Capítulo 29 Descubriendo la verdad 

El ambiente se tornó tenso mientras el silencio envolvía a todos, hasta que Valentina exclamó con autoridad: 

 — Papá, te hice una pregunta ¿Quién es ella? 

 Sandra intervino de inmediato en vista de que Javier se había quedado callado, no se esperaba que el secreto que llevaba guardado durante años, saliera a la luz. 

 — ¿No le vas a contestar a Valentina? Si no lo haces, lo haré yo. 

 — ¿Pero qué pasa, papá? ¿Por qué Sandra te está hablando así? Cualquiera diría que se trata de algo muy grave. 

 — Está bien, Valentina, voy a decirte la verdad. Esta joven que está aquí frente a ti es tu hermana. 

 — ¿Mi hermana? ¿Qué locura estás diciendo? ¿De dónde has sacado semejante barbaridad? ¿Por qué nunca mencionaste a esta hija? 

 Eloísa, con los ojos llenos de lágrimas, sentía el desamor de Javier hacia ella. Estaba dolida y humillada al ver todo el lujo que rodeaba a Valentina, en contraste con su propia infancia en una casa humilde, donde vivían con lo poco que su madre ganaba trabajando. El aporte de Javier a su madre era escaso, a pesar de su fortuna. 

 — Por favor, Valentina, trata de calmarte. Tu madre no sabe nada de esto y te pido que por favor no le digas nada al menos por ahora. Eso puede ser perjudicial en su estado. 

 — ¿Y se puede saber quién es la madre de esta hija? Es que no puedo creerlo, engañaste a mamá. —Valentina estaba indignada, no podía creer que el hombre al que ella veía como su héroe, hubiera sido capaz de engañar a su madre. Comenzaba a darse cuenta de que lo que decía Laura de su padre era verdad. 

 Antes de que Javier pudiera inventar una historia para ocultar que Sandra había sido su amante durante años, ella se adelantó: 

 — Yo soy la madre de Eloísa. 

 Hubo una tensión en el ambiente que los envolvió a todos, Valentina se quedó inmóvil tratando de digerir la noticia, tuvo un impacto en ella que no la sacaba de su asombro. 

 — ¿Tú, Sandra? No, no, no. Eso no puede ser verdad. ¿Entonces quiere decir que fuiste su amante desde antes del accidente y después te metiste en nuestra casa? 

 — Sí, tu padre y yo hemos sido amantes durante años. Eloísa nació cuando tú apenas tenías unos meses de edad. 

 — ¿Entonces has engañado a mamá durante todo este tiempo? Y tenías una hija que ni siquiera mencionaste. ¿Qué clase de monstruo eres, papá? Mi madre tenía razón y yo siempre la juzgue mal. 

 Eloísa no pudo soportar más las palabras de Valentina. Sentía vergüenza, ya que su madre era vista como la rompe hogares, contribuyendo a destruir aún más el matrimonio. Salió corriendo de la sala, mientras Sandra la seguía: 

 — ¡Eloísa! ¡Eloísa, espera! 

 Valentina se quedó sola con su padre, que no podía alzar la mirada hacia ella. Sabía que lo ocurrido podría afectar sus planes, pero intentó hablar con Valentina para hacerla entender, o al menos buscar una justificación para sus acciones. 

 (…) 

 Mientras tanto, en otro lugar… 

 Laura y Alejandro se encontraron en su lugar habitual. Ella le cedió el auto para que él condujera, y salieron antes de que alguien pudiera verlos. 

 — ¿Pero qué haces, Alejandro? ¿A dónde vamos? 

 — Al hotel de siempre. 

 — ¡No! No vine a encontrarme contigo para que me lleves a un hotel. Quería hablar de lo que está sucediendo. 

 — Pero en el hotel podemos hablar con tranquilidad, sin que nadie nos moleste ni correr el riesgo de ser vistos. ¿No te parece? 

 Laura se quedó callada mientras Alejandro conducía hacia un pequeño hotel apartado de la ciudad, donde habían tenido encuentros íntimos durante meses. Pensó que tal vez tenía razón; no podía arriesgarse a ser vista, especialmente después de haberle mentido a Javier. 

 Entraron a la habitación, y el corazón de Laura palpitaba aceleradamente. Era una mezcla de emociones estar de nuevo en ese lugar donde se entregó a él sin ningún pudor. 

 — ¿Pero qué haces, Alejandro? Por favor, suéltame. No quiero que me beses. Necesito que me escuches con atención… Por favor, déjame hablar. 

 — Te deseo, Laura. Quiero hacerte el amor. 

