. ¿Qué clase de monstruo eres, mamá? 

 Le dio una bofetada mientras le decía: 

 — ¡Cállate! No vuelvas a hablarme de esa forma, Alejandro. Al contrario, deberías agradecerme que, por lo menos, te encontré un padre que te dio todos tus caprichos durante todos estos años. Pero tenías que venir a dañar todo el sacrificio que hice y terminaste casándote con esa mujercita que no puede darte un hijo, y encima te hiciste el amante de su madre. ¿Quién es peor, tú o yo? 

 — ¡No, mamá! Lo mío es totalmente diferente. Yo ya tenía una relación con Laura cuando apareció Valentina en mi vida. Y fuiste tú, principalmente, quien me obligó a casarme con ella porque sabías la cláusula que había puesto mi padre en su testamento. 

 — Y dime una cosa: después de que supiste que Laura es la madre de tu esposa, ¿has seguido teniendo relaciones con ella? 

 Alejandro bajó la mirada y se quedó en silencio. No podía mentir, ya que era obvio que las cosas no habían terminado por completo entre ellos. 

 — Ese silencio me lo dice todo, Alejandro. Entonces no me digas que soy un monstruo, porque es mucho más aberrante que te sigas acostando con Laura después de haberte enterado de que es la madre de tu esposa. Los dos son unos pervertidos, pero tenemos que buscar la manera de quitarle ese hijo a Laura para que, de esta forma, tú puedas recibir la herencia. 

 — Lo que estás diciendo es una locura. Yo no puedo quitarle el hijo a Laura. ¿Además, qué le vamos a decir a Valentina? ¿Que ese hijo es de su madre y mío y que ahora he decidido que ambos lo adoptemos? 

 — Pues es eso precisamente lo que vamos a hacer. Tenemos que buscar la forma de que Laura nos entregue al niño a cambio de que no le digamos nada a su hija sobre lo que pasó entre tú y ella. Al mismo tiempo, ofrecerle una buena suma de dinero de lo que vas a recibir de la herencia para que desaparezca. Estoy segura de que, con tal de no volver a estar más con Javier, estará dispuesta a aceptar. Es una sinvergüenza. Pero, sin embargo, aquí el único obstáculo que nos molesta es Javier. 

 — ¿Y qué pretendes hacer, mamá? 

 — Muy fácil. A Javier hay que desaparecerlo definitivamente de nuestras vidas, y tú te vas a encargar de que Valentina no vaya a la clínica a conocer al hijo que va a tener su madre. Tienes que inventar un viaje a cualquier parte y llevártela por unos días, mientras yo me encargo de lo demás. 

 — Todo esto me parece una locura y la verdad es que yo no tengo la sangre fría que tienes tú para hacer algo así. 

 — Entiende algo, Alejandro. ¿Quieres permanecer el resto de tu vida viviendo en esta casa bajo el yugo de Javier? Él nos tiene en sus manos. Ya sabe que ese hijo es tuyo y, en cualquier momento, va a explotar y va a echártelo en cara. Aquí, los únicos que vamos a perder somos tú y yo, porque nos vamos a quedar en la calle. Tú vas a perder a Valentina cuando sepa que fuiste el amante de su madre y que, encima, le diste un hijo. Y Javier se va a quedar con la mejor parte, porque va a darle el apellido a ese niño que es tuyo y no podrás quitárselo porque no tendrás los medios para hacerlo. Y esa será su gran venganza contra ti. 

 Alejandro se quedó pensativo, tratando de digerir el plan maquiavélico de su madre. Pero, al mismo tiempo, pensaba que, de no llevarlo a cabo, de igual manera lo iba a perder todo. Además, no soportaba la presencia de Javier en su vida. Así que le respondió, lleno de miedos, pero al mismo tiempo muy seguro de su decisión: 

 — Está bien, mamá. Haz lo que tengas que hacer, que yo trataré de sacar a Valentina de la casa por unos días. 

 Laura ya había tenido a su hijo; sin embargo, como era un bebé prematuro, necesitaba ciertos cuidados especiales hasta que estuviera completamente estable. Le habían hecho una cesárea de emergencia y se encontraba bastante delicada. Javier, por su parte, se encontraba sentado en un sillón en la sala de espera, muy pensativo, ya que sentía rabia y celos al mismo tiempo al saber q

ue ese hijo era de Alejandro. Justo en ese momento, apareció Ámbar y, al encontrarlo allí, se acercó a él, diciéndole:….. 

 (…) 

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