Capítulo 10 El amante de Laura

Había llegado el día de la boda de Valentina y Alejandro, Laura aun guardaba el secreto sobre su embarazo. Tenía miedo de contarle la verdad a Alejandro, porque no sabía de lo que era capaz de hacer, y no se podía arriesgar a causarle un dolor tan grande a su hija que destruyera lo que para ella era el día más importante de su vida.

 — Madre pero aun no te has vestido, falta muy poco para la boda, mi suegra me pidió que estuviéramos una hora antes en su casa. También necesito que me ayudes a ponerme el vestido. —le dijo Valentina ansiosa—¿Pero se puede saber qué te está pasando? Te estoy hablando y estás en otro mundo.

 — Sí, ya te escuché Valentina, pero no me siento bien, tengo una fuerte jaqueca y tengo muchas náuseas,

 — Sí no fueras una vieja, pensaría que estás embarazada, jejejee pero a tu edad, es o es imposible, estoy segura que debe ser la menopausia. —dijo en tono de burla.

 — ¡Ya basta Valentina! No te voy a permitir que me faltes el respeto de esa forma, además soy todavía una mujer joven a pesar de lo que pienses.

 — Bueno, solo estaba bromeando, no fue mi intención ofenderte, además hoy es el día más feliz de mi vida, por lo tanto no quiero que nada ni nadie lo empañen. Anda madre levántate y comienza a vestirte, que mientras tanto yo, le pediré a Sandra que me ayude con mi vestido, porque ya ayudó a vestir a papá.

 — ¿Cómo has dicho? ¿Tu piensas llevar a tu padre a la boda en el estado qué se encuentra? ¿Pero acaso te has vuelto loca?

 Valentina la miró sintiéndose muy ofendida con su comentario, ya que para ella era muy importante que su padre estuviera presente en su boda a pesar de que no podía entregarla a Alejandro. Pero Laura no soportaba la sola presencia de Javier, a tal punto que solo lo veía cuando era estrictamente necesario, es por esa razón que había contratado a Sandra para que se encargara de él, sin embargo, no se imaginaba que ella había sido su amante durante muchos años.

 — Solo quiero que mi padre esté presente en este momento tan importante para mi, eso es todo, al menos por hoy te pido que finjas que nada ha pasado entre ustedes, además ¿En que te puede afectar si mi padre ni siquiera puede moverse de su silla?

 — Mira Valentina, la verdad es que no quiero discutir, yo también me siento cansada de tantos problemas, y ya tengo suficiente con lo que me está pasando.

 — ¿Y se puede saber qué es lo que te pasa? ¡Ah ya se! Estás molesta porque no puedes llevar a tu amante a mi boda, ¿No es verdad?

 — ¡Cállate Valentina, nunca te pasaría por la mente lo que en verdad me está sucediendo así que por tu bien, déjame tranquila.

 — Sí, tienes razón, no sé quien es ese hombre con el que tienes una relación, pero lo único que se, es que papá no se merece que tengas un amante después de que por tu culpa se encuentra en una silla de ruedas.

 Valentina salió de la habitación y cerró la puerta de un portazo, Laura apretó los ojos y una lágrima corrió por su mejilla, rápidamente se levantó y se metió al baño para darse una ducha, no le quedaba otra alternativa que prepararse para estar presente en la boda de su hija y seguir fingiendo que nada sucedía entre ella y Alejandro.

 Faltaban pocas horas para la boda, Valentina se estaba poniendo el vestido, pero no le quedó otra alternativa que pedir ayuda a Sandra, que muy gustosa aceptó, como amaba tanto a Javier, también le tenía gran estima a Valentina, además de darle mucho pesar por la forma que la trataba su madre a la cual odiaba con toda su alma.

 Laura estaba en su habitación, había salido del baño, pero para su sorpresa se encontró al mismo Alejandro en persona dentro de la habitación. Ella enseguida se tapó con la toalla, mientras le decía asustada:

 —¿Pero se puede saber qué haces aquí y por dónde entraste? ¿Acaso te has vuelto loco?

 — Sí, estoy loco por ti, ya te lo he dicho un montón de veces, tú eres la mujer de la que estoy enamorado y no voy a renunciar a ti.

 — Dime ¿Cómo entraste? ¿Quién te abrió? ¿Alguien sabe que estás aquí.

 — Abrí con la llave que me dio Valentina, ahora que vamos a ser familia, me dijo que ya era hora de que yo tuviera una llave de la casa, así que la llamé y me aseguré de que estuviera en su habitación, abrí la puerta y entré, te juro que me aseguré de que nadie me viera.

 — Esto se está saliendo de control, no podemos continuar con esto, además deberías estar en tu casa arreglándote, la boda es dentro de unas horas.