 Era evidente que Alejandro no iba a cumplir su promesa de no hacer nada. Laura intentaba esquivarlo, recordando la noche espantosa que había pasado con Javier. Alejandro comenzó a desabotonar su blusa y notó hematomas cerca de sus pechos. 

 — ¿Pero qué es esto, Laura? ¿Te lo hizo Javier? ¡Habla! 

 Laura se cubrió y abotonó su blusa con vergüenza, mientras Alejandro se quedaba en shock, sintiendo celos, coraje e impotencia. Ella se tumbó en la cama, tapándose la cara con las manos y llorando amargamente. 

 Alejandro se acercó, acariciando su espalda: 

 — Laura, por favor, necesito que me digas toda la verdad. Necesito saber qué terreno estoy pisando, especialmente ahora que vivo en la casa de ese hombre. 

 Laura se secó las lágrimas y se sentó en la cama. Alejandro le ofreció un poco de agua, tratando de calmarla. Finalmente, decidió contarle todo: 

 — Javier ya sabe de lo nuestro. 

 — ¿Qué estás diciendo? ¿Sabe que tú y yo somos amantes? 

 — Sí, lo sabe absolutamente todo. 

 — ¿Entonces sabe que ese hijo que esperas es mío? 

 — Así es, ya te dije que lo sabe todo. 

 Alejandro se puso pálido; todo el deseo y las ganas que sentía se desvanecieron en segundos al escuchar la verdad. Caminaba de un lado a otro, riendo nerviosamente y luego frunciendo el ceño, tratando de digerir la noticia. 

 — ¿Cómo es posible que ese viejo verde sepa todo? No, eso no puede ser verdad. ¿Estás diciendo esto para que te deje tranquila? 

 Ella, desesperada, le respondió entre lágrimas: 

 — ¡No, Alejandro! Lo que te digo es verdad. Javier está al tanto de lo nuestro y sabe que este hijo es tuyo. Él no me había tocado hasta anoche que decidió hacerme suya a la fuerza. 

 — ¡Es un desgraciado! ¿Qué pretende, fingir que no sabe nada? ¿Y asumir la paternidad de mi hijo? 

 — Quiere vengarse de nosotros, especialmente de mí. 

 — Esto no se va a quedar así. Voy a enfrentarlo, y no me importa contarle la verdad a Valentina y a mi madre. Tampoco me importa perder la herencia que me dejó papá. 

 — ¡No, Alejandro! No puedes hacer eso. Si le dices que sabes la verdad, me enviaría a prisión. Tendría que vivir con el odio y el rechazo de mi hija de por vida, y eso no lo voy a permitir. 

 — ¿Por qué irías a la cárcel? Eso es absurdo. 

 — Porque hace años fui yo quien empujó a Javier por las escaleras cuando intentaba abandonarlo. Fue por mi culpa que tuvo ese accidente que lo dejó incapacitado. 

 — ¿Qué has dicho? Nunca me contaste eso. ¿Por qué lo empujaste? 

 — Siempre me fue infiel y me maltrataba. Estaba cansada de sus gritos y humillaciones. Cuando descubrí que tenía una amante, decidí irme con mi hija. Durante esa discusión, él me golpeó, y en un impulso lo empujé. No quería que me pegara frente a Valentina, pero todo fue un accidente. 

 — ¿Valentina presenció todo? 

 — Sí, lo vio. Pero al final, su padre quedó incapacitado y siempre me culpó. Ella estaba muy pequeña y no comprendía lo que estaba pasando. Siempre me ha culpado del accidente de su padre. 

 — ¿Y piensa enviarte a la cárcel por eso? 

 — Me amenazó con hacerlo y contarle todo a Valentina de lo nuestro si no le seguía el juego. 

 — ¿Cómo se enteró de lo nuestro? 

 — Creo que Sandra está detrás de todo esto. Recuerda que ella te vio entrar a mi habitación el día de la boda. Y hasta puedo asegurar que nos vio haciendo el amor. 

 — Ahora lo entiendo todo. Pero, ¿qué vamos a hacer? No puedo seguir viviendo en esa casa, eso es una bomba de tiempo. 

 — No puedes decirle que sabes la verdad. Debes fingir que no sabes nada, o de lo contrario me condenarías a pasar el resto de mi vida en la cárcel y a que Valentina me odie para siempre. 

 — ¿Vas a permitir que ese hombre se quede con mi hijo dándole su apellido? 

 — ¿Y qué pretendes que hagamos? ¿Contarle a Valentina que voy a tener un hijo tuyo? Perderías la herencia, esto sería un d

esastre en donde todos saldríamos perjudicados. 

 El futuro se veía incierto, ambos se encontraban en una encrucijada donde no había ninguna salida, estaban atrapados en las manos de Javier. 

 (…) 

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