Atapuerca, la ventana a la prehistoria europea.

A inicios del siglo XX, durante la construcción del ferrocarril que atravesaría la Sierra de Atapuerca en Burgos, España, se descubrieron cavidades que contenían indicios de ocupación humana. Sin embargo, no fue hasta la década de 1960 cuando se iniciaron excavaciones arqueológicas formales, y en 1978 se hallaron restos de especies homínidas en lugares como la Sima del Elefante y la Sima de los Huesos. Entre los descubrimientos se encuentran fósiles de Homo heidelbergensis, neandertales, Homo sapiens y una de las especies más polémicas, el Homo antecessor.

Los investigadores plantean que la migración de los homínidos desde África comenzó hace unos 1,8 millones de años, posiblemente a través de la península del Sinaí o el estrecho de Adén, de donde se expandieron hacia el Medio Oriente, Asia y Europa. El hallazgo del Homo georgicus en Dmanisi, derivado del Homo erectus, apoya esta teoría. Se considera que los homínidos llegaron a Europa por Anatolia o las estepas orientales, aunque se ha sugerido la posibilidad de una llegada a través del estrecho de Gibraltar hacia la península ibérica. Sin embargo, no hay evidencia clara que sustente esta ruta, y las fuertes corrientes del estrecho habrían dificultado la navegación primitiva. Por ahora, las evidencias más tempranas de ocupación en la península ibérica se sitúan en torno a los 1,4 millones de años.

Durante el Cuaternario, la península ibérica ya presentaba el característico clima mediterráneo, con estaciones áridas pero mayor humedad que en la actualidad. Los inviernos eran fríos, como los de hoy en día, pero con niveles de precipitación casi el doble de los actuales. El paisaje alternaba entre prados, bosques de hojas caducas y bosques de pino, proporcionando una diversidad de ecosistemas.

Los primeros homínidos que habitaron la región compartían su entorno con una variada fauna de grandes mamíferos. Cerca de los cuerpos de agua se encontraban elefantes, pigargos, hipopótamos, castores y nutrias, mientras que en las zonas más abiertas convivían con jabalíes, caballos, rinocerontes, bisontes y ciervos gigantes. Además, tenían que cuidarse de los grandes depredadores, como hienas, lobos, linces, jaguares europeos, osos y los temibles tigres dientes de sable.

La expansión de los homínidos pudo estar relacionada con cambios en las poblaciones animales. Se especula que un aumento de especies de talla media, como los cérvidos y caballos, junto con la desaparición de algunos grandes depredadores, como las hienas gigantes, favoreció un ambiente propicio para los homínidos. Esto habría incentivado el desarrollo de tecnologías líticas más sofisticadas, especializadas para la caza, facilitando así la proliferación de las poblaciones de homínidos en Europa.

Uno de los hallazgos más importantes en el estudio de los homínidos fue en Gran Dolina, un yacimiento cercano a Atapuerca. En este sitio se descubrieron fósiles de Homo antecessor, una especie que muestra características tanto primitivas como modernas. Los restos presentan algunos rasgos simiescos, como una cara ligeramente proyectada hacia adelante, pero también se observa una tendencia hacia una estructura facial más plana. Una característica importante es la ausencia de mentón, lo que los diferencia de los humanos modernos.

Los estudios sugieren que el Homo antecessor podría haber evolucionado a partir de poblaciones de Homo erectus en Asia y África. Estos homínidos tenían una altura estimada de entre 1.65 y 1.80 metros, y su peso oscilaba entre 60 y 90 kilos. Aunque poseían un tórax ancho que les daba una complexión robusta, las proporciones de sus brazos y piernas eran similares a las de los humanos actuales. Sin embargo, existían pequeñas diferencias en la constitución de sus manos y pies.

El estilo de vida del Homo antecessor parece haber sido nómada, organizándose en bandas de aproximadamente una decena de individuos. Se movían de un lugar a otro según las estaciones del año o los movimientos de sus presas, y habitaban en campamentos temporales o en cuevas. Aunque no hay evidencia clara de que usaran el fuego, los restos encontrados en Gran Dolina muestran que desarrollaron herramientas líticas para la caza, lo que demuestra su capacidad creativa y su eficiencia como cazadores.

Las evidencias fósiles encontradas en Atapuerca revelan que el Homo antecessor probablemente tenía una esperanza de vida de alrededor de 20 años, con restos de individuos que llegaron a vivir hasta los 35 o 40 años como máximo. Sin embargo, lo más destacado de los hallazgos en el yacimiento es la gran cantidad de restos de al menos nueve individuos, la mayoría de ellos jóvenes, con edades que oscilan entre los 3 y los 17 años. Estos restos presentan un notable desgaste, lo que sugiere que llevaban un estilo de vida muy exigente físicamente.

Lo sorprendente es que los fósiles muestran claras marcas de cortes hechos con herramientas de piedra, lo que indica que los cuerpos fueron despellejados y descarnados para ser consumidos. Se han encontrado incluso dientes de otros individuos mezclados con los restos, lo que refuerza la idea de que practicaban canibalismo. Además, algunos huesos fueron rotos para extraer el tuétano, y los cráneos fueron quebrados para acceder al cerebro.

Lo más intrigante es que estos restos se encontraron en diferentes estratos del suelo en el mismo sitio, lo que sugiere que el canibalismo no fue un acto aislado motivado por la necesidad o el hambre, sino una práctica cultural recurrente. Esto se refuerza con las reconstrucciones paleoambientales, que muestran que los Homo antecessor siempre tuvieron abundancia de alimentos en su entorno, lo que indica que este comportamiento formaba parte de su cultura y no de una respuesta a la escasez.

La presencia de restos de jóvenes en Gran Dolina podría sugerir que el canibalismo entre los Homo antecessor se asemejaba a comportamientos observados en los chimpancés, donde este acto ocurre en contextos de abundancia alimentaria. En estos casos, las incursiones en otros territorios pueden resultar en la captura de individuos más vulnerables, como los jóvenes, que son luego asesinados y sus restos compartidos entre los miembros del grupo.

Esta práctica canibalista también se evidencia en sus descendientes, como el Homo heidelbergensis, los neandertales y los Homo sapiens, quienes aumentaron la complejidad del canibalismo al otorgarle significados rituales, como duelo y respeto, o vinculándolo a actos de guerra. En particular, los humanos modernos tienden a dotar al canibalismo de un simbolismo ritual más marcado.

Por otro lado, la ausencia de restos del Homo antecessor datados entre 700,000 y 600,000 años plantea interrogantes sobre su destino. Se desconoce cómo reaccionaron a las nuevas migraciones homínidas, como las de los Homo rhodesiensis o los Homo heidelbergensis. Las investigaciones futuras serán cruciales para entender si existe alguna conexión entre ellos y los humanos actuales, así como para esclarecer su papel en la evolución humana.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Antonio Rodríguez-Hidalgo. Atapuerca, los primeros pobladores europeos, de la revista Historia National Geographic no. 218.

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Imagen: Tomadas del blog Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/atatpuerca-hominido-europeo-mas-antiguo_7021

Izquierda: Reconstrucción de un joven Homo antecessor.

Derecha: Cráneo número 5 de la Sima de los Huesos, bautizado por sus descubridores como “Miguelón”.

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