 Laura cerró la puerta de la habitación a toda prisa, sin embargo estaba tan nerviosa que olvidó pasarle el seguro, solo quería hacer lo posible para que Alejandro se fuera de allí antes de que Valentina o alguien de la servidumbre pudieran entrar.

 Alejandro se acercó a ella tomándola por la cintura, era inevitable para Laura no sentir debilidad cada vez que él la tocaba.

 — Por favor Alejandro suéltame, tienes que salir de aquí inmediatamente, hoy te casas con mi hija, no es justo que le sigamos haciendo esto, ella no se lo merece.

 — No puedo imaginar vivir sin ti, no sentir este cuerpo desnudo que me excita y me vuelve loco, y sé que tú tampoco quieres dejar de sentirme dentro de ti.

 Le arrancó la toalla de un solo jalón, la tumbó en la cama y se abrió la cremallera mientras se quitaba el pantalón, se lanzó encima de Laura, devorándola a besos.

 No dejaba que Laura pudiera zafarse de él, mientras más intentaba quitárselo de encima, más fuerte la besaba, hasta que ella lo abrazó por su espalda dejándose llevar nuevamente por ese deseo prohibido que sentía por su futuro yerno.

 — Te voy a besar por completo hasta que sientas un profundo deseo. Voy a descender lentamente hacia tu intimidad y allí me quedaré disfrutando de cada momento. Quiero que sientas todo lo que significa estar verdaderamente conectada.

 — Sí, hazlo, mi amor. Bésame y llévame a ese lugar. Quiero sentirte cerca de mí una vez más. —susurraba Laura mientras le salía una lágrima. Sabía que estaba haciendo mal, pero al mismo tiempo no podía resistirse al deseo que sentía por Alejandro.

 Alejandro la abrazó con fuerza, mientras Laura se dejaba llevar por la pasión, moviendo su cuerpo al ritmo de él. Sin embargo, lo que había comenzado como un instante de locura y deseo pronto se tornó en una pesadilla cuando sintieron la presencia de alguien detrás de la puerta.

 Laura, alarmada, se levantó rápidamente de la cama para averiguar quién estaba allí. Al abrir la puerta, se encontró con que no había nadie, ya que la persona que había estado allí se había ido corriendo antes de que ella pudiera verla.

 — Estoy segura que sentí a alguien detrás de la puerta, ¿Te das cuenta qué pasaría si llegaron a vernos?

 — Tranquila cariño, solo son ideas tuyas porque estás demasiado nerviosa.

 — Esto no puede seguir pasando Alejandro, hoy te casas con mi hija y acabamos de hacer el amor. Soy un moustro como madre. —decía llorando desesperada llevándose las manos a la cabeza.

 — Laura, no te pongas así, yo también me siento mal, pero éste matrimonio es necesario para mi, se que suena horrible, pero yo necesito casarme con Valentina para que mi padre me deje su herencia.

 — Ya vete Alejandro, por favor termina de irte antes de que mi hija se de cuenta de que estas aquí.

 — Está bien, no te preocupes me iré de la misma forma que entré, sin que nadie se de cuenta.

 Cuando Alejandro estaba a punto de salir de la habitación, Laura sintió la necesidad de preguntarle algo que hace tiempo quería saber y no se atrevía.

 — ¡Alejandro espera!

 — ¿Qué pasa?

 — ¿Haz hecho el amor con mi hija?

 Alejandro la miró con ternura mientras se acercó de nuevo a ella, y mirándola a los ojos le dijo:

 — Sinceramente…. No, no he tocado a Valentina. Lo nuestro ha sido demasiado pronto, y solo nos comprometimos, pero jamás le hecho el amor.

 Laura sintió una sensación de alivio a pesar de saber que tarde o temprano eso iba a pasar entre ambos, y ya había llegado el día de la boda y era lógico que tuvieran su primera noche juntos.

 — Gracias por decírmelo, pero hoy será la última vez que haces el amor conmigo, a partir de ahora Valentina será tu esposa, y lo nuestro tiene que terminar aquí en estas cuatro paredes que han sido testigo de esta última vez.

 Alejandro salió de la habitación sin decir una sola palabra, bajó las escaleras a toda prisa y antes de salir de la casa miró a su alrededor percatándose de que no hubiera alguien cerca, abrió la puerta y se fue rumbo a su casa para prepararse para la boda.

 Sin embargo, a pesar de creer que nadie lo había visto salir de la habitación de Laura, sí había alguien detrás de la puerta como ella lo sospechaba, y esa persona se quedó observando como Alejandro salía de la casa como un vulgar ladrón.

 “Lo veo y no lo puedo creer, Laura eres una zorra, eres la amate del prometido de tu hija”

 Dijo Sandra mientras observaba a través de la ventana como se marchaba Alejandro a toda prisa.

 (…)

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