El camino que conocía
ya no brilla bajo mis pies,
sus curvas se han vuelto pesadas,
su destino, un sueño que se esfumó y se fue.
Las señales del viento susurran
nuevos caminos entre la hierba alta,
el sol dibuja senderos nuevos
donde antes solo había sombra y salta.
No es fácil dejar lo conocido,
soltar las manos que nos sostuvieron,
pero el corazón late más fuerte
hacia horizontes que aún no hemos visto.
Giro la brújula de mi alma,
siguiendo la luz que en mí habita,
cada paso es un nuevo aliento,
cada paso, un puente que se edifica.
Ya no miedo a perder el rumbo,
porque ahora sé que el verdadero norte
no está en el mapa de los demás,
sino en el fuego que en mi pecho se lleva.


